Las Quejas: ¿Qué nos Enseña Jonás? – Miguel Díez
Miguel Díez – Las Canarias – 22 de febrero 2026
Vivimos en un mundo egoísta, en el que nadie quiere sufrir y todos buscan solo disfrutar. Desde niños caprichosos hasta adultos quejicas, nos quejamos ante cualquier dificultad, sin sufrir por nada ni nadie. La queja se ha vuelto un hábito que nubla nuestro corazón y nos aleja del propósito de Dios.
Incluso los profetas podían caer en la queja. Jonás, por ejemplo, se rebeló contra Dios y se quejó de su llamado a predicar a los perdidos. Era un señorito religioso, se creía superior y despreciaba a los pecadores. No quería ir porque sabía que Dios iba a perdonarles. Así, el egoísta nunca puede ser instrumento de bendición hasta que permita que Dios transforme su corazón.
Jonás intentó huir de la presencia de Dios y se quedó dormido mientras la tormenta amenazaba con hundir el barco. Solo cuando reconoce que él es la causa, se entrega y es tragado por un gran pez. Dios lo quebranta, lo lleva al punto de donde había retrocedido y le enseña que siempre hay oportunidad de arrepentimiento y restauración.
Jonás 4:1
“Pero Jonás se apesadumbró en extremo, y se enojó. Y oró a Jehová y dijo: Ahora, oh Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? Por eso me apresuré a huir a Tarsis; porque sabía yo que Tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal. Ahora pues, oh Jehová, te ruego que me quites la vida; porque mejor me es la muerte que la vida.”
El Espíritu Quejica y la Misericordia de Dios
Aun después de ser restaurado, Jonás no se libera de su espíritu quejica. Predica a Nínive y luego se pone a descansar. Dios hace crecer una calabacera que le da sombra, pero Jonás, como señorito comodón, se queja. Se apesadumbra y desea la muerte porque Dios muestra misericordia a la ciudad.
Esta historia nos enseña que no podemos buscar solo nuestro confort espiritual. Dios quiere que actuemos, que sirvamos y que amemos a los demás. El egoísta se preocupa por sí mismo; el discípulo se preocupa por la obra de Dios y por el prójimo.
Jonás 4:4
“Y Jehová le dijo: ¿Haces tú bien en enojarte tanto?”
Jonás 4:6-11
“Y preparó Jehová Dios una calabacera, la cual creció sobre Jonás para que hiciese sombra sobre su cabeza, y le librase de su malestar; y Jonás se alegró grandemente por la calabacera. Pero al venir el alba del día siguiente, preparó Dios un gusano, el cual hirió la calabacera, y se secó. Y aconteció que al salir el sol, preparó Dios un recio viento solano, y el sol hirió a Jonás en la cabeza, y se desmayaba, y deseaba la muerte, diciendo: Mejor sería para mí la muerte que la vida. Entonces dijo Dios a Jonás: ¿Tanto te enojas por la calabacera? Y él respondió: Mucho me enojo, hasta la muerte. Y dijo Jehová: Tuviste lástima de la calabacera, en la cual no trabajaste, ni tú la hiciste crecer; que en espacio de una noche nació, y en espacio de otra noche pereció. ¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales?”

Quejas Justas y Quejas Egoístas
No toda queja es mala. Las quejas egoístas nacen del orgullo, la comodidad y el ego; las quejas justas surgen contra la injusticia, los malignos y la opresión. Dios quiere que aprendamos a presentar nuestras quejas ante Él, con humildad y gratitud.
Cuando nos quejamos por injusticia, podemos confiar en que Dios escucha y actúa. Él nos llama a obedecer, a ser instrumentos de bendición y a servir a los demás con un corazón dispuesto.
Números 17:5
“Y las pondrás en el tabernáculo de reunión delante del testimonio, donde yo me manifestaré a vosotros. Y florecerá la vara del varón que yo escoja, y hará cesar de delante de mí las quejas de los hijos de Israel con que murmuran contra vosotros.”
Hebreos 13:17
“Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso.”
Salmo 64:1-10
“Escucha, oh Dios, la voz de mi queja; guarda mi vida del temor del enemigo. Escóndeme del consejo secreto de los malignos, de la conspiración de los que hacen iniquidad; que afilan como espada su lengua; lanzan cual saeta suya palabra amarga, para asaetear a escondidas al íntegro; de repente lo asaetean, y no temen. Obstinados en su inicuo designio, tratan de esconder los lazos, y dicen: ¿Quién los ha de ver? Inquieren iniquidades, hacen una investigación exacta; y el íntimo pensamiento de cada uno de ellos, así como su corazón, es profundo. Mas Dios los herirá con saeta; de repente serán sus plagas. Sus propias lenguas los harán caer; se espantarán todos los que los vean. Entonces temerán todos los hombres, y anunciarán la obra de Dios, y entenderán sus hechos. Se alegrará el justo en Jehová, y se gloriará todo recto de corazón.”
Habacuc 2:1-4
“Sobre mi guarda estaré, y sobre la fortaleza afirmaré el pie, y velaré para ver lo que se me dirá y qué he de responder tocante a mi queja. Y Jehová me respondió, y dijo: Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella. Aunque la visión tardará aún por un tiempo, espérala; porque sin duda vendrá, no tardará. He aquí aquel cuya alma no es recta se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá.”
El Llamado al Servicio
El Señor no nos llama solo a creer; nos llama a servir. Ser discípulo significa sacrificio, esfuerzo y entrega diaria. Debemos presentar nuestro cuerpo como sacrificio vivo cada día, morir al mundo y al ego, y recibir la vida de Cristo.
Colosenses 3:12-14
“Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.”
Cada día es una oportunidad para ser instrumento de bendición, llevar la voluntad de Dios a los demás y manifestar su amor en acción. No podemos ser creyentes pasivos; debemos estar dispuestos a dar nuestra vida en servicio, reflejando el amor de Cristo.
Oración de Consagración
Señor, no quiero ser un señorito cómodo. Quiero ser un discípulo consagrado para servirte. Enciende en mí el fuego de tu amor y que a través de mí, tu voluntad haga mucho bien. Hazme instrumento de tu misericordia y guía mis pasos para que cada día pueda reflejar tu amor y obedecer tu llamado.
Salmo 142:2-7
“Con mi voz clamaré a Jehová; delante de Él manifestaré mi angustia. Cuando mi espíritu se angustiaba dentro de mí, Tú conociste mi senda. En el camino en que andaba, me escondieron lazo. Mira a mi diestra y observa, pues no hay quien me quiera conocer; no tengo refugio, ni hay quien cuide de mi vida. Clamé a ti, oh Jehová; dije: Tú eres mi esperanza, y mi porción en la tierra de los vivientes. Escucha mi clamor, porque estoy muy afligido. Líbrame de los que me persiguen, porque son más fuertes que yo. Saca mi alma de la cárcel, para que alabe tu nombre. Me rodearán los justos, porque Tú me serás propicio.”

Miguel Díez es presidente de la ONG Remar en 68 países y fundador de la iglesia Cuerpo de Cristo.

