El Calvario por Ángel Jiménez // Poemas Cristianos
Jesucristo en el calvario
puro y santo como era
el cargó con mis pecados
para que yo no muriera.
Le llevaron a la cruz
sus manos atravesaron
igualmente, a sus pies
con los clavos le clavaron
Una corona de espinas
en su cabeza pusieron
un sayón con una lanza
en su constado le hicieron.
¡Cuántos pecados tenía!
Cuando a la cruz Él llegó
sin haber hecho ninguno
con los del mucho cargó.
Fue vejado y escupido
como cualquier malhechor
aún peor él fue tratado
nadie tuvo compasión
Tuvo sed en su agonía
tristeza por abandono
del padre que obedecía
pero demostró ante todos
que era Cristo quien moría.
Cuando al Padre suplicó
que nos perdonara a todos
a pesar de su dolor
después de estas palabras
al padre se encomendó.
Otras pruebas que les daba
que a los tres días
el Cristo resucitaba
cuando fueron al sepulcro
allí el cadáver no estaba.
Había subido al cielo
al poco de esto bajó
a hablar con sus apóstoles
el testimonio les dio
que había resucitado
y era el hijo de Dios.
Cuando los tuvo reunidos
el mandamiento les dio
predicar el evangelio
¡que poder os daré yo!
para que sanéis enfermos
prediquéis la salvación.
al que con fe me reciba
crea en la resurrección
se arrepienta del pecado
ha obtenido mi perdón.
En conclusión, la vida, muerte y resurrección de Jesucristo revelan el más grande acto de amor y redención para la humanidad. Él, siendo puro y sin pecado, cargó con las culpas de todos para ofrecer salvación a quienes creen en su obra y se arrepienten. Su sacrificio en la cruz, su victoria sobre la muerte y la misión encomendada a sus apóstoles muestran que su mensaje trasciende el tiempo y sigue vigente hoy. La resurrección no solo confirma su divinidad, sino que también abre el camino hacia el perdón y la vida eterna para todo aquel que lo recibe como Señor y Salvador. Así, la victoria de Jesucristo continúa siendo esperanza viva para cada corazón que confía en él.

