Salir de la Comodidad y seguir el llamado de Dios // Antonio García DISCIPULADO CUERPO DE CRISTO

Salir de la Comodidad y seguir el llamado de Dios // Antonio García DISCIPULADO CUERPO DE CRISTO

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El llamado de Dios y la obediencia inmediata

El llamado de Dios es una realidad importante para cada persona, y para poder responder a él es necesario dejar de lado aquello que nos ata o impide servir a Cristo. En Mateo 4:17, se destaca la invitación de Jesús a arrepentirse porque “el reino de los cielos se ha acercado”, mostrando que el inicio del ministerio de Jesús estuvo marcado por un llamado claro a la conversión y la obediencia.

Cuando Jesús llamó a Simón Pedro y Andrés, quienes eran pescadores, les dijo: “Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres”. Ellos dejaron al instante sus redes y le siguieron, demostrando que la respuesta al llamado divino no debe estar llena de dudas, sino de una obediencia inmediata. De la misma manera, Mateo se levantó sin cuestionar y siguió al Señor, y Jacobo y Juan dejaron su barca y a su padre para seguir a Jesús. Estas historias muestran que el verdadero llamado es un llamado de obediencia.

Dejarlo todo por seguir a Jesús es esencial para servir a Cristo sin impedimentos. Los discípulos no solo dejaron sus redes y barcas, sino también sus familias y trabajos, porque entendieron que la misión de seguir al Señor requiere desprendimiento total. Esta enseñanza se refleja también en experiencias personales de entrega, como la decisión de dejar un país y moverse a otros lugares para servir a Dios, lo que evidencia la importancia de dejar atrás lo que nos ata.

Jesús enseñó que el llamado implica una decisión radical: “Dejad que los muertos entierren a sus muertos” y seguidme. Esto simboliza que, para seguir a Dios, es necesario priorizar su voluntad por encima de cualquier otra cosa, incluso si eso significa abandonar costumbres, comodidades o relaciones que limitan el crecimiento espiritual.

La historia de Abraham y su llamado

El llamado de Dios puede conducir a diferentes lugares y misiones, y un ejemplo claro es el de Abraham, considerado el padre de la fe. En Génesis 12, Dios le dice a Abraham que deje su tierra, su parentela y la casa de su padre para ir a la tierra que Él le mostraría. Este llamado implica salir de la zona de confort, abandonar lo conocido y confiar en la guía divina.

Abraham tenía preocupaciones legítimas, como el hecho de no tener hijos para heredar. Sin embargo, Dios le prometió una tierra y una descendencia numerosa, comparándola con las estrellas del cielo y la arena del mar. Esta promesa se basó en la fe y obediencia de Abraham, quien dejó todo sin saber exactamente a dónde iba. Su fidelidad y confianza hicieron posible que la promesa se cumpliera.

La palabra hebrea “lejá” significa “salir” o “irse”, y en el contexto de Abraham implica dejar todo para seguir a Dios. Abraham tomó la decisión de obedecer a la voz divina, lo cual lo llevó a abandonar su tierra y su familia para ir a un lugar desconocido, guiado únicamente por la promesa de Dios.

Dios llamó a Abraham a salir de un entorno donde sus padres eran idólatras, lo cual representaba un impedimento para la obra divina. Por eso, la orden de dejar la tierra y la parentela no era para despreciar a sus seres queridos, sino para evitar que el ambiente de idolatría frenara su obediencia y su misión.

Las promesas de Dios a Abraham

La promesa que Dios le hizo a Abraham es de gran alcance: le prometió una tierra y la formación de un pueblo, que hoy conocemos como el pueblo de Israel. Gracias a la fe de Abraham, quienes creen en Dios reciben la promesa de la herencia y se convierten en herederos de esa promesa.

Dios le dijo a Abraham que saliera de su tierra “por su bien”, señalando que despojarse de lo material y de lo mundano es necesario para recibir lo que Dios tiene preparado. La verdadera libertad y sentido de la vida se encuentran en servir al Señor, porque sin esa entrega, nada tiene sentido. El llamado de Dios implica dejar atrás las redes del mundo y buscar el reino de Dios como prioridad.

Además de la tierra, la promesa incluye descendencia. Sin descendencia no hay promesa ni nación, y Dios le aseguró a Abraham que sería padre de multitudes, cambiando su nombre a Abraham, que significa “padre de multitudes”. Este cambio simboliza la transformación que ocurre cuando la fe se convierte en obediencia.

El significado de dejar atrás lo terrenal

La fe de Abraham no solo impactó a los hebreos, sino también a los gentiles y a todos aquellos que comparten esa fe. A través de su obediencia, muchas personas han recibido la promesa que Dios le dio a Abraham.

Abraham tuvo que dejar su tierra, lo material y la economía, para seguir lo invisible y recibir una herencia celestial. Este desprendimiento no solo es físico, sino también espiritual: implica priorizar la fe sobre las posesiones. Además, tuvo que dejar su parentela, no como un rechazo a sus seres queridos, sino para evitar que los lazos afectivos se convirtieran en un obstáculo que frenara el llamado de Dios.

La “casa de su padre” puede simbolizar también la educación religiosa y cultural de Abraham, ya que su padre era un idólatra. Si Abraham no hubiera obedecido, podría haber seguido el mismo camino. Por eso, el llamado de Dios requiere separación de aquello que impide la entrega total al Señor.

La idolatría y la necesidad de separación

En Josué 24 se relata que los antepasados de Abraham servían a otros dioses, algo que Dios aborrece. La idolatría no se limita a la adoración de dioses falsos, sino que también incluye la idolatría del dinero y de todo aquello que se convierte en prioridad por encima de Dios.

Dios quería sacar a Abraham de su entorno para formar una nación grande y un pueblo único. Abraham obedeció y dejó todo para comenzar de nuevo, demostrando que la obediencia a Dios implica renunciar a lo conocido y confiar en lo que Dios promete.

La obediencia de Abraham y la fe

La vida de Abraham es un ejemplo claro de fe y obediencia. Cada vez que tenía oportunidad, levantaba un altar al Señor y ofrecía sacrificios en agradecimiento. También cavaba pozos para proveer agua a su familia y a sus ganados, demostrando un corazón dispuesto a servir y a cuidar de los demás.

Abraham obedeció sin cuestionar cuando fue llamado, saliendo hacia un lugar que recibiría como herencia sin saber su destino, tal como se describe en Hebreos 11. Esta obediencia es una lección para todos, porque demuestra que seguir a Dios requiere confiar incluso sin entender.

La obediencia a la palabra de Dios trae bendición: si se vive de acuerdo a lo recto ante los ojos del Señor, se prospera uno y sus descendientes. La promesa se cumplió en Isaac, hijo de Abraham, y Dios le dio la misma promesa a Isaac, asegurándole la tierra y una descendencia numerosa como la arena del mar y las estrellas del cielo.

La aplicación moderna del llamado de Dios

Hoy somos un pueblo grande, el pueblo de la fe, y por fe hemos recibido las promesas. Sin embargo, la pregunta es si somos obedientes a esa promesa o si seguimos siendo desobedientes. El Señor nos llama a salir de nuestra comodidad y seguirle con valentía.

Servir al Señor es lo más importante, porque no hay nada comparable con la aventura de servirle. La fe es un tesoro precioso que transforma la vida. No cumplir con el llamado y el mandamiento de Dios es ofenderle, por lo que es fundamental dejarlo todo y permitir que Él cumpla sus promesas en nuestra vida.

Es necesario salir de la comodidad, despojarse del pecado, de las emociones y de las cosas materiales que impiden emprender un nuevo camino. Si buscamos el reino de Dios, Él proveerá lo necesario, como lo demuestra la experiencia de una vida de seguimiento donde nunca ha faltado nada, y en la que se han visto provisiones abundantes y grandes bendiciones.

Servir al Señor es una aventura y un desafío, pero debemos avanzar con fe y no retroceder, porque Dios quiere que se cumpla su propósito con obediencia. Si sientes el llamado de Dios para ir a una misión o a otro lugar, es importante consultar con Él y ser obediente, porque el Señor abrirá puertas y proveerá todo lo necesario.

Lo más importante es el llamado de Dios y la obediencia a Él. Cada persona ha sido llamada y escogida para servirle en el lugar que Él quiera. Por eso, es fundamental salir de uno mismo y de las cosas propias para experimentar la bendición de Dios y cumplir con el propósito divino.

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