Predicación Ángel Jiménez | Reito Nehemías 2026
La transformación del corazón mediante la palabra
Es fundamental que Dios ocupe el lugar central en la vida para no estar perdidos. La predicación de la palabra puede compararse con un tractor que ara la tierra con fuerza, trabajando sobre el corazón de los creyentes para sacar a la luz aquello que estaba escondido en su interior.
Así como el arado remueve la tierra, la palabra de Dios permite que salgan a la luz aspectos de la vida que necesitan arrepentimiento y perdón. Un corazón endurecido es comparado con una tierra que no sirve para nada, mientras que el trabajo de la palabra prepara el terreno para que pueda dar fruto y producir cambios.
La fe que transforma una vida
La fe es presentada como el motor que genera cambios reales en la vida de las personas. Creer en Jesús puede producir una transformación radical, llevando a una persona desde la oscuridad y la desesperación hacia una vida marcada por la alegría y el deseo de compartir la palabra de Dios.
Se relata una experiencia personal de angustia, desesperación y temor profundo, agravada por el consumo de sustancias como la marihuana y el hachís. Esta situación provocó una distorsión de la realidad, alucinaciones y una desconexión mental que fue descrita como una experiencia diabólica.
La salida de aquel estado llegó mediante el acto de creer en Dios. El cambio fue inmediato y positivo, pasando de la desesperación a la alegría y a la predicación de la palabra. Incluso una timidez extrema puede ser superada cuando una persona experimenta algo tan significativo que siente la necesidad de compartirlo con los demás, llegando a hacerlo en lugares públicos como el metro o el autobús.
La naturaleza y el poder de la fe
La fe es presentada como la fuente de poder necesaria para avanzar y agradar a Dios. Existe un adversario que busca robarla y hacer que las personas retrocedan, tratando de engañarlas y desviarlas mediante diferentes ataques.
La falta de fe impide seguir adelante y caminar junto a Dios. Por eso es necesario mantenerse firme y no retroceder. El conocimiento de en quién se ha creído permite resistir los ataques y permanecer firme.
Según Hebreos 11, la fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve. No se trata solamente de una cuestión de cantidad, sino de calidad. Jesús enseñó que incluso una fe pequeña, comparada con un grano de mostaza, puede ser suficiente para realizar grandes cosas.
La capacidad de realizar milagros no procede del esfuerzo humano, sino de la autoridad que Dios concede a través de la fe. Es el Espíritu Santo quien ejecuta las acciones. Por eso, la fe resulta indispensable tanto para desenvolverse en la vida diaria como para ejercer autoridad espiritual.
Dios trae libertad mediante la fe y el propósito es que las personas puedan caminar en esa misma fe. La responsabilidad consiste en creer, mientras que las grandes obras corresponden a Dios.
Aprender a vivir por fe
Una experiencia con un armario de cocina que se desplomó durante una celebración de cumpleaños sirvió como una lección sobre la importancia de hacer las cosas con convicción. La tabla que sostenía el armario estaba sujeta con tornillos pequeños y mal instalados, por lo que fue necesario buscar una pieza de repuesto.
Al acudir a un almacén, surgió la convicción de encontrar exactamente la tabla que se necesitaba. Entre un montón de madera desordenada apareció de inmediato la pieza adecuada. Esta experiencia fue entendida como una enseñanza espiritual sobre la importancia de actuar con convicción.
En la comunidad de Remar, esta fe se aplica también a las necesidades cotidianas, confiando en que Dios proveerá los alimentos y los recursos necesarios para cubrir los gastos mensuales. Aunque existen áreas de la vida en las que la fe puede ser más fuerte que en otras, su naturaleza es la misma y debe aplicarse de manera constante.
Incluso predicar delante de una audiencia representa un paso de fe que requiere superar la incredulidad. Avanzar implica confiar en Dios y dejar de centrarse en las propias limitaciones.
Moisés y la vara de Dios
La incredulidad aparece como un problema recurrente y se ejemplifica en la historia de Moisés, quien fue enviado por Dios para liberar al pueblo de Egipto frente a un imperio de gran poderío.
Dios preguntó a Moisés qué tenía en su mano, refiriéndose a la vara que había tenido durante sus cuarenta años cuidando ganado. Moisés, sin embargo, expresaba dudas sobre sus propias capacidades y argumentaba que no sabía hablar.
El problema estaba en mirar las propias limitaciones en lugar de mirar a Dios y a su palabra. Cuando una persona se concentra únicamente en aquello que cree que no puede hacer, la incredulidad debilita su fe y dificulta la obra de Dios.
La vara simboliza la palabra de Dios. Cuando esta palabra es creída y puesta en práctica, pueden ocurrir milagros. El propósito de la vara fue sacar al pueblo de la esclavitud y llevarlo hacia una vida de dependencia de Dios en el desierto, aprendiendo a vivir por fe.
De la misma manera, existe un llamado a utilizar la palabra de Dios para liberar a las almas que permanecen atadas en Egipto y guiarlas hacia una vida de fe, sin retroceder. Dios honra la fe, mientras que retroceder es una actitud que no le agrada.
Ejemplos bíblicos de una fe activa
El centurión romano mostró una gran fe al confiar en que Jesús podía sanar a su criado simplemente pronunciando una palabra, sin necesidad de entrar en su casa. Su confianza en la autoridad de Jesús se convirtió en un ejemplo de convicción.
También la mujer sirofenicia mostró una fe perseverante al insistir en recibir ayuda de Jesús. A pesar de las dificultades, permaneció firme y Jesús reconoció su fe como una fe grande.
Otro ejemplo es el de la mujer que tocó el manto de Jesús después de doce años de padecimiento. En medio de una multitud, su fe la llevó a acercarse a Jesús, mostrando la relación entre creer en la palabra de Dios y experimentar su poder.
Estos ejemplos muestran una fe que no permanece pasiva. La fe lleva a actuar, a perseverar y a confiar en que Dios puede hacer aquello que humanamente parece imposible.
Quitar la piedra de la incredulidad
El relato de Marta y María después de la muerte de Lázaro sirve como ejemplo de la necesidad de remover obstáculos espirituales. La piedra colocada delante de la tumba puede interpretarse como una imagen de la incredulidad que necesita ser retirada.
Existe un deseo de no poner límites al actuar de Dios y de no vivir bajo la incredulidad. La fe no consiste en realizar actos absurdos, sino en mantener la confianza en Dios en la vida cotidiana, incluso con una fe tan pequeña como un grano de mostaza.
La promesa es que, si se cree, es posible ver la gloria de Dios. La responsabilidad humana consiste en creer y remover la piedra de la incredulidad, mientras que es Dios quien realiza las grandes obras.
Los ejemplos de Enoc y Felipe muestran acontecimientos extraordinarios, pero el enfoque principal está en aprender a vivir la fe en el día a día. La vida de fe requiere confiar, avanzar y no permanecer paralizados por la incredulidad.
Avanzar y luchar con fe
La historia de Moisés y su enfrentamiento con el faraón muestra el ejemplo de alguien que no permaneció pasivo ante las dificultades. La fe implica acción y una lucha constante para avanzar en aquello que Dios ha puesto delante.
La incredulidad puede convertirse en una piedra que impide avanzar, pero la confianza en Dios permite retirarla y continuar caminando. No se trata de confiar en las propias fuerzas, sino de creer en Dios y en su palabra.
El llamado final es a avanzar y luchar con fe, confiando en que Dios llevará a cabo su propósito. La fe permite superar la incredulidad, caminar en libertad y permanecer firmes mientras Dios realiza su obra.

