El plan original de Dios para tu vida // Miguel Díez
El plan de Dios para la humanidad
Dios desea restaurar su plan creacional original, un plan en el que la humanidad viva en comunión con Él y refleje Su gloria en la tierra. Su propósito es formarnos a Su imagen y semejanza, no solo físicamente o en apariencia, sino en carácter, amor y justicia. Esto significa que nuestra vida debe ser un testimonio constante de Su santidad y de Su poder transformador. Dios nos llama a ser reyes y sacerdotes, administradores de Su creación, con autoridad espiritual y responsabilidad ética. Además, nos invita a llevar su evangelio, su reino y su justicia a todo lugar, siendo luz en medio de la oscuridad. La bendición divina llega cuando dejamos atrás nuestra naturaleza caída, renunciando al egoísmo y al pecado, y adoptamos la imagen de Dios, viviendo de acuerdo con sus principios. Este llamado incluye fructificar, multiplicarnos y llenar la tierra, no solo biológicamente, sino también espiritualmente, extendiendo el impacto del reino de Dios a cada rincón del mundo.
El llamado y el ministerio del autor
El autor recuerda con claridad sus inicios en el ministerio, cuando Dios lo llamó a predicar y buscar a los perdidos. Desde el principio enfrentó oposición, incluso de otros pastores que temían perder control sobre sus congregaciones y limitar su crecimiento. A pesar de ello, comprendió que la pasión y el compromiso total con Cristo son esenciales para cumplir su llamado, y advirtió sobre los peligros de la tibieza y la mediocridad. Su primera predicación fue un momento de gran milagro, donde diez personas recibieron sanidad, incluyendo a su esposa y a su cuñada con tuberculosis de ovario. A lo largo de los años, su ministerio de sanidad ha tocado a miles de personas, aunque reconoce que algunas enfermedades requieren mayor intervención divina y paciencia. Él y su esposa iniciaron el ministerio en Mendiola, enfrentando persecución y rechazo durante más de una década. Sin embargo, tras una experiencia profética en la que comprendió que su iglesia era parte de la iglesia de Cristo, lograron expandir su mensaje a través de radio y televisión, alcanzando a miles más y finalmente reconciliándose con quienes los habían acusado injustamente.
El crecimiento de la iglesia
El crecimiento de la iglesia no depende de estrategias humanas, sino de la gracia y el favor de Dios. Esta gracia se otorga a los humildes, mientras que el orgullo cierra las puertas a su bendición. La verdadera santificación es un requisito indispensable; sin arrepentimiento sincero, confesión y restauración, el crecimiento espiritual y ministerial es imposible. Así como Dios instruyó a Noé y sus hijos a multiplicarse y llenar la tierra, Jesús nos llama hoy a predicar el evangelio a toda criatura, extendiendo Su reino y justicia. El autor comparte historias de evangelización en ciudades como Bilbao, San Sebastián y Barcelona, incluyendo la atención a personas con problemas graves como drogadicción y exclusión social. Muchas personas no crecen espiritualmente porque miran hacia atrás, viven ancladas en el pasado o se enfocan en sus limitaciones en lugar de avanzar con fe. Los “tapones” son aquellos que ni crecen ni permiten que otros crezcan, bloqueando la expansión del reino de Dios, similar a los escribas y fariseos criticados por Jesús.
La administración de los recursos
El autor y su esposa tomaron decisiones radicales de fe, vendiendo todo lo que tenían y entregándolo al ministerio, confiando en la provisión de Dios. Actualmente, su ministerio posee cientos de casas y propiedades que se utilizan para servir a las personas necesitadas, una práctica que él llama “locura santa”. En su enseñanza, los pastores no deben depender de un sueldo fijo, sino vivir por fe, utilizando lo que Dios les da para ayudar a otros. Mercedes, su esposa, aplica la enseñanza de 1 Timoteo 6, viviendo con lo esencial y evitando la codicia. El amor al dinero se convierte en un obstáculo para el ministerio, mientras que la justicia exige gastar solo lo necesario y dirigir los diezmos y ofrendas hacia la obra de Dios y no hacia el beneficio personal. La enseñanza es clara: administrar correctamente los recursos es parte del crecimiento espiritual y ministerial, y el uso responsable de lo que Dios nos da refleja nuestra obediencia y fe.
Obstáculos para el crecimiento
Muchos ministerios y congregaciones no crecen debido a prácticas que alejan a las personas de Dios, como la hipocresía, el humanismo evangélico y la codicia. El orgullo religioso es uno de los mayores impedimentos, y a menudo los líderes religiosos son quienes más obstaculizan el crecimiento de otros. Las divisiones en las iglesias surgen cuando un nuevo ministro demuestra talento y compromiso, y el líder principal siente amenazada su posición o influencia. Jesús nos recuerda que las ovejas son de Él, no nuestras, y que debemos guiarlas con humildad y servicio, no con control o posesión. Para crecer espiritualmente y en número, es indispensable eliminar estas barreras, fomentando un ambiente de colaboración, enseñanza auténtica y amor al prójimo.
El crecimiento espiritual
El crecimiento espiritual requiere un compromiso constante con la fe, la oración y la humildad. La oración nos recuerda nuestra dependencia total de Dios, mientras que el verdadero arrepentimiento es un regalo que solo Él puede otorgar. Seguir a Jesús implica negarse a uno mismo, tomar la cruz diariamente y renunciar a todo lo que nos ata al mundo. Dios ensancha nuestro corazón para amar a otros y multiplicar hijos espirituales, extendiendo su reino a través de nuestra influencia. La pasión por procrear espiritualmente es crucial, incluso para quienes no pueden tener hijos biológicos. La prioridad de un creyente debe ser siempre la familia y la evangelización, obedeciendo al Espíritu Santo en cada llamado. El ministerio efectivo sigue cuatro pasos fundamentales: llamados, escogidos, ungidos y enviados, asegurando que cada acción esté alineada con la voluntad de Dios.
La familia y la evangelización
El ministerio enfatiza la importancia de edificar, habitar, plantar, casarse y multiplicarse, siguiendo el mandato de Jeremías 29:4-7. Actualmente, más de 700,000 personas forman parte de familias santas, con matrimonios sólidos y celebraciones de bodas frecuentes. El autor anima a las mujeres solteras con dones espirituales a servir al Señor junto a sus hijos, confiando en que Dios abrirá la puerta al matrimonio en el momento adecuado. Advierte sobre los riesgos de aferrarse al trabajo, a la comodidad o a bienes materiales, que pueden impedir el crecimiento espiritual y personal. Ser discípulo de Cristo implica dedicación total: salvar, sanar, liberar, alimentar y vestir a los necesitados. La verdadera recompensa no se mide en posesiones, sino en la vida transformada de quienes tocamos a través del ministerio.

Miguel Díez es presidente de la ONG Remar en 68 países y fundador de la iglesia Cuerpo de Cristo.

