La llave para la oración eficaz // Miguel Díez

Si queremos mantener la comunión con nuestro Salvador, es indispensable que exista un diálogo fluido con Él, para que se produzca la ósmosis del amor entre ambos, mediante una compenetración perfecta, por la comunicación, como un boca a boca continuo, que funde los dos alientos en uno solo: Esto es la oración.

Salmo 34:10: “Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; Pero los que buscan a Jehová no tendrán
falta de ningún bien.”

Orar es trasmitir a Dios los latidos de nuestro corazón, pero a la máxima potencia, y recibir de Él oleadas amorosas que sacian nuestra sed.

La oración es el reconocimiento, merecido y anhelado por un padre perfecto, que le hace un hijo profundamente agradecido.

Orar es como rasgar los cielos, con lágrimas, suspiros, gritos y gemidos indecibles, uniéndonos a Cristo, en su intercesión compasiva por las almas, presentándole al Padre sus llagas meritorias, para que destruya los planes diabólicos celestes, que constantemente maquina el maligno contra la Humanidad.

La oración es un generador de fuerzas divinas, tan potentes que anulan a todas las establecidas, dejándolas como endebles mecanismos, como cosquillas energéticas, rompiendo todo yugo de la ciencia humana terrenal, liberándonos para vivir en la dimensión de Dios.

Orar puede llegar a ser, para nuestra vida terrenal, el mayor placer, el éxtasis del deleite, la contemplación de la gloria inefable de Dios, la percepción de la santidad, de la perfección divina, como si cada poro de nuestra piel la absorbiera, en un baño celestial, con inundación total de nuestro ser, de cataratas de gozo puro.

Juan 16:24: “Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea
cumplido.”

Orar es tan vital para nosotros como lo es el respirar, que resulta indispensable para conformar todo pensamiento, palabra o acción, a la voluntad perfecta de Dios. Por lo tanto, orar es necesariamente una llave insustituible, para abrir cualquier puerta o cerrarla, una de las maestras, obligando a todas las demás a depender de ella para cumplir sus objetivos y, en particular, para conseguir la provisión económica.

Mateo 7:7-11: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo
malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará
buenas cosas a los que le pidan?”

Es esta una hermosa regla de oro que nos enseña el Maestro perfecto, para estimularnos a orar confiadamente, a nuestro Padre celestial, con las tres expresiones más prácticas de la Oración: Pedir, buscar y llamar.

No es vergonzoso pedir, si pedimos correctamente, en justicia, sin egoísmo, por amor a Dios y al prójimo, por pasión de extender su reino.

Santiago 4:2-3: “Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis,
pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.”

Todos los siervos del Señor han hecho, y hacen siempre, peticiones y súplicas a Dios, y el mismo Jesucristo lo hizo, y lo sigue haciendo cada día, a la diestra del Padre, como intercesor perfecto, presentándole necesidades espirituales y materiales, como lo hacen, con toda naturalidad, los niños con sus padres.

Proverbios 10:22: “La bendición de Jehová es la que enriquece, Y no añade tristeza con ella.”

Todas las riquezas nos llegan a través de la bendición de Dios.

Habíamos vendido nuestro primer canal de T.V. en Madrid, a un ministerio americano, y el dinero de la venta ya había sido distribuido, a las misiones y a diferentes proyectos, como todo lo que entra en el alfolí de Remar, que difícilmente está quieto más de un día; de nuevo estábamos hasta el cuello, en dificultades económicas, pues nos tuvimos que embarcar en una inversión mucho mayor, para tener otro canal, pero con el edificio en propiedad, para afirmar el ministerio y no meter el dinero, de las obras de adaptación y de alquileres abusivos, en bolsillos materialistas. Teníamos bien claro que Dios estaba involucrado con nosotros, en todo el asunto, pero la situación apretaba hasta casi ahogarnos.

En ese mismo tiempo, el canal que vendimos hacía su maratón, de recaudación de fondos, machacando durante 15 días a la audiencia con peticiones y dando promesas espirituales a cambio, consiguiendo una recaudación de cuatro millones de pesetas.

Aunque nosotros estábamos dispuestos a quebrar económicamente, antes que caer en la tentación de hacer maratones, pues sabíamos que eso es un tropiezo grave para la mentalidad europea, y también menoscabaría la fe en la provisión directa de Javeh Jireh, por lo que sería doble ofensa al Señor, me entró como una raíz de amargura, al ver cuán fácilmente habían recogido dinero en el otro canal cristiano, mientras nosotros las pasábamos moradas y sin señales de Dios. Enseguida el Espíritu Santo me edarguyó de pecado y pedí perdón al Señor por mi debilidad y fui renovado, al oír la voz de Dios que me decía, muy dentro de mí: ¿Te he defraudado alguna vez? ¿Te faltó algo sirviéndome? El no de mi respuesta, conllevó también un sí, amén a sus promesas, una afirmación de más confianza en la provisión personal de Dios.

El milagro económico

Pasados unos días, un hombre me llamó por teléfono y me dijo: Quiero hacer tesoros en el reino de los cielos, ¿Me puede acompañar mañana a mi banco? Tenía el día siguiente comprometido y le contesté: personalmente no puedo ir, porque tengo varios compromisos, pero mi secretario está a su disposición y le dará el correspondiente justificante de su aportación.

Al día siguiente, me llama el secretario para decirme que la cantidad donada por este hombre, tocado por el dedo de Dios, era de cuatro millones de pesetas. Rápidamente comprendí el porqué de la coincidencia, con la cifra de la recaudación del maratón de la otra televisión, dejándome bien claro esta señal, que todo el esfuerzo, intenso y pesado, de quince días maratonianos, dio el mismo resultado que un instante de gracia divina, aunque con muy diferente testimonio.

Lucas 18:1-8: “También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar,
diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre,sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia. Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto.¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”

La importancia de la oración

Jesús nos da esta parábola como ejemplo, para que entendamos la necesidad que tenemos de orar siempre, como dice Pablo a los Tesalonicenses: Orar sin cesar. Esto es como decir que hay que orar para todo, constantemente, antes, después y durante cada situación o asunto. El Señor nos da, en este pasaje bíblico, total garantía de la justa respuesta del Padre perfecto a sus escogidos, a sus hijos, si oran insistentemente, demostrando, con ello, que dan suficiente importancia a sus peticiones.

Salmo 123:2: “He aquí, como los ojos de los siervos miran a la mano de sus señores, Y como los ojos de la
sierva a la mano de su señora, Así nuestros ojos miran a Jehová nuestro Dios, Hasta que tenga misericordia de nosotros.”

Pedir a los hombres después de pedir a Dios

El ayuntamiento de una población, dónde estábamos realizando una obra social impactante y altamente beneficiosa para la municipalidad, se negaba a ayudarnos, ni en lo más mínimo. Pusimos en práctica esta enseñanza de perseverancia, hasta la impertinencia, en orar al Padre, pidiéndole justicia en el asunto y en
visitar al ayuntamiento cada día, solicitando audiencia con el alcalde, hasta plantarme delante de su despacho y quedarme horas esperando en su puerta, demostrando la irrevocable decisión de no volver atrás, hasta no ser escuchado y considerado en mi justa petición. Con esta inoportunidad insoportable, con el derecho a presentar una petición justa y con el respaldo de Dios, ¿Quién se resistirá?

Así, conseguimos que nos cediera, por diez años, una propiedad, que resultó ser una mina de provisión económica para Remar, pues tenía máxima idoneidad para una chatarrería y desguace, amén de los muchísimos contactos comerciales y trabajos que nos proporcionó, y de la preciosa obra de rehabilitación de miles de jóvenes, que disfrutaron su estancia en ella, destrozando vehículos, mientras avanzaban en el conocimiento de Dios.

Juan 14:13: “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.”

Repetimos el experimento con la Diputación de la misma provincia, que tenía grandes presupuestos para obras sociales, pero siempre rechazaba nuestras peticiones de ayuda. En esta ocasión, teniendo ya más experiencia, el acoso fue más breve y pronto conseguimos, como resultado victorioso, la cesión de tres casas grandes, dos de ellas tipo chalet, por diez años, que ya se han renovado por otros diez, una finca de cultivo, de trece hectáreas de buena tierra, por el mismo período, y subvenciones anuales de varios millones, durante varios años.

¿Cuánto ahorro nos han supuesto estas propiedades, durante los 15 años que ya llevamos usándolas? Si hubiéramos tenido que pagar alquileres por ellas, como nos sucede con muchas otras, pasarían de los cien millones de pesetas, lo que tendríamos que haber gastado, mermando, en esa misma cantidad, el desarrollo de la obra.

Juan 15:16: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.”

Una lista interminable de ayudas, como asfaltados costosísimos de caminos intransitables, por haber comprado propiedades baratas, en lugares apartados, instalaciones de transformadores y de líneas de luz, alcantarillados y conducciones de agua, así como de prospecciones de pozos acuíferos, con sus bombas, por las mismas razones, de instalarnos en extrarradios, son algunas de las muchas provisiones que nos descienden de lo alto, como respuesta del Proveedor a las oraciones confiadas y humildes de sus pequeños.

Juan 15:7: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y
os será hecho.”

Alimentos, ropa, maquinaria, herramientas y material de todo tipo, por miles de toneladas, son traídos del mundo gentil e incrédulo, para edificar la nación santa, el pueblo escogido, la iglesia de Cristo, como Salomón tomaba de Hirám, de Tiro (hoy Siria), todo lo que necesitaba para construir el templo de Jerusalén, a cambio de comida, que es lo que nosotros damos, principalmente, al mundo: comida celestial, pan de vida, cordero santo de Dios, verbo eterno, es decir, a Jesucristo.

Esdras 7:6: “Este Esdras subió de Babilonia. Era escriba diligente en la ley de Moisés, que Jehová Dios
de Israel había dado; y le concedió el rey todo lo que pidió, porqque la mano de Jehová su Dios estaba sobre Esdras.”

Pedir a los hombres, en el nombre del que nos da toda bendición, ya sea a reyes o a políticos gobernantes, empresarios o instituciones, es la ejecución final de haber usado la llave de oración a Javeh Jireh, es la toma de posesión de lo concedido en el trono de la gracia. Así, estamos alcanzando provisiones extraordinarias de subvenciones, ofrendas, apadrinamientos de niños y de proyectos, cesiones etc… que se cuantifican en cifras cada vez más importantes.

Romanos 8:26: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir
como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.”

Para orar acertadamente, primero hemos de pedir al Señor nos dirija en la oración, que nos enseñe cómo y qué orar, en la humildad de reconocer nuestra debilidad, en la falta de fe y en la ignorancia.

Efesios 6:18: “Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con
toda perseverancia y súplica por todos los santo.”

Moviendo siempre esta preciosa llave, con los labios enamorados del Hacedor, a los que unimos nuestra lengua, ardiendo de pasión por Dios y su obra, abriremos tantas puertas que tendremos gran dificultad para traspasarlas todas, si no tenemos suficientes mensajeros para enviar a tomarlas.

Cantares 1:12: “Mientras el rey estaba en su reclinatorio, Mi nardo dio su olor.”

Que nunca usemos esta llave sin armonizar con Cristo, en perfecta unidad, arrodillados con Él delante del Padre, para que salga de nuestro corazón olor fragante hacia Dios, incienso santo de oración, que le regocije y conmueva, para que desnude su brazo poderoso y demuestre su fuerza, haciendo sus maravillas y prodigios, a favor de su débil pueblo y contra todos sus enemigos.

Salmo 2:8: “Pídeme, y te daré por herencia las naciones, Y como posesión tuya los confines de la tierra.”

No hay límites para Dios, ni tampoco para sus hijos, si usamos correctamente esta llave de nuestra boca, la oración, dirigida por el Espíritu Santo, pero siempre dándole toda la gloria a Aquel que venció, totalmente, al pecado, al mundo, a la ley, y a todos los ejércitos malignos juntos: Nuestro Señor Jesucristo.

Efesios 3:20-21: “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de
lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.”

Pidiendo sabiduría a Dios

Orar para recibir sabiduría de lo alto, para administrar, negociar, dirigir, etc…, para que se multiplique la economía y sea bien utilizada, como hizo Salomón, al tener que gobernar un pueblo tan numeroso y tan difícil.

1ª Reyes 3:9: “Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo
bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande?”

Así agradó a Dios, quien le respondió concediéndole esta gracia junto con todas las demás, por comprobar que en el corazón de Salomón no había codicia personal, no buscaba lo suyo, sino el bien de los ciudadanos de su reino, con profundo temor de Dios, pues se trataba nada menos que del santo pueblo apartado por Él y para Él.

1º Reyes 3:10-13: “Y agradó delante del Señor que Salomón pidiese esto. Y le dijo Dios: Porque has
demandado esto, y no pediste para ti muchos días, ni pediste para ti riquezas, ni pediste la vida de tus
enemigos, sino que demandaste para ti inteligencia para oír juicio, he aquí lo he hecho conforme a tus
palabras; he aquí que te he dado corazón sabio y entendido, tanto que no ha habido antes de ti otro
como tú, ni después de ti se levantará otro como tú. Y aun también te he dado las cosas que no pediste,
riquezas y gloria, de tal manera que entre los reyes ninguno haya como tú en todos tus días.”

Como comprobaremos en este libro, la sabiduría es llave trascendental para recibir, administrar y multiplicar las riquezas, tanto terrenales como celestiales, por lo que hemos de orar a nuestro Padre Omnisciente para que nos la conceda ampliamente, como hizo con Salomón.

Santiago 1:5: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos
abundantemente y sin reproche, y le será dada.”

Buscando revelación divina

Orar para recibir visión, revelación divina, para tomar las decisiones correctas, que nos llevarán al éxito de Dios y para librarnos de aquellas que, siendo carnales, terrenales y diabólicas, nos arrastrarían a la ruina económica, moral y espiritual.

2º Crónicas 26:5: “Y persistió en buscar a Dios en los días de Zacarías, entendido en visiones de Dios; y en
estos días en que buscó a Jehová, él le prosperó.”

El rey Uzías es el que más tiempo reinó sobre Judá, cincuenta y dos años, y su reinado estuvo coronado de victorias, éxitos y abundancia, aunque al final de su vida se llenó de soberbia y acabó muriendo leproso.

Cuando Eliseo se encontró rodeado de un ejército de sirios, que venían furiosos a prenderle, porque desbarataba todos sus planes de conquistar a Israel, revelando proféticamente todas sus estrategias a los israelitas y librándoles siempre de esta manera, su criado se aterrorizó, y Elías le tranquilizó diciéndole:

2º Reyes 6:16: “Él le dijo: No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están
con ellos.”

Esta es la declaración de fe que hemos de hacer a cada instante, en nuestras batallas diarias, en nuestras dificultades, especialmente cuando tenemos la certeza de que: “Si Dios es con nosotros, ¿Quién contra nosotros?”

Si el Amo absoluto comparte su existir eterno con sus hijos, ¿Quién se les opondrá? El que se enfrente contra ellos, tendrá que vérselas con Él. Después, Eliseo oró para que le fueran abiertos los ojos a su criado y pudiera ver físicamente, lo que nunca consiguió visionar espiritualmente, por falta de fe.

2º Reyes 6:17: “Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces
Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo.”

Oremos para que nos sean abiertos los ojos del alma, del espíritu, por la fe, y podamos ver la realidad, que no es virtual ni aparente, sino existencial, del mundo espiritual, que es el auténtico, el que domina, el que perdura desde siempre y hacia la eternidad, que es el cielo donde habita el altísimo y desde el cual reina sobre todo.

Orando para recibir la provisión

Una vez que tenemos la visión del plan de Dios, por la fe, hemos de orar por la provisión, que consiste en pedirle, a Javeh Jireh, todo aquello que es necesario para el buen cumplimiento de dicha visión, tanto material como intelectual o espiritual, como respuesta justa, lógica y necesaria, a la misión que nos encomienda el Todopoderoso, al concedernos tal revelación celestial.

Job 22:23-25: “Si te volvieres al Omnipotente, serás edificado; Alejarás de tu tienda la aflicción; Tendrás
más oro que tierra, Y como piedras de arroyos oro de Ofir; El Todopoderoso será tu defensa, Y tendrás plata en abundancia.”

Provisión significa: en favor de la visión. Es más que comprensible confiar que, si Dios nos envía en su nombre, lo haga agraciándonos suficientemente, o lo que es lo mismo, equipándonos para lograr el éxito de su encargo.

Salmo 81:10: “Yo soy Jehová tu Dios, Que te hice subir
de la tierra de Egipto; Abre tu boca, y yo la llenaré.”

Si oramos, como hacen los pajarillos recién nacidos, con sus padres, teniendo el pico abierto, en constante grito de auxilio, y para no perder la oportunidad, cuando llega el progenitor a meter en su boca el ansiado alimento, pues todavía están ciegos, ¿Cuánto más llenará nuestras bocas, de todo cuanto pedimos y necesitamos, nuestro Creador y Padre Perfecto, si las abrimos así?

Orar para pedir obreros

Oremos al Padre de la mies, en obediencia a Cristo, para que envíe obreros, y por medio de ellos potencie la proclamación del evangelio del reino, glorificando a Jesucristo que desea hacerlos fructificar abundantemente, para multiplicación de los hijos de su familia.

Si aumentan los obreros, esforzados y valientes, aumentan, en proporción geométrica, las provisiones. Si hay más vasijas vacías, se multiplica el aceite hasta llenarlas; si cesan las vasijas, cesa el aceite. Los trabajadores producen economía, por naturaleza, pero con mucha más rentabilidad si no tienen problemas financieros, y los obreros del reino tienen a su disposición todo el capital de Dios, para apadrinar todos los proyectos santos.

Salmos 110:3: “Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder, En la hermosura de la santidad. Desde el seno de la aurora. Tienes tú el rocío de tu juventud.”

Cuando oramos, estamos prensando las olivas en el Getsemaní y extrayendo el aceite de la unción del Espíritu Santo, haciendo que se derrame sobre el pueblo de Dios, rompiendo todo yugo mundano y de egoísmo, toda atadura diabólica, para dar como resultado una total liberación de muchos, que se ofrecerán voluntaria e incondicionalmente a servir a Dios, hasta la muerte.

La tierra quedó maldita, por causa del pecado de Adán, dando poco fruto y a costa de muchos sudores, pero ya Jesucristo quitó toda maldición, para beneficio de todo el territorio que se inscriba en su reino, cambiándola por todas las bendiciones celestiales, de tal forma que, desde entonces, ya no es estéril y los obreros de su viña, aún siendo torpes y débiles, cosechan mucho fruto.

Orando para tener autoridad divino

Para recuperar el control de la economía, que lo ha usurpado el príncipe de este mundo, con toda clase de mentiras y maquinaciones, la llave de oro de la oración está bien especificada en:

Marcos 3:27: “Ninguno puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si antes no le ata, y entonces podrá saquear su casa.”

Cuando empezamos el ministerio de Remar, tuvimos que aprender muy pronto a usar esta llave de autoridad, para abrir y cerrar puertas, para atar y desatar, pues fueron feroces los ataques de nuestros enemigos, que no son carne ni sangre, sino principados, potestades, gobernadores y toda clase de huestes de maldad en las esferas celestes, es decir espíritus demoníacos, como advierte Pablo a los Efesios, en donde reinaba la diosa del cielo, Diana, uno de los muchos nombres del principado diabólico de Jezabel, teniendo fanatizada a toda la población.

En dos ocasiones oré para que dos políticos, obsesionados por arrasar nuestra labor social, en favor de los drogadictos, fueran quitados por Dios de sus cargos, con resultado fulminante y definitivo, pues nunca más han vuelto a tener parte en ese juego de gobierno humano.

La oración cierra todas las puertas del averno, que logran abrir los malignos con sus trampas y maquinaciones, para amenazar a la iglesia verdadera de Jesucristo, y nos abre puertas entre los políticos, pues si tienen autoridad, lo crean ellos o no, les es dada de lo alto, para bien o para mal, y son éstos los que mueven los recursos económicos de las arcas nacionales y de las empresariales, pues están ligados, como siempre han estado, ambos poderes, el político y el económico, además de agarrarse a ellos, como una ventosa de sanguijuela, el poder religioso.

Pedro es encarcelado injustamente, por orden del rey Herodes, que quiso agradar a los fariseos religiosos, enfurecidos contra los discípulos de Cristo, como lo habían estado contra Él, porque tenían miedo de perder su dominio del pueblo; atado con cadenas es entregado a la custodia férrea de dieciséis soldados, para ser ejecutado delante del pueblo, después de la Pascua, pues ya habían comenzado las fiestas preliminares de los panes sin levadura y no se permitían las ejecuciones en los días santos de festividad. Pero la iglesia oraba intensamente por Pedro, atando a los demonios y pidiendo a Dios que le desatara a y lo librara:

Hechos 12:5: “Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios
por él.”

La llave de oro de la oración ferviente de la iglesia se movió y abrió de par en par las puertas de la cárcel, además de abrir las cadenas de Pedro, por medio de la visita personal de un ángel del Señor:

Hechos 12:7-10: “Y he aquí que se presentó un ángel del Señor, y una luz resplandeció en la cárcel; y tocando a Pedro en el costado, le despertó, diciendo: Levántate pronto. Y las cadenas se le cayeron de las manos. Le dijo el ángel: Cíñete, y átate las sandalias. Y lo hizo así. Y le dijo: Envuélvete en tu manto, y sígueme. Y saliendo, le seguía; pero no sabía que era verdad lo que hacía el ángel, sino que pensaba que veía una visión. Habiendo pasado la primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad, la cual se les abrió por sí misma; y salidos, pasaron una calle, y luego el ángel se apartó de él.”

En la situación de Pablo y Silas, arrojados a la prisión de Filipos, por haber arruinado el negocio de adivinación a los amos de una esclava, al liberarla de un espíritu que tenía con ese don maléfico, la llave de la oración y de la alabanza, produjo un terremoto que abrió todas las puertas de la cárcel y soltó todas las cadenas de los presos:

Hechos 16:25-26: “Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron.”

En cada país, dónde hemos desarrollado la visión celestial que se nos ha encomendado, hemos tenido que atar a los hombres fuertes, para desbaratar sus planes contra el pueblo de Dios, de robar, matar y destruir, tanto en lo material como en lo espiritual, y para maniatarlos de tal manera que queden paralizados, dejándonos total vía libre para quitarles todos sus tesoros robados, tanto económicos como de personas, adueñándonos incluso de sus infraestructuras, para usarlas en beneficio de la obra santa del reino de Dios.

Así de práctica es esta poderosa llave de la oración, con la que podemos tranquilamente, con toda legalidad, saquear los bienes de los hombres fuertes, traficantes, banqueros, mercaderes, políticos o encumbrados religiosos, y usarlos en la expresión de la misericordia divina.

Es de esta manera que nos han sido entregadas, por gobiernos de distintos países, propiedades de narcotraficantes, decomisadas, como vehículos, casas o fincas, además de maquinarias y productos de todo tipo.

Es con esta llave, que el Señor nos sigue enseñando a usar cada vez más, con la que recibí revelación de abrir las puertas de herencias de personas, que dejan sus bienes, en su testamento, a Remar. Con entusiasmo y con sincera fe lo compartí en una reunión de nuestros obreros y a los pocos días surgió la primera respuesta, pues murió una persona y nos llamaron sus familiares, para que nos lleváramos todo lo que el difunto tenía en su domicilio, dejando bien claro que no querían absolutamente nada, de lo que pudo tener contacto con el muerto, aunque fueran diamantes, oro o dinero, resultando que en la cueva de aquel avaro, despreciado por su propia familia, estaban escondidos, dentro de los viejos muebles que sacaron los jóvenes, dinero, joyas y antigüedades por valor de varios millones de pesetas.

Al poco tiempo, recibo una llamada telefónica y una voz de mujer me dice: Soy la nuera del premio Nóbel de literatura Nut Hamsun y he leído su libro “Boga mar adentro”, que me ha impresionado grandemente, por lo que después de orar y meditar, pues soy cristiana desde hace muchos años, y viendo que ya soy muy mayor y estoy sola, he decidido hacerle heredero de mis bienes. En mi respuesta inmediata le dije: agradezco su buena intención, mujer, pero yo no deseo ninguna herencia, salvo en los cielos, pero si usted sigue interesada en esa decisión puede poner al ministerio Remar como heredero, lo cual es más acertado. Más entusiasmada aún, por mi renuncia, dijo: pues sabe que le digo, que ya tienen aquí las llaves de un apartamento que no uso, para que hagan con él lo que quieran.

Transcurridos unos meses, nos avisa un albacea testamentario que Remar figura entre las diez ONG´s que heredan un importante inmueble, en una ciudad de elevado valor inmobiliario.

Otras personas nos han ido comunicando decisiones parecidas y sabemos, por poseer esta llave sobrenatural, concedida por Jesucristo, que muchas y muy valiosas herencias nos caerán del cielo, si seguimos usándola santa, sabia y perseverantemente, amén de hacerlo siempre en plena certidumbre de fe.

Santiago 1:6-7: “Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor.”

Esta gloriosa llave de oro de la oración, que debe acompañar, como un poderoso comodín, a las otras once, abre las puertas del Juicio, (Nehemías 3:31), dando salida al omnímodo poder de Dios, contra todos nuestros enemigos, impidiéndoles que destruyan o roben los frutos de nuestro trabajo para el reino de los cielos. Con esta llave de uso constante, se cierran las puertas del Hades y se abren las puertas de la cárcel (Nehemías 12:39).

Con la oración abrimos el arca del testimonio de Dios, que se manifiesta con prodigios y milagros sorprendentes.

Orando llenamos de incienso las copas de oro de los cuatro seres vivientes y de los veinticuatro ancianos, que han de culminar con la destrucción total de nuestros enemigos, en el derramamiento de las copas de la ira divina, y con el establecimiento del reino justo y milenial de Jesucristo, en toda su creación.

Igualmente, al orar llenamos el incensario de oro que está delante del trono de Dios, para que estas oraciones lleguen, como perfume de olor grato, a las narices del Altísimo (Apocalipsis 8:3-4). Además, el incienso de nuestras oraciones, súplicas, alabanzas y adoraciones, como un sacrificio continuo, unido al Cordero de Dios, se quema sobre el altar de acacia y oro, que simboliza la perfecta comunión, en la oración, de la criatura humana y su Creador y Salvador, justo delante del propiciatorio, en el lugar Santísimo, para llegar como humo santo ante el Shaday, que contesta enviando su multiforme y bienhechora gracia.

Miguel Díez

Presidente de la ONG Remar Internacional y la iglesia Cuerpo de Cristo.

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