De atada a las adicciones a misionera
El testimonio de Maite Castellá: De la adicción al servicio misionero
Infancia y búsqueda de sentido
Maite Castellá es una misionera que ha recorrido medio mundo y ha dedicado gran parte de su vida al voluntariado en la Iglesia Cuerpo de Cristo y en la ONG Remar. Su historia comenzó hace 37 años, cuando llegó a Remar después de haber pasado 11 años atrapada en el consumo de drogas. A pesar de haber crecido en una familia amorosa y estable, Maite sentía un vacío interior y no encontraba su lugar en el mundo, lo que la llevó a relacionarse con personas que no eran buenas influencias y, eventualmente, a caer en las drogas. Su búsqueda de pertenencia y sentido la condujo por un camino de destrucción, incluso sin falta de apoyo familiar.
Conflictos familiares y el inicio de la adicción
La relación con su familia se volvió difícil, y Maite ignoraba las advertencias de sus padres sobre los peligros de consumir drogas y mezclarse con ciertas personas. Esta situación derivó en una vida de delincuencia, robo y consumo de sustancias como marihuana y heroína. Finalmente, fue expulsada de su hogar, cerrándole todas las puertas, hasta que alguien le habló del Evangelio y del centro cristiano Remar, lo que le ofreció una alternativa de cambio.
Transformación en Remar
Al llegar a Remar, Maite encontró un grupo de cristianos que la recibieron con amor, sin reproches ni juicios. Aunque inicialmente solo planeaba quedarse 15 días, su estancia en el centro transformó radicalmente su vida. Durante ese tiempo, experimentó un profundo arrepentimiento y un cambio interior, especialmente tras participar en reuniones cristianas donde sintió el amor y la alabanza de la comunidad. Este proceso le permitió superar su adicción y encontrar un propósito más elevado gracias a la gracia que recibió de Dios.
Encuentro con Dios y nueva vida
El encuentro con el Señor marcó un antes y un después en la vida de Maite. Dejó atrás su pasado de adicciones y delincuencia y encontró un nuevo propósito: servir a los demás. A diferencia de muchas personas que recaen tras intentar dejar las drogas, Maite experimentó una transformación duradera, sorprendente incluso para médicos, psicólogos y psiquiatras que habían atendido su caso. Su enfoque en ayudar a otros hizo desaparecer sus propios complejos y problemas, llenando su corazón y dándole un sentido profundo de propósito.
Llamado a las misiones
Durante su etapa inicial de servicio, Maite dirigió un centro para chicas en Bilbao. Fue entonces cuando un grupo de hermanos ingleses le profetizó que iría a las naciones y se convertiría en restauradora, un llamado que la sorprendió considerando que llevaba apenas dos años de vida transformada. Posteriormente, se casó con Valen, quien también había superado un pasado difícil, y juntos decidieron responder al llamado de servir en las misiones.
Trabajo misionero en Nicaragua
El trabajo misionero de Maite y Valen comenzó en Nicaragua, considerado en ese momento uno de los países más necesitados. Allí enfrentaron la pobreza extrema, la falta de recursos y la miseria de los niños que caminaban desnudos y descalzos. Sin embargo, a través de la oración, el ayuno y la perseverancia, lograron encontrar personas dispuestas a colaborar, incluyendo un hombre vinculado a la familia presidencial que aportó apoyo financiero constante. Esto permitió abrir casas para niñas y niños, brindándoles cuidado, alimentación y un entorno seguro. Entre los rescates más impactantes se encuentra el de dos hermanitos encontrados en un basurero, quienes fueron posteriormente adoptados por la embajadora de la República Dominicana, asegurándoles una vida plena y protegida.
Expansión del ministerio en Perú
Después de su labor en Centroamérica, Maite continuó su ministerio en Perú, atendiendo a mujeres y niños en situaciones de maltrato, abuso sexual, miseria y hambre. Establecieron centros en diversas ciudades como Arequipa, Cusco, Tacna y Trujillo, recibiendo reconocimiento y apoyo del gobierno, además de proporcionar asistencia en emergencias como inundaciones. El trabajo con personas heridas emocionalmente fue desafiante, pero Maite enfatiza que el componente espiritual es lo más importante, ya que la verdadera transformación y sanidad solo se logra a través del encuentro con Dios.
La importancia de la oración y la lucha espiritual
Maite destaca la importancia de la lucha espiritual, la oración y el ayuno como herramientas fundamentales para avanzar en el ministerio. La obra de Remar ha sido un testimonio de labor sobrenatural y espiritual, llegando a más de 70 países y superando obstáculos incluso en tiempos de crisis. Su legado se refleja en las innumerables vidas transformadas y en la continuidad de la obra más allá de las épocas de dificultad.
Impacto y legado del ministerio
Además, Maite resalta que la voluntad de Dios guía la vida de las personas y que, aunque las circunstancias cambian, lo sembrado en la obra espiritual permanece. Relata el ejemplo de una familia siria musulmana que se convirtió a Cristo y vio transformaciones en su entorno, demostrando que la oración y el testimonio pueden generar cambios profundos incluso frente a amenazas y persecuciones.
Conclusión y llamado a la acción
El testimonio de Maite Castellá invita a seguir llevando esperanza, consuelo y ayuda a quienes lo necesitan, siendo vasijas útiles en manos de Dios. Su vida es un ejemplo de transformación, servicio y dedicación, y su historia inspira a conocer y apoyar la obra de Remar, que continúa su labor en más de 70 países, brindando amor, cuidado y restauración a quienes más lo necesitan.

