¿A qué estamos aferrados? // Colosenses 2:6

¿A qué estamos aferrados? // Colosenses 2:6

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La vida espiritual debe mantenerse con el mismo entusiasmo del principio

La vida espiritual debe ser vivida con el mismo espíritu y entusiasmo con que se comenzó, sin abandonar la sencillez y la confianza en Dios. En Colosenses 2:6, el apóstol Pablo nos anima a caminar con el Señor Jesucristo de la misma manera que lo recibimos al principio. Este llamado nos invita a no permitir que el paso del tiempo nos haga perder la frescura de la relación con Dios, sino que mantengamos la misma pasión y entrega con la que iniciamos nuestro caminar espiritual.

Evitar la complejidad y volver a la sencillez de la fe

La tendencia natural es abandonar la sencillez y enredarse en complejidades de experiencias religiosas, creando largas listas de exigencias y demandas. Sin embargo, la vida en Cristo debe ser una relación conducida con pasión y confianza, como se caracterizó al comenzar los primeros pasos con Dios. La fe no debe convertirse en un sistema rígido de reglas, sino en una conexión viva y constante con el Señor, donde la confianza y la entrega sean el motor de cada día.

Estar arraigados en Cristo para crecer y fortalecerse

El apóstol Pablo utiliza la metáfora de las raíces de una planta para explicar que el hijo de Dios debe estar arraigado en la persona de Cristo. Las raíces se nutren y se fortalecen, y de la misma manera, el creyente debe tener raíces con Cristo y nutrirse de Él. Esto significa que todos los proyectos y emprendimientos de un discípulo de Cristo deben estar impregnados de la persona de Jesús, permitiendo que su presencia y su palabra sean la base de cada acción y decisión.

La fe debe confirmarse en la vida diaria

La vida cristiana debe estar confirmada en la fe, es decir, que el Señor tenga la oportunidad de demostrar que todas las acciones tomadas por fe tienen su fruto y recompensa en Él. Esto implica que el camino a seguir sea siempre buscar al Señor y apartarse de todo lo que no es de Dios. La fe se fortalece cuando se vive con coherencia y se permite que Dios obre en medio de nuestras decisiones, demostrando que su palabra es fiel y su promesa se cumple.

La verdadera vida cristiana va más allá de actividades y reglas

La vida cristiana se desvirtúa cuando se intenta reducirla a una serie de actividades, reglas y condicionamientos. El camino correcto es buscar al Señor en todo momento y reconocer que en Él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad, tal como lo afirma Pablo. Los creyentes están completos en Él, y no necesitan depender de estructuras humanas para sentirse realizados espiritualmente. La plenitud de Dios en Cristo es suficiente para sostener la vida espiritual y llevarla a un nivel de profundidad y autenticidad.

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