El Reino Milenario de Cristo // Palabras Proféticas #74

El Reino Milenario de Cristo // Palabras Proféticas #74

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La derrota final de Satanás y los enemigos de Dios

Con la victoria total de Cristo en la batalla de Armagedón, el último anticristo y el falso profeta serán ejecutados como seres humanos poseídos por demonios que deben morir. La Escritura señala que la bestia y el falso profeta serán lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre, mientras que Satanás será arrojado al abismo. Esta derrota final se describe como un acto de justicia divina que culmina con el juicio sobre los poderes malignos que han gobernado el mundo bajo su influencia.

Satanás será atado por mil años y arrojado al abismo, permaneciendo encerrado para que no pueda interferir en el reino milenial de paz que Dios establecerá en la tierra. La sentencia contra el maligno se relaciona también con la profecía del Leviatán, un dragón que representa al maligno en el mundo entero, cuyo fin está anunciado como parte del plan divino de restauración y justicia.

El encierro milenario de Satanás y el reino de paz

El propósito del encierro de Satanás es permitir que se establezca un periodo de paz total bajo el reinado de Cristo. Durante estos mil años, el maligno no podrá influir ni tentar a la humanidad, y se dará lugar a un reino de justicia y armonía. Los santos del Altísimo recibirán el reino y poseerán la autoridad para gobernar con Cristo, en cumplimiento de la promesa profética de que los fieles participarán en el reinado del Señor para siempre.

Aun después de ser soltado, Cristo y sus santificados seguirán reinando. Sin embargo, en un acto de soberana justicia y para demostrar la naturaleza del libre albedrío humano, el maligno podrá tentar nuevamente a las naciones por un breve tiempo. Esto permitirá que aquellos nacidos durante los mil años de paz ejerzan su libertad de elegir entre adorar al rey eterno o seguir al maligno.

El plan divino para el reino milenario y la prueba final

El plan de Dios para la humanidad incluye un reino milenario de Cristo, durante el cual los fieles reinarán con el Señor en la tierra. Este periodo no solo representa un reinado de paz, sino también una preparación y prueba para los nacidos en ese tiempo. Tras los mil años, Satanás será liberado para tentar a estas personas y permitirles decidir por sí mismos a quién servir, poniendo a prueba su fidelidad y su decisión de amar y obedecer al Dios eterno.

En la culminación de esta prueba, Satanás saldrá a engañar a las naciones en los cuatro ángulos de la tierra para reunir un ejército en contra del pueblo de Dios. Sin embargo, el juicio divino será inmediato: Dios descenderá fuego del cielo y consumirá a los rebeldes, y el que los engañaba será lanzado en el lago de fuego y azufre. Este acto marca el cierre definitivo del reinado del mal y el inicio del dominio eterno de Dios.

El evangelio del reino y su proclamación universal

El mensaje que Cristo desea que se predique es el evangelio del reino, no un evangelio limitado a doctrinas humanas o corrientes religiosas específicas. Se trata del evangelio del rey que vino a este mundo a reinar y a expulsar los reinos de Satanás. Este anuncio del reino es central en la predicación de Jesús, y su cumplimiento será el sello final del plan profético divino.

La proyección profética del plan de Dios concluye con la destrucción de Satanás y la bestia, y el establecimiento del reino eterno de los santos. En este reino, todos los dominios servirán y obedecerán al pueblo de los santos del Altísimo, porque su reino es un reino eterno. La proclamación universal del evangelio del reino será la señal definitiva del fin, cuando el mensaje del rey llegue a todas las naciones y el reino de los cielos se acerque.

La ciudadanía celestial y la vida en el reino de Cristo

Para vivir conforme al propósito divino, es fundamental repudiar las ciudadanías terrenales bajo la tiranía de Satanás y aceptar la ciudadanía del reino eterno de Cristo. Esto implica vivir sabiamente y santamente, como verdaderos hijos de Dios, y reconocer que la gracia divina es el motor principal de nuestras acciones. Ser embajadores del rey y ciudadanos de su reino es un privilegio que transforma la vida, orientándola hacia el servicio, la justicia y el amor divino.

El reino perfecto de verdadera paz, amor divino y gozo inmenso es el que Jesucristo trajo al mundo. Este reino no está solo en el futuro, sino que se encuentra entre sus hijos, en medio de ellos y dentro de ellos. Tener la ciudadanía celestial y ser embajadores del rey y de su reino absoluto, perfecto y eterno es el mayor motivo para vivir, pues lo esencial es conocer íntimamente al rey y entrar en su reino.

Recomendación y recursos para profundizar en el reino de Dios

Para profundizar en el entendimiento del reino de Dios, se recomienda leer el libro «Las 12 llaves de oro de la economía del reino de Dios», que ayuda a comprender la importancia de profetizar y entrar en el reino. Además, se invita a los lectores a escribir para aclarar dudas o comentar sobre el tema, fomentando así un crecimiento espiritual más profundo y una comprensión más clara del plan divino.

La prioridad del reino de Dios en la vida del creyente

Buscar el reino de Dios y su justicia es suficiente para darle gloria al rey. Al poner primero el reino en nuestra vida, Dios provee todo lo necesario para nuestro cuerpo, alma y espíritu, y también para el cumplimiento de nuestro ministerio, trabajo, familia y vida en sociedad. Esta prioridad trae la paz de Dios y guía al creyente a vivir con propósito, confianza y esperanza en el reino eterno.

Miguel Díez Portada

Miguel Díez es presidente de la ONG Remar en 68 países y fundador de la iglesia Cuerpo de Cristo.

Conocer aquí la biografía de Miguel Díez

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