¿Por qué Dios permite que enfermemos? – Charles Spurgeon
El sellado de la mano y la reflexión sobre la obra de Dios
La Biblia de las Américas menciona que cuando el Señor sella la mano de un hombre, ese hombre queda incapaz de realizar su labor para que todos conozcan la obra de Dios, como se indica en Job 37:7.
La mano del labrador se sella cuando la tierra se endurece como hierro por la helada, impidiendo que los seres humanos trabajen, lo que invita a observar las obras del Señor.
La enfermedad y la incapacidad para seguir el llamamiento pueden ser un tiempo de reflexión para volver los pensamientos hacia las grandiosas obras de Dios.
La mayoría de las personas son apartadas de su servicio ordinario en diversas ocasiones, y esto debe aprovecharse para pensar en Dios y en su obra, ya que la enfermedad puede ser una bendición para la reflexión.
El propósito divino en la enfermedad y la incapacidad
La enfermedad permite dejar atrás los afanes absorbentes, quedarse solo y reflexionar sobre los caminos pasados y su dirección, aprendiendo a contar los días y traer sabiduría al corazón.
El propósito de la enfermedad y de la incapacidad es que los seres humanos mediten en la obra de su Dios y Salvador, obtengan la bendición que proviene de ella y abran sus corazones a Dios y al cielo.
La intervención divina en los planes humanos
Dios puede sellar la mano del hombre para frustrar planes insensatos o rebeldes, como se observa en la historia de la torre de Babel, donde confundió el lenguaje y selló las manos de los trabajadores.
El Señor puede reírse de los planes humanos que no buscan su gloria, haciendo que la destreza y los propósitos de los hombres caigan al suelo, como en los ejércitos de Senaquerib y Babilonia.
Dios puede cerrar las manos de sus enemigos con la muerte, como el ángel de la muerte que impidió que los enemigos de Jehová se levantaran nuevamente.
Los creyentes no deben turbularse por los adversarios de Jehová, porque Él puede sellar sus manos y someter incluso a los valientes como cautivos.
La experiencia de los obreros cristianos con el sellado de la mano
Los obreros cristianos pueden experimentar momentos en que sienten que no pueden trabajar o predicar, debido a cansancio o conciencia de insuficiencia.
En esos momentos deben buscar la obra del Señor y no confiar en su propia fuerza, porque es Dios quien da la semilla para sembrar y el mensaje para predicar.
Quienes buscan la auto-salvación también pueden experimentar el sellado de sus manos, cesando de su obra propia y reconociendo la obra del Señor para encontrar verdadera salvación y paz.
La debilidad humana como camino hacia la dependencia de Dios
La siembra de Dios ocurre a través de hombres y mujeres susceptibles de dolor y miserias, lo que revela nuestra incapacidad y nos hace depender del Señor.
Es importante comprender que sin Él no podemos hacer nada, pero su obra no se ve obstaculizada por nuestra paralización, como muestra la continuidad de la naturaleza sin intervención humana.
La frustración del obrero cristiano y la dureza de los corazones
Conocer nuestra debilidad permite captar que todo entendimiento y pensamiento proviene de Dios.
La mano del obrero puede sellarse no por incompetencia, sino por la dureza de los corazones de quienes intenta influir, causando frustración y llanto.
La apostasía de algunos convertidos también puede paralizar al obrero, recordándole que cualquier logro espiritual depende de Dios.
La humanidad y la necesidad de salvación divina
La humanidad no logra nada por sí misma y solo tras tentación puede regresar con humildad, oración y fe, mirando únicamente a Dios.
Se debe reconocer la mano de Dios extendida para salvar y estar preparados para alabarlo con gran alegría.
La confianza en la obra de Dios sobre la propia obra
Se debe invocar al Señor para que tome su poder invencible y reprima el odio con gracia, sometiendo con amor.
Al conocer nuestra propia obra y su pobreza, podemos estimarla correctamente y evitar la glorificación personal.
Conocer la obra del Señor y confiar en Él es aún más bendito, permaneciendo humildes y sentados a sus pies.
La oración y la dependencia del Espíritu Santo
El creyente debe ser consciente de las variaciones en la oración y dar gracias a Dios por poder orar, sin pretender forzar fervor constante.
La verdadera oración surge del Espíritu de Dios, que sopla según su voluntad y guía al creyente en su debilidad.
Cuando se siente indispuesto a orar, debe considerarse señal de que la oración es doblemente necesaria, buscando ayuda del Espíritu Santo.
La búsqueda de instrucción y la santificación
El creyente debe buscar a Dios para entender la verdad de las Escrituras, reconociendo que la luz proviene del Espíritu Santo y no solo de libros o maestros.
La santificación es obra del Espíritu y requiere clamar por fortaleza para crecer en gracia y transformar el corazón.
El crecimiento espiritual se logra mediante la vida interior renovada diariamente, y la verdadera humildad es el camino más seguro hacia la santidad.
La autojustificación y la necesidad de Cristo
La bondad externa no garantiza salvación; solo un corazón renovado y la fe en Cristo permiten experimentar verdadera justicia.
El pecado exterior y la incapacidad revelan la necesidad de Cristo, llevando a las personas a buscar misericordia y dependencia de Dios.
Las obras buenas y la fe en Cristo
Las buenas obras no salvan, pero son fruto de la salvación; deben realizarse por gratitud, no para alcanzar salvación propia.
Solo a través de Cristo se puede tener una salvación duradera, y las obras deben arraigarse en fe y arrepentimiento para florecer en santidad.
La salvación mediante la cruz de Cristo
La salvación no se alcanza por méritos humanos, sino por la obra de Cristo, quien murió para que los culpables y cansados pudieran hallar vida.
Aceptar a Jesús como un don gratuito de Dios permite recibir salvación inmediata y trabajar luego con gratitud para mostrar amor y fidelidad a Dios.

