El libro de Apocalipsis – Capitulo 1

El libro de Apocalipsis – Capitulo 1

image_pdfimage_print

La revelación de Jesucristo

El libro de Apocalipsis, capítulo 1, se presenta como “La revelación de Jesucristo”, un mensaje que Dios entrega con el propósito de manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto. Esta revelación es enviada a través de un ángel a su siervo Juan, quien ya había dado testimonio de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo. Juan es el testigo de lo que ha visto y, por ello, se considera bienaventurado aquel que lea y escuche las palabras de esta profecía, y que además guarde lo que en ella está escrito. El énfasis en la cercanía del tiempo se hace evidente al dirigirse a las siete iglesias que se encuentran en Asia, señalando la urgencia y la importancia de prestar atención a este mensaje divino. La bienaventuranza no solo se limita a la lectura, sino que se extiende a la obediencia, al guardar las enseñanzas reveladas, resaltando así la necesidad de vivir conforme a la revelación de Jesucristo.

Salutaciones a las siete iglesias

En las salutaciones a las siete iglesias, se transmite un saludo de gracia y paz de parte de Dios, descrito como el que es, el que era y el que ha de venir, junto con los siete espíritus que están delante de su trono. Además, se presenta a Jesucristo como el testigo fiel y el primogénito de los muertos, y como el soberano de los reyes de la tierra. Se afirma que Él nos llamó, nos lavó de nuestros pecados con su sangre y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, a quien se le da gloria e imperio por los siglos de los siglos. También se menciona que Jesucristo vendrá con las nubes y que todo ojo le verá; incluso aquellos que lo traspasaron y todos los linajes de la tierra harán lamentación por Él. Se reafirma su identidad como el Alfa y la Omega, el principio y el fin, destacando su autoridad absoluta sobre la historia y la humanidad. El texto subraya la grandeza de Dios, llamándolo Todopoderoso y enfatizando su poder y autoridad, y concluye con la afirmación de que a Él corresponde toda gloria e imperio por siempre.

Una visión del Hijo del Hombre

Juan se identifica como hermano y copartícipe en la tribulación, el reino y la paciencia de Jesucristo. Se encontraba en la isla de Patmos debido a la palabra de Dios y al testimonio de Jesucristo. Durante el día del Señor, Juan experimentó una visión espiritual y escuchó una voz poderosa, semejante a una trompeta, que le proclamó: “yo soy el alfa y la omega, el primero y el último”. La voz le ordenó escribir en un libro lo que veía y enviarlo a las siete iglesias de Asia. Juan obedeció y se le indicó que el mensaje debía llegar a las iglesias de Éfeso, Esmirna, Bérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea. Al volverse para ver la fuente de la voz, Juan observó siete candeleros de oro y, en medio de ellos, a alguien semejante al Hijo del Hombre, vestido con una ropa que llegaba hasta los pies y ceñido con un cinto de oro. La visión describe al Hijo del Hombre con una apariencia imponente: cabeza y cabellos blancos como lana, ojos como llama de fuego, pies semejantes al bronce bruñido y una voz semejante al estruendo de muchas aguas. En su mano derecha sostenía siete estrellas, y de su boca salía una espada aguda de dos filos. Ante esta visión, Juan cayó como muerto, pero el Hijo del Hombre lo tranquilizó diciéndole que no temiera, pues Él es el primero y el último, el que vive y estuvo muerto, pero ahora vive por los siglos de los siglos. Finalmente, le instruyó a escribir las cosas que había visto, las que son y las que deben suceder después, explicando que las siete estrellas representan a los ángeles de las siete iglesias y que los siete candeleros de oro simbolizan a las siete iglesias mismas.

Visited 49 times, 1 visit(s) today

Quizás te puede interesar estos videos