Dios quiere usar tu vida para multiplicar su reino // Miguel Diez

Dios quiere usar tu vida para multiplicar su reino // Miguel Diez

image_pdfimage_print

Dios como Matemático Perfecto y la Multiplicación Divina

El texto presenta a Dios como el matemático perfecto que creó un universo completamente ordenado. Las galaxias, los animales, el cuerpo humano, la música y hasta los átomos obedecen leyes matemáticas que reflejan su inteligencia perfecta. Desde Génesis, Dios ordenó “Fructificad y multiplicaos”, mostrando que la multiplicación es un sello divino: animales que se multiplican, Adán y Eva llamados a poblar la tierra, Noé recibiendo la misma orden después del diluvio, y Abraham escuchando la promesa de un pueblo tan numeroso como las estrellas. Esta multiplicación no es solo física; en Cristo también es espiritual. Por eso los creyentes son llamados hijos de Abraham, miembros del pueblo de Dios y herederos de promesas eternas. Todo aquel que sigue a Cristo empieza a sumar el bien y luego desea multiplicarlo, porque la presencia de Dios cambia la naturaleza del corazón.

Sumar el Bien, Multiplicar el Reino y el Poder del Testimonio

El texto recalca que Dios no solo quiere que sus hijos sumen buenas obras, sino que las multipliquen, tal como Jesús multiplicó los panes y los peces. La verdadera conversión lleva a dejar de restar—dejar de omitir el bien—y comenzar a producir fruto espiritual. Multiplicar el bien implica abrir hogares, ayudar a necesitados, rescatar a personas hundidas, restaurar matrimonios y formar familias que aman a Dios. La multiplicación se ve también en generaciones: hijos que sirven, nietos que continúan la fe y ejemplos vivos de hogares transformados. El testimonio es una herramienta poderosa, pues toca corazones más allá del intelecto. El bien que Dios siembra en una persona puede extenderse a toda una familia y hasta a pueblos enteros, pues cuando Dios impacta una vida, esa vida impacta a otras.

El Espíritu Multiplicador frente a la División del Enemigo

El texto contrasta la obra de Dios, que siempre multiplica y une, con la del enemigo, que divide familias, matrimonios, iglesias y naciones. Dios, en cambio, crea unidad entre personas de diferentes culturas, lenguas y edades, como ocurría en la iglesia del libro de Hechos, donde los creyentes se reunían en amor, compartían, servían y el número de discípulos crecía cada día. El impulso del Espíritu Santo mueve a los creyentes a congregarse por amor y no por costumbre religiosa; los empuja a abrir sus hogares, visitar cárceles, atender a enfermos, rehabilitar personas y compartir el evangelio. Donde el Espíritu obra, la paz, el gozo y la compasión se multiplican. La división, en cambio, se identifica como obra satánica, que busca frenar la multiplicación del reino.

Rehabilitación, Milagros y Oposición Espiritual

Gran parte del texto narra testimonios relacionados con la obra entre drogodependientes, alcohólicos, presos y familias rotas. Se cuenta cómo, a pesar de tener pocos recursos, Dios multiplicó tanto las fuerzas como la capacidad de ayudar a miles en el País Vasco. También se mencionan ataques, obstáculos y persecuciones desde instituciones y autoridades religiosas, que intentaron cerrar centros o impedir la obra. Aun así, la oración, la fe y la intervención divina permitieron continuar, y con el tiempo surgieron historias de personas que, al ser transformadas, restauraron también a sus familias. La multiplicación no fue solo en número de personas rehabilitadas, sino también en centros abiertos, iglesias formadas y vidas rescatadas. El texto muestra que cuando la obra es de Dios, la oposición no puede detenerla.

El Parto Espiritual, la Idolatría y el Corazón Renovado

La conversión se compara con un parto: un proceso a veces doloroso pero que da lugar a una nueva vida. Pablo llamaba “hijos” a quienes había guiado espiritualmente, mostrando que ganar almas es un acto de maternidad o paternidad espiritual. Esta visión contrasta con la idolatría del dinero, descrita como una fuerza que esclaviza, endurece el corazón y roba la fertilidad espiritual. Dios quiere liberar a las personas de esos ídolos y dar un corazón nuevo, uno capaz de amar sin intereses y servir sin condiciones. La obra del Espíritu Santo arranca el orgullo, rompe cadenas y transforma a la persona en una nueva criatura. La palabra de Dios actúa como una espada que corta raíces de mal y abre espacio para la vida divina, preparando a cada creyente para multiplicar el bien.

Multiplicación de Recursos y Urgencia Espiritual

El texto insiste en que el reino de Dios nunca carece, porque es sustentado por Aquel que multiplicó panes, peces y fuerzas. Frente a crisis sociales —como las descritas en Cataluña— existe una urgencia por multiplicar discípulos y obreros espirituales. Dios quiere levantar personas que abran hogares de ayuda, comedores, escuelas y refugios; que apoyen a familias en crisis; que rehabiliten a jóvenes; que sirvan en iglesias; y que respondan al llamado sin demora. La multiplicación no es solo de números, sino de amor, compasión y servicio. Donde hay alguien dispuesto a dar lo poco que tiene, Dios puede multiplicarlo más allá de lo imaginable, porque la obra no depende del tamaño del recurso, sino del tamaño de la fe.

Discípulos como Úteros Espirituales y el Llamado de Jesús

Los discípulos son descritos como “úteros espirituales” porque dan a luz nuevas vidas para Cristo. Jesús no pidió hacer creyentes, sino discípulos: personas que aprenden, obedecen y multiplican. El texto afirma que algunos oyen el llamado durante años sin responder, mientras personas sin religión, sin preparación o recién liberadas de adicciones lo obedecen de inmediato. La religión vacía puede ser un estorbo, porque Dios busca comunión verdadera, no costumbres. Un discípulo debe perseverar, crecer, servir, sufrir por causa del evangelio y alegrarse en ello. La multiplicación ocurre cuando un discípulo forma a otros discípulos, y así el reino se expande de manera natural, como una familia que crece generación tras generación.

Madurez Espiritual, Frutos y Servicio Multiplicado

La verdadera madurez espiritual no depende de la edad, sino del fruto, la experiencia con Dios, la renovación diaria y la capacidad de servir con amor. Dios quiere multiplicar ancianos espirituales, maestros, buenos samaritanos, evangelistas y siervos que vivan para bendecir. Cada persona tiene un ministerio preparado: algunos servirán en cárceles, otros en hospitales, otros en calles o en sus propios hogares. Cuando se está injertado en Cristo, la vida fluye, el fruto aparece y Dios poda para que haya aún más multiplicación. Las iglesias pueden multiplicarse, los hogares de ayuda expandirse y los recursos aumentar cuando hay corazones dispuestos. Dios no busca capacidad, sino disponibilidad.

Ofrenda de Vida y Multiplicación Infinita del Reino de Dios

El texto concluye llamando a cada persona a ofrecer su vida a Dios diciendo: “Aquí está tu siervo, haz tu voluntad en mí”. Dios quiere corazones apasionados, dispuestos a servir por amor y a multiplicar recursos, talentos, tiempo y herramientas para extender su reino. Quienes se entregan a Él pueden producir fruto abundante, restaurar familias, rescatar vidas, sanar heridas, abrir puertas a los necesitados y ser instrumentos para dar a luz nuevas criaturas espirituales. En esa entrega, Dios multiplica también la paz, la unidad familiar y la capacidad de servir. La multiplicación divina no tiene límites cuando encuentra un corazón dispuesto, y a través de esas vidas el reino de Dios continúa extendiéndose con poder.

Miguel Díez Portada

Miguel Díez es presidente de la ONG Remar en 68 países y fundador de la iglesia Cuerpo de Cristo.

Conocer aquí la biografía de Miguel Díez

Visited 28 times, 1 visit(s) today

Quizás te puede interesar estos videos

Post A Comment For The Creator: Solidaria TV

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *