Entrevista en Video de Miguel Díez // ¿Si no trabajas para Dios, para quién trabajas?
Crisis familiar y juventud rebelde
La persona creció en un hogar marcado por la violencia y la inestabilidad. Su padre, exmilitar, atravesó episodios de agresión extrema, llegando a amenazar con dañar a su madre y hermanos. Esta experiencia traumática tuvo un efecto profundo en la infancia y adolescencia, generando sentimientos de inseguridad y desconfianza. La ruptura familiar lo sumió en un estado de rebeldía, cuestionando la autoridad y adoptando una postura atea, buscando respuestas fuera del ámbito religioso y familiar. La falta de modelos positivos en el hogar lo llevó a explorar caminos riesgosos, en un intento de encontrar identidad y sentido en un mundo que parecía injusto.
Descubrimiento del teatro y encuentro con su esposa
Durante su juventud, la persona comenzó estudios de medicina, pero pronto descubrió que su verdadera pasión estaba en la filosofía y el teatro. Su incursión en el arte dramático le permitió canalizar sus emociones y experiencias a través de la creatividad. Participó en obras que impactaron en la escuela de arte dramático de Madrid, destacando por su sensibilidad y talento. Fue en este entorno artístico donde conoció a su futura esposa, invitándola a participar en una obra de teatro escrita por él. La colaboración artística se transformó en vínculo emocional, generando un amor profundo que culminó en matrimonio, uniendo sus vidas tanto personal como espiritualmente.
Vacío existencial y adicción al juego
A pesar de tener una carrera profesional exitosa como director gerente de un hospital en el País Vasco, sentía un vacío profundo que ni el prestigio ni el reconocimiento podían llenar. La sensación de desesperanza lo llevó a desarrollar una adicción al juego, convirtiéndose en un refugio para escapar de su dolor emocional y espiritual. Pasaba noches enteras buscando la emoción del riesgo, mientras trataba de evadir la idea de la muerte y el sentido de la vida. Esta etapa marcó un periodo oscuro, donde el éxito externo contrastaba con un tormento interior que necesitaba urgentemente ser sanado.
El despertar de la fe y la prueba de la hija
La transformación comenzó con la enfermedad grave de su hija menor. La situación provocó un despertar espiritual en su esposa, quien comenzó a orar fervientemente buscando la sanidad de su hija. Paralelamente, los médicos aplicaron un tratamiento de choque que estabilizó a la niña, y este resultado fue percibido como un milagro que fortaleció la fe de la familia. La experiencia mostró que la espiritualidad podía ser un refugio y un camino de esperanza, aunque él inicialmente resistía el llamado a la fe. Este evento se convirtió en un punto de inflexión, sembrando la semilla para un cambio que eventualmente transformaría su vida.
Transformación espiritual y liberación
Tras años de resistencia y negación, llegó un momento de quiebre en el que reconoció la magnitud de su situación y la necesidad de ayuda espiritual. La rendición a Dios, acompañada de oración y apoyo familiar, lo liberó de la adicción al juego y otras conductas autodestructivas. Experimentó paz interior, alegría y un propósito profundo que lo impulsaron a cambiar radicalmente. Esta transformación no solo afectó su vida personal, sino que también lo preparó para dedicar su experiencia al servicio de otros, consolidando su camino hacia un ministerio basado en la sanidad, la liberación y la enseñanza espiritual.
Fundación del ministerio y visión de servicio
Impulsado por su transformación, fundó en 1981 un ministerio en Victoria, adquiriendo una finca de 50 hectáreas llamada Valle para acoger a personas con adicciones y brindarles apoyo integral. Este espacio se convirtió en un lugar de recuperación física, emocional y espiritual, donde las personas aprendían a vivir con propósito y esperanza. Con el tiempo, el ministerio se expandió a ciudades como San Sebastián y Bilbao, y más adelante a nivel nacional e internacional, llevando sanidad, liberación y discipulado a quienes buscaban un cambio auténtico en sus vidas.
La esencia del discipulado y la renuncia a lo material
El ministerio pone al centro la familia y el discipulado, enseñando que formar discípulos comprometidos es más importante que simplemente ganar creyentes. La renuncia a lo material se convierte en un acto de entrega total, siguiendo el modelo de la iglesia primitiva. Los recursos, el tiempo y la vida misma se ofrecen a Dios, entendiendo que el servicio genuino requiere desprenderse del egoísmo y enfocarse en el bienestar de los demás. Esta visión desafía las prioridades comunes de la sociedad moderna, enseñando que la verdadera riqueza está en la fe, la comunidad y la entrega desinteresada.
Liderazgo y motivación auténtica
El liderazgo en este ministerio se fundamenta en el amor y la entrega total a Dios, evitando la ambición y el deseo de control. Un buen líder cristiano se mide por su disposición a servir y sacrificarse por los demás, siguiendo el ejemplo de Jesucristo. El ministerio enseña que la verdadera motivación no es el crecimiento numérico, sino la transformación de vidas y la formación de discípulos que puedan a su vez multiplicar el amor de Dios. La autenticidad y la integridad son valores esenciales para quienes buscan guiar a otros en el camino espiritual.
Comunidad cristiana original y renuncia
Se rescata la práctica de la comunidad cristiana primitiva: compartir bienes, vivir en unidad y servir a los necesitados sin esperar recompensas. La renuncia a lo material no solo es un acto de fe, sino un medio para experimentar la verdadera libertad espiritual. Este modelo desafía la mentalidad individualista y promueve la solidaridad, mostrando que el mayor milagro no es la conversión masiva, sino la capacidad de vivir según los principios de entrega, amor y servicio a los demás.
La llamada a seguir a Jesús
Seguir a Jesús implica una entrega total: dejar atrás posesiones, seguridades y ambiciones personales para vivir en obediencia y fe. La prueba del amor a Cristo se manifiesta en la valentía para enfrentar dificultades y en la capacidad de servir sin esperar nada a cambio. Este compromiso profundo es la base del verdadero discipulado y permite experimentar la plenitud del Reino de Dios, mostrando que la entrega personal es la verdadera medida de la fe.
El nuevo nacimiento y la plenitud del Espíritu Santo
El discipulado auténtico requiere nacer de nuevo y ser llenos del Espíritu Santo, lo que permite vivir una vida santa, transparente y comprometida con Dios. La plenitud espiritual se traduce en acciones concretas: servicio, amor genuino, entrega total y formación de nuevos discípulos. Este nuevo nacimiento es la base para desarrollar una vida que refleje la perfección de Cristo y la misión de transformar a otros mediante el ejemplo y la acción.
Misión y llamado a la acción
El ministerio enfatiza la necesidad de obreros comprometidos, especialmente en contextos difíciles como Venezuela. Se insta a los creyentes a abandonar estructuras corruptas, priorizar el Reino de Dios y extender su amor y justicia mediante un servicio activo y desinteresado. Los discípulos se convierten en instrumentos de cambio, llevando sanidad, liberación y esperanza a comunidades necesitadas, demostrando que la verdadera misión cristiana es transformar vidas a través de la entrega y la obediencia a Dios.

Miguel Díez es presidente de la ONG Remar en 68 países y fundador de la iglesia Cuerpo de Cristo.

