¿Cómo vencer la maldición y tomar las promesas de Dios? // Daniel Del Vecchio

¿Cómo vencer la maldición y tomar las promesas de Dios? // Daniel Del Vecchio

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¿Cómo redime Cristo de la maldición de la ley?

Cristo redimió a la humanidad de la maldición de la ley al hacerse maldición por los seres humanos. El propósito de este acto fue que la bendición de Abraham alcanzara también a los gentiles, permitiéndoles recibir la promesa del Espíritu mediante la fe. El texto central de esta enseñanza se encuentra en Gálatas 3:13-14.

La maldición de la ley se presenta como separación de Dios a causa de la desobediencia, manifestada principalmente mediante la idolatría y la rebeldía. La Biblia establece que la iniquidad de todos fue cargada sobre Jesucristo, quien asumió aquello que correspondía a los seres humanos.

¿Qué significa que Jesús cargó con nuestras iniquidades?

Isaías describió a Jesús, siglos antes de su nacimiento, como un varón de dolores, experimentado en aflicción, despreciado y desechado por los hombres. Jesús padeció desprecio, rechazo, dolor y aflicción en lugar de los seres humanos. Isaías 53 establece que llevó las enfermedades y los dolores de la humanidad.

Jesús fue herido por las transgresiones y molido por las iniquidades. El castigo necesario para obtener la paz cayó sobre él, y a través de sus heridas se produjo la sanidad. El Señor hizo que la iniquidad de todos cayera sobre Jesús, aunque las personas se habían descarriado siguiendo sus propios caminos.

El término hebreo para iniquidad es «abón», una palabra que resume tanto el pecado como sus consecuencias, incluyendo la rebelión y el castigo derivado de ella. Por eso, abón abarca aquello que una persona ha hecho y también lo que ha cosechado o cosechará como resultado de sus actos.

El salario del pecado es la muerte, mientras que la vida eterna es presentada como un don o dádiva de Dios que no puede ser ganada ni merecida por los seres humanos.

¿Por qué algunos cristianos aún experimentan opresión o escasez?

La enseñanza afirma que Cristo redimió a la humanidad de la maldición de la ley, que abarca la separación de Dios, la muerte, las enfermedades crónicas, la miseria y la pobreza. La bendición implica ser cabeza y no cola, tomando decisiones bajo la dirección de Dios en lugar de ser arrastrados por las circunstancias.

Durante la crucifixión, Cristo experimentó desprecio, vergüenza, desnudez y rechazo. Siendo un cordero santo, puro y sin mancha, asumió la culpabilidad, la vergüenza y el rechazo que correspondían a los seres humanos para otorgarles libertad.

La redención tiene como propósito que la bendición de Abraham, Isaac y Jacob alcance a los gentiles para que reciban la promesa del Espíritu mediante la fe. Aquellos que viven por la fe son considerados hijos de Abraham.

Sin embargo, se plantea una aparente contradicción entre esta doctrina de la redención y la realidad de cristianos que continúan experimentando opresión, pobreza, tragedias familiares y otras situaciones difíciles. La enseñanza señala la necesidad de practicar las enseñanzas bíblicas y reclamar las promesas de Dios para afrontar estas situaciones.

¿Cuáles son las recompensas bíblicas para el que vence?

La enseñanza presenta diversas promesas para quienes vencen. Entre ellas se encuentra el derecho de comer del árbol de la vida que está en el paraíso de Dios y la promesa de no sufrir daño de la muerte segunda.

También se habla del maná escondido y de una piedrecita blanca con un nombre nuevo conocido únicamente por quien la recibe. Quienes venzan y guarden las obras hasta el fin recibirán autoridad sobre las naciones.

El vencedor heredará las promesas divinas, estableciéndose una relación en la que Dios será su Dios y el vencedor será su hijo. La autoridad para ser hechos hijos de Dios se recibe al aceptar a Cristo, y la condición de hijo se mantiene al conservar la fe hasta el fin, guardando la confianza depositada y venciendo sobre uno mismo y los enemigos espirituales.

¿Qué enseñanza presenta la historia de Josué y Jericó?

Dios instruyó a Josué para cruzar el Jordán junto al pueblo de Israel y tomar posesión de la tierra que les había sido otorgada. Se le aseguró que nadie podría hacerle frente durante su vida y que Dios estaría con él como había estado con Moisés. También recibió el mandato de ser fuerte y valiente y cumplir con la ley de Moisés.

Aunque la tierra prometida pertenecía a Israel, estaba bajo el control de gigantes y de naciones fortalecidas. El primer milagro ocurrió cuando los levitas, llevando el arca de la presencia de Dios, pusieron sus pies en el agua del Jordán y las aguas se abrieron para que el pueblo pasara por tierra seca.

Después de cruzar el Jordán, el pueblo llegó a Jericó, una ciudad descrita como impenetrable por sus grandes muros. El segundo milagro fue la caída de los muros después de que el pueblo obedeciera a Josué y rodeara la ciudad durante siete días.

Después de estos milagros comenzaron una serie de batallas constantes. La enseñanza relaciona este proceso con la autoridad otorgada a los hijos de Dios para vencer a sus enemigos y destaca la armadura de Dios y la espada del Espíritu, identificada como la palabra de Dios.

¿Qué representa la tierra que queda por conquistar?

Cuando Josué ya era avanzado en años, Dios le indicó que todavía quedaba una gran cantidad de territorio por conquistar. La edad no exime de tener metas pendientes, porque el proceso de conquista se presenta como una realidad aplicable a la vida personal.

El territorio que quedaba por conquistar representa simbólicamente el corazón, el cuerpo y la mente de las personas. La mente es identificada como el lugar donde se desarrolla la guerra, razón por la que determinadas áreas de la vida pueden permanecer sin ser conquistadas a pesar del paso de los años.

La conquista es, por tanto, un proceso continuo. La enseñanza recuerda también el espíritu de Caleb y su actitud ante la tierra prometida.

¿Cómo tener la fe y actitud de Caleb ante los gigantes?

Caleb informó a Moisés sobre la tierra prometida basándose en lo que sentía en su corazón y no únicamente en lo que sus ojos veían. Mientras los otros espías se concentraron en la presencia de los gigantes, Caleb consideró que eran como pan para ellos.

Caleb se distinguió porque siguió plenamente al Señor, mientras que los demás espías atemorizaron al pueblo. Como recompen

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