¿Por qué existo? // Testimonio Impactante

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Un programa para contar lo que Dios hace en las vidas

El programa “De corazón a corazón” nace con un propósito claro: expresar con sencillez y verdad lo que Jesucristo es capaz de hacer en la vida de las personas. No busca exaltar a quienes cuentan su historia, sino compartir experiencias reales, profundas y auténticas, que reflejen la obra de Dios en medio de situaciones complejas y humanas.

En este episodio, el tema central gira en torno a quienes han tomado decisiones equivocadas, se han perdido en el camino o se han confundido, pero hoy buscan una respuesta, un cambio y una oportunidad de volver a empezar.

Alejandra Burgos y sus orígenes familiares

La invitada del día es Alejandra Burgos, oriunda de la provincia de Salta, en el norte de Argentina. Creció en una familia ensamblada y atravesada por divorcios previos. A pesar de ese contexto, Alejandra recuerda su infancia como una etapa feliz, marcada por el amor, el cuidado y la contención de sus padres y hermanos.

Siendo la única hija de la relación entre su madre y su padre, y con una gran diferencia de edad respecto a sus hermanos, pasó gran parte de su niñez prácticamente sola con sus padres. Aunque se sintió amada, desde muy pequeña experimentó una profunda inquietud interior y un deseo constante de comprender quién era y cuál era el sentido de la vida.

Una búsqueda temprana de identidad

A los 10 años, su padre le regaló el libro El mundo de Sofía, una obra de filosofía para niños que despertó en ella preguntas existenciales profundas: quién era, para qué estaba en el mundo y cuál era su propósito. Aunque compartía estas inquietudes con sus padres, ellos pensaban que era una etapa pasajera.

Alejandra creció en un hogar que se consideraba católico, aunque no practicante. Había sido bautizada y había hecho la comunión, pero sentía que los rituales no respondían a sus preguntas más profundas. Asistía a misa y a las clases sin verdadero interés, hasta que una situación familiar cambiaría su historia.

La adicción de su hermano y el impacto en el hogar

Uno de los momentos más difíciles de su infancia fue la adicción de su hermano, quien comenzó a consumir drogas a los 14 años. Durante una década estuvo atrapado en la drogadicción, consumiendo Paco, una droga altamente destructiva, lo que lo llevó al deterioro físico, moral y a la cárcel.

Su madre luchó incansablemente por ayudarlo, internándolo en diferentes oportunidades, mientras enfrentaba obstáculos legales y familiares. La situación generó una enorme tensión en el hogar y marcó profundamente a Alejandra, que era apenas una niña cuando todo sucedía.

Un milagro inesperado y el comienzo de la fe

Cuando su hermano decidió pedir ayuda y se fue a Córdoba para rehabilitarse, Alejandra sintió alivio, pero también incredulidad. Sin embargo, al año regresó transformado. Su cambio fue tan evidente que impactó profundamente a toda la familia.

El hermano comenzó a compartir la Palabra de Dios en la casa todos los jueves. Al principio, Alejandra se mostraba resistente, pero el testimonio vivo de su hermano despertó en ella curiosidad. Quiso conocer a ese Dios que había logrado lo que parecía imposible.

A los 14 años, encontró en Jesucristo las respuestas que había buscado durante cinco años. Descubrió su identidad en Él y comprendió que había sido creada con un propósito.

Enamorarse de Dios y vivir la fe

A partir de ese encuentro, Alejandra comenzó a profundizar su relación con Dios. Se enamoró del Señor, aunque al principio le daba vergüenza escuchar alabanzas y lo hacía en secreto. Una canción, Majestad de Rey de Reyes, marcó su entrega definitiva.

La vida en la iglesia la cautivó por la alegría, el canto y la vida que percibía en la congregación. Comenzó a asistir de manera constante y a servir. Su transformación fue tan evidente que su padre, sorprendido, la veía levantarse cada mañana a las 5:30 para leer la Biblia y orar.

El llamado misionero y la oposición familiar

Desde joven, Alejandra sintió el deseo de ser misionera. Investigó institutos bíblicos y soñó con dedicar su vida al servicio de Dios. Sin embargo, su padre deseaba para ella una carrera tradicional y estable, como abogacía.

A pesar de las resistencias, decidió inscribirse en un instituto bíblico en Buenos Aires. Cuando todo parecía encaminarse, una tragedia sacudió su vida.

La muerte del padre y una crisis profunda

En marzo, mientras se preparaba para comenzar sus estudios, su padre falleció en un accidente camino al trabajo. Su muerte trajo un profundo dolor, problemas económicos, conflictos familiares y una gran confusión emocional.

Alejandra tuvo que comenzar a trabajar, su hermano atravesó una recaída y la familia se fragmentó. En medio del dolor, se enojó con Dios y se alejó de la fe, volviendo al ateísmo y a la filosofía, aunque nunca negó completamente la existencia de Dios.

Prosperidad externa y vacío interior

Con el tiempo, logró estabilidad económica, abrió su propio negocio y comenzó a viajar. Sin embargo, la prosperidad no llenó el vacío interior. Se sentía muerta por dentro, insegura y temerosa. Descubrió que el dinero se había convertido en un ídolo y que la verdadera necesidad era espiritual.

La pandemia y la crisis económica en Argentina profundizaron su ansiedad, hasta que sufrió un fuerte ataque que marcó un punto de quiebre.

El regreso a Dios y el proceso de sanidad

En medio de la angustia, Alejandra volvió a clamar a Dios. Le pidió paz y amor, y decidió regresar a Sus caminos después de siete u ocho años de alejamiento. El proceso no fue inmediato, pero comenzó una profunda sanidad interior.

Pudo hacer el duelo por su padre, aceptar la pérdida y entregar a Dios miedos, heridas y resentimientos. Durante dos años, lloró lo que no había llorado antes y encontró en el Señor su refugio y su paz.

Servir al prójimo como respuesta

Movida por el amor de Dios, comenzó a ayudar a otros. Primero repartiendo comida en el centro de la ciudad, luego involucrando a su familia y finalmente sirviendo como voluntaria en una institución de cuidados paliativos para personas con cáncer terminal.

Esa experiencia la confrontó con la fragilidad de la vida y le enseñó a valorar lo verdaderamente importante: los vínculos, el perdón, la paz con Dios y con los seres queridos.

La decisión final y una vida sin arrepentimientos

Después de ese proceso, Alejandra comprendió que no se arrepentiría de dar su vida al Señor. Esa certeza se convirtió en el fundamento de su decisión de ser misionera.

Actualmente, lleva nueve meses en España, cumpliendo el deseo que Dios había sembrado en su corazón desde su adolescencia.

Un mensaje de esperanza

El testimonio de Alejandra refleja que Dios es rico en misericordia, que espera siempre el regreso de Sus hijos y que nunca es tarde para volver. La vida no se mide por bienes materiales, sino por la paz con Dios y con las personas que amamos.

El mensaje final invita a abrir el corazón, a no postergar decisiones importantes y a recordar que Jesucristo sigue transformando vidas, restaurando familias y ofreciendo descanso a quienes están cansados y cargados.

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