Fe, evangelismo y la urgencia del llamado // Miguel Diez DISCIPULADOS CUERPO DE CRISTO

Fe, evangelismo y la urgencia del llamado // Miguel Diez DISCIPULADOS CUERPO DE CRISTO

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La prioridad suprema: la salvación de las almas

La enseñanza comienza afirmando que la salvación de las almas es la obra central que Dios ha encomendado a Su pueblo. Se resalta que, aunque Jesús mandó sanar a los enfermos y ayudar a los necesitados, estas acciones no sustituyen la urgencia de llevar a las personas al arrepentimiento y a la fe. Ningún impío verá el reino de los cielos, y solo aquellos que han sido limpiados por la sangre de Cristo podrán entrar. Por ello, la santidad no es un adorno espiritual, sino una necesidad que solo se obtiene a través de la limpieza del pecado. Evangelizar, entonces, es un acto de amor eterno, mucho más trascendente que cualquier obra temporal.

La necesidad urgente de evangelizar y confesar a Cristo

La valentía para compartir el evangelio se presenta como una responsabilidad ineludible, especialmente con los familiares y amigos que aún no conocen de Cristo. Momentos como la Navidad se describen como oportunidades especiales para declarar que solo Jesús salva y que la salvación del alma es el destino más importante del ser humano. El creyente es llamado a ser instrumento de Dios para llevar la luz a quienes ama, ya que el deseo del Señor es que todos lleguen al arrepentimiento. Se advierte que dedicar tiempo y recursos a obras sociales sin priorizar la salvación es un desperdicio espiritual, porque lo que no se consagra a Dios carece de valor eterno. Incluso los desastres y guerras del mundo son usados por Dios para despertar corazones que necesitan arrepentirse.

La fe como fundamento de la salvación

Se enfatiza que la fe viene por el oír la palabra de Dios, y que este acto de escuchar produce un celo santo en el creyente. El mensaje de Jesús es un regalo precioso que puede ser la única oportunidad para quienes lo reciben. Ignorar este llamado lleva a muchos a vivir sin esperanza, caminando hacia la condenación. Por eso se anima a los creyentes a hablar de Cristo incluso en ambientes donde son los únicos que creen. Los que aman a Cristo reciben fuerza divina para vencer tentaciones, rechazos y afrentas, experimentando gozo en medio de la oposición porque su causa es la verdad del evangelio.

El testimonio y la necesidad de mensajeros

La voluntad de Cristo es la única perfecta y buena, en contraste con las voluntades humanas marcadas por egoísmo, sentimentalismo o religiosidad vacía. Solo Dios puede otorgar el verdadero amor que transforma el corazón. Para invocar el nombre del Señor es necesario creer en Él, pero la sociedad actual intenta eliminar toda referencia a Jesús de las escuelas y universidades. Este borrado espiritual se describe como una estrategia del enemigo para mantener a las personas en ignorancia. Por ello es imprescindible que existan mensajeros dispuestos a predicar. Evangelizar es una obra gloriosa porque Dios usa a personas humanas para alumbrar vidas eternas, un milagro más grande incluso que el nacimiento físico de un hijo.

Evangelización en los contextos personales

El gozo de ver a hijos o nietos recibir la nueva vida en Cristo es descrito como una de las experiencias más profundas y transformadoras. Sin embargo, se subraya que la fe no puede heredarse; cada individuo debe tener su propio encuentro con Dios. Los que anuncian las buenas nuevas son llamados “pies hermosos” en la Escritura, porque llevan la verdadera paz que solo Jesús puede dar. Para cumplir esta misión se requiere estar calzados con la prontitud del evangelio, como enseña la armadura espiritual. La palabra predicada afirma que si se confiesa con la boca y se cree con el corazón que Jesús resucitó, entonces habrá salvación.

Confesar a Cristo y vivir en integridad espiritual

La salvación implica un acto doble: creer con el corazón y confesar con la boca. Jesús advirtió que quien lo niegue delante de los hombres será negado delante del Padre, por lo que es crucial obedecer el impulso del Espíritu Santo y confesar la fe cuando Dios lo ponga en el corazón. No hacerlo enfría la relación con el Señor. También se destaca que el testimonio es indispensable para evangelizar con efectividad: el creyente debe ser una nueva criatura, mostrando los frutos del Espíritu Santo. El evangelio es poder de Dios para salvación, y el creyente no debe avergonzarse de él, sino mantenerse alimentado constantemente por la palabra de Dios.

La parábola del hijo pródigo como ejemplo de restauración

El hijo pródigo representa a quienes se alejan del Padre y malgastan su vida. Cuando reconoció su miseria y recordó la abundancia de la casa paterna, tomó la decisión de regresar. Su padre lo recibió con amor a pesar de su condición. Esto se compara con la realidad de muchos creyentes que han sido una vergüenza para su familia pero han encontrado en Jesús un abrazo que restaura. Este amor recibido impulsa a no avergonzarse del evangelio, sino a sentir la evangelización como una necesidad vital, comparable a respirar o alimentarse.

La comisión divina y el crecimiento del evangelio

La enseñanza afirma que las iglesias que más crecen son aquellas que más oran y evangelizan. La gran comisión dada por Jesús es ir por todo el mundo y predicar el evangelio. La fe surge al oír la Palabra, y la verdadera religión transforma vidas. Se aclara que no fueron solo los judíos quienes llevaron a Cristo a la cruz, sino todos los pecadores del mundo, porque Él entregó Su vida voluntariamente. También se señala que las persecuciones basadas en mentiras y culpas injustas han marcado la historia tanto de judíos como de cristianos.

La transformación mediante la predicación

Los apóstoles, a pesar de ser azotados, salieron gozosos de haber sido considerados dignos de sufrir por el nombre de Jesús. Su obediencia los llevó a predicar diariamente en el templo y en las casas. Hoy se debe usar cada medio disponible —radio, televisión, campañas y reuniones— para cumplir la misma misión. Todo creyente, sin necesidad de títulos, tiene el ministerio de orar y evangelizar de manera gozosa, diligente y valiente, confiando en que Dios unge la obra.

La urgencia de evangelizar en tiempos difíciles

En un tiempo en que la gente ya no soportará la sana doctrina, se deben utilizar todas las herramientas posibles para proclamar el evangelio: mensajes personales, visitas, llamadas, cartas y conversaciones. Algunos serán enviados a lugares donde Cristo nunca ha sido mencionado, porque la evangelización no consiste en hablar a los ya creyentes, sino en llevar la luz a quienes nunca la han recibido. Se recuerda el ejemplo de una mujer católica que, tras escuchar el evangelio, recibió la salvación y fue bautizada en el Jordán, una muestra de que Dios puede usar a cualquier creyente para llegar donde otros no pueden.

La oración como motor de la evangelización

Finalmente, se exhorta al creyente a pedir a Dios pasión por confesar Su nombre y llevar el evangelio con amor. La oración se convierte en el motor que impulsa la obra evangelística, permitiendo insistir con familiares y amigos sin religiosidad, sino con el verdadero amor de Dios. Se agradece el privilegio de ser boca de Dios y llevar Su mensaje de misericordia. El texto cierra con una oración que pide fuerza, perseverancia y gracia para evangelizar a toda criatura, culminando con un Amén lleno de fe.

Miguel Díez Portada

Miguel Díez es presidente de la ONG Remar en 68 países y fundador de la iglesia Cuerpo de Cristo.

Conocer aquí la biografía de Miguel Díez

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