¿Cómo orar con insistencia y recibir respuesta de Dios? // Daniel Del Vecchio
Jesús enseña sobre la oración
Jesús enseña sobre la necesidad de orar y, en Lucas 11, uno de sus discípulos le pide que les enseñe a hacerlo. Jesús responde enseñándoles a dirigirse al Padre y a pedirle por sus necesidades, por el perdón de sus pecados y para no caer en tentación. La oración aparece así como una invitación a entrar en la presencia de Dios con confianza y presentar delante de Él aquello que necesitamos.
La enseñanza continúa con la historia de un hombre que, a medianoche, acude a un amigo para pedirle tres panes porque ha llegado otro amigo de viaje y no tiene nada que ofrecerle. Aunque el amigo inicialmente no quiere levantarse, finalmente le dará lo que necesita debido a su insistencia. Jesús utiliza esta situación para enseñar la importancia de perseverar en la oración: «Pedid y se os dará. Buscad y hallaréis. Llamad y se os abrirá».
Pedir con confianza a Dios
La enseñanza de Jesús muestra que podemos acercarnos a Dios con confianza. Somos criaturas necesitadas, débiles y, en ocasiones, podemos encontrarnos enfermos, desanimados, cargados de pecados o atados por diferentes situaciones. Por eso, el Señor invita a pedir.
También se recuerda que muchas veces no tenemos porque no pedimos. Sin embargo, existe otra razón por la que podemos pedir y no recibir: cuando nuestras peticiones tienen malos propósitos, son egoístas o buscan únicamente satisfacer nuestros propios deseos. La oración debe estar motivada por aquello que tiene que ser y por el deseo de que Dios sea glorificado.
Una oración que piensa en los demás
El hombre que acudió a su vecino a medianoche no estaba pidiendo pan para él mismo. Lo hacía porque tenía un amigo que había llegado de viaje y no tenía nada que ofrecerle. Su necesidad estaba relacionada con otra persona.
La enseñanza destaca así que la oración no debe estar centrada únicamente en nosotros. También debemos orar por los demás y pedir que Dios sea glorificado. Existe una obligación social de ayudar a quienes lo necesitan y una obligación moral delante de Dios y de las personas.
La obra social también forma parte de esta responsabilidad. Se habla de evangelismo, discipulado, obra social y autoabastecimiento como cuatro etapas de la iglesia. La ayuda a personas con diferentes necesidades nace de sentir esa obligación social y de pedir al Señor oportunidades para cumplirla.
Reconocer nuestra necesidad
Para pedir de verdad es necesario reconocer nuestra necesidad. El hombre de la historia sabía que no tenía nada que ofrecer a su amigo. No tenía pan ni aquello que necesitaba para atenderlo, y precisamente esa necesidad le llevó a llamar a la puerta de su vecino.
De la misma manera, cuando una persona reconoce que necesita a Dios puede acercarse a Él y pedir. Cuando alguien piensa que tiene suficiente y que no necesita nada, difícilmente sentirá la necesidad de buscar al Señor. Pero quien reconoce su pobreza espiritual, su debilidad y su dependencia de Dios puede acercarse con humildad y decir: «Señor, sin ti no tengo nada, sin ti no puedo hacer nada».
La confianza de acudir a un amigo
La historia habla de un hombre que pide a su amigo. Existe una relación previa entre ellos y por eso puede acercarse a su puerta. La enseñanza presenta también a Cristo como amigo y señala que podemos acudir a Él con confianza.
Dios no es como el hombre que está acostado y no quiere levantarse. Dios no se cansa ni se acuesta, sino que está siempre dispuesto a escuchar la oración de su pueblo. Por eso podemos acercarnos a Él con confianza, reconociendo nuestra necesidad y poniendo delante de Él aquello que necesitamos.
Arrepentimiento y perdón
Antes de pedir también es necesario arreglar las cuentas con Dios. Cuando el corazón condena, la confianza desaparece. Por eso se habla de arrepentimiento y de pedir perdón para que Dios limpie el corazón y podamos acercarnos a Él con confianza.
El arrepentimiento se presenta como una gracia de Dios. Cuando una persona puede clamar, arrepentirse y reconocer su pecado, debe aprovechar esa oportunidad. La enseñanza advierte también sobre el peligro de endurecer el corazón y rechazar repetidamente aquello que Dios muestra.
Persistir en la oración
Una de las enseñanzas principales del pasaje es la insistencia. El hombre no abandona su petición porque la puerta esté cerrada. Continúa llamando hasta recibir lo que necesita. Jesús enseña así que debemos persistir en la oración.
Muchas veces el problema está en que dejamos de orar porque nos desanimamos o nos cansamos. Sin embargo, la enseñanza invita a seguir pidiendo y a no adoptar una actitud pasiva. La oración requiere perseverancia, especialmente cuando existe una necesidad profunda.
La mujer griega que acudió a Jesús pidiendo por su hija también aparece como ejemplo de insistencia. Aunque inicialmente no recibió respuesta, continuó pidiendo y mostrando su necesidad. Finalmente, Jesús respondió a su petición.
Pedir desde la necesidad y no desde el egoísmo
La enseñanza diferencia entre una petición nacida de una necesidad y una petición egoísta. El hombre que pidió los tres panes lo hizo para poder atender a otra persona. Su petición tenía una necesidad concreta y estaba relacionada con una responsabilidad hacia alguien más.
También se recuerda que no todas las oraciones reciben respuesta de la misma manera. Puede haber peticiones egoístas, peticiones que no están de acuerdo con la voluntad de Dios o peticiones cuya respuesta todavía no ha llegado. En ocasiones hay que esperar, porque la respuesta llegará en su momento.
Pedid, buscad y llamad
Jesús presenta tres pasos relacionados con la oración: pedir, buscar y llamar. El primero es pedir. Hay cosas que se reciben por pedir, como la salvación, la sanidad, la salvación de familiares, la bendición en el trabajo para poder glorificar a Dios y el bautismo del Espíritu Santo.
Pero la oración no se queda solamente en pedir. También está el segundo escalón: buscar. Buscar a Dios debe convertirse en un anhelo de la vida. De la misma manera que una persona busca diariamente una vivienda o un trabajo, debemos buscar a Dios y aquello que necesitamos en Jesucristo y en su Palabra.
El tercer escalón es llamar. El que llama continúa llamando aunque aparentemente nadie responda. Esta insistencia representa una oración perseverante, una persona que sigue clamando a Dios y no abandona.
Orar por quienes necesitan ayuda
La oración también debe dirigirse hacia quienes sufren. Se habla de niños abandonados, niños huérfanos y personas que han sufrido maltrato, violencia y diferentes situaciones de sufrimiento. Ante estas necesidades hacen falta fuerza, sabiduría, obreros y colaboradores.
La oración se convierte así en una forma de presentar delante de Dios las necesidades de otras personas. No se trata únicamente de pedir por nosotros mismos, sino de acudir a Dios por aquellos que necesitan ayuda.
Pedir el Espíritu Santo
La enseñanza termina volviendo a la promesa de que el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan. Por eso se anima a pedir la presencia de Dios y su gracia.
La oración puede expresar el deseo de vaciarse de aquello que no pertenece a Dios y ser llenos de su presencia. Se pide: «Señor, dame tu Espíritu Santo. Señor, dame tu gracia. Señor, dame tu presencia». El deseo es ser llenos de Dios y depender de Él.
Seguir orando hasta recibir respuesta
La enseñanza anima a no permanecer pasivos en la oración. Hay que pedir, buscar y llamar de todo corazón y con insistencia. Si existe una necesidad, se puede presentar delante de Dios; si se necesita liberación de cadenas y ataduras, se puede pedir; si falta confianza, se puede pedir perdón y buscar que Dios limpie el corazón.
La oración requiere abrir el corazón y acercarse a Dios con sinceridad. A veces será necesario esperar, pero la enseñanza concluye recordando que debemos seguir pidiendo, buscando y llamando, confiando en que Dios escucha y que la respuesta llegará en su momento.

