Devocional Diario con Derek Prince #9 // Somos familia

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La familia espiritual en el Nuevo Testamento

En el Nuevo Testamento, la referencia al pueblo de Dios se hace de manera más común mediante el título de hermanos, lo que enfatiza la relación como una familia espiritual. Esta forma de identificación no solo refleja unidad, sino también una conexión íntima y afectiva entre los creyentes. Pablo lo expresa claramente en Efesios 2:18, donde afirma que por medio de Jesús, los creyentes tienen acceso al Padre “por un mismo Espíritu”, resaltando la idea de que todos comparten una misma relación familiar con Dios.

De extranjeros a miembros de una familia

El resultado de esta nueva relación con Dios es transformador. Ya no se considera al creyente como un extranjero o advenedizo, sino como conciudadano de los santos y miembro de la familia de Dios. Esto se menciona en Efesios 2:19, donde se utiliza el término “casa” para describir esta pertenencia. Sin embargo, en el lenguaje contemporáneo, la palabra familia resulta más clara y significativa, pues expresa mejor la cercanía y el sentido de pertenencia que se obtiene al formar parte del pueblo de Dios.

Padre y familia: una conexión lingüística y espiritual

La composición de la familia de Dios se determina por la relación que sus miembros mantienen con el Padre. En el griego del Nuevo Testamento, existe una similitud notable entre las palabras padre y familia. La palabra para padre es pater y la palabra para familia es patria, que deriva directamente de pater. Esta relación lingüística no es casual, sino que subraya que la familia espiritual de Dios nace del vínculo con el Padre.

La oración de Pablo: la familia que toma nombre del Padre

Esta conexión se ve claramente en la oración de Pablo en Efesios 3:14-15, donde menciona que dobla las rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, “de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra”. En este pasaje, se evidencia que la familia de Dios no solo existe en la tierra, sino también en el cielo, y que su identidad y nombre provienen del Padre.

Ser parte de la familia de Dios

Tener a Dios como Padre implica ser miembro de su familia. Esta verdad se confirma en la proclamación de que el creyente se ha convertido en parte de la familia de Dios, con acceso directo a Él a través del Espíritu Santo. La relación con el Padre es la base de la pertenencia, y el Espíritu Santo es el mediador que permite esta comunión íntima con Dios.

En resumen, el Nuevo Testamento presenta la fe cristiana no solo como una relación personal con Dios, sino como una nueva identidad familiar, donde todos los creyentes son hermanos y hermanas, unidos por el mismo Espíritu y llamados a vivir como miembros de una misma familia divina.

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