Hacedores de la palabra: viviendo una fe activa // Ramon Ubillos
Introducción: Más allá de las palabras
En Mateo 23:2-7, Jesús critica a los escribas y fariseos, quienes enseñaban la ley pero no la practicaban. Ataban cargas pesadas sobre otros sin moverlas ellos mismos. Este pasaje nos recuerda que la fe no se trata solo de palabras, sino de acciones que reflejen el amor de Dios. El mundo está cansado de discursos vacíos, y la iglesia necesita acciones concretas que manifiesten la verdad del evangelio.
La necesidad de acciones concretas en la iglesia
El evangelio requiere personas que hagan y no solo opinen. Como dice la Escritura, Dios puso el fundamento; ahora es necesario construir sobre él con acciones tangibles. A menudo, en la iglesia, muchos observan y pocos actúan. La iglesia no debe ser un lugar para “calentar el banco”, sino un espacio donde los creyentes se involucren activamente en transmitir el mensaje de Dios a los demás.
Ser hacedores de la palabra
La Biblia nos enseña que Dios puede usar a quienes parecen menos aptos para hacer grandes cosas por gracia. La fe debe manifestarse en obras de misericordia: sanar a los enfermos, ayudar a los necesitados y llevar esperanza a quienes lo requieren. Como dice Santiago 1:22-23, no basta con ser oyente de la palabra, sino que debemos ponerla en práctica, convirtiéndonos en fuentes de bendición.
Evitando la hipocresía: vivir la fe
La fe verdadera se refleja en acciones, no en gestos vacíos. La hipocresía ocurre cuando decimos una cosa y hacemos otra. Por ejemplo, no podemos proclamar el Salmo 23 mientras vivimos en dificultades sin movernos para mejorar nuestra situación o la de otros. La práctica de la fe es fundamental para transmitir los principios de la verdad a quienes nos rodean.
Ejemplos de fe activa
La experiencia de vivir la fe se manifiesta en acciones concretas:
- Ayudar a los enfermos y necesitados.
- Compartir con los demás más allá de lo que nos piden.
- Actuar con humildad y reconciliación en conflictos.
Jesús mismo es ejemplo de esto, ya que no solo enseñó, sino que sanó, sirvió y transformó vidas con acciones tangibles. La fe sin obras es, como dice Santiago 2:14-22, muerta en sí misma.
La humildad como motor de la acción cristiana
Seguir a Cristo implica humillarse y servir a los demás. Quien desea ser grande debe hacerse pequeño, siguiendo el ejemplo de Jesús, que se humilló hasta lo sumo para luego ser exaltado. La práctica de la humildad y la servidumbre es clave para vivir una fe activa y transformadora.
Cumpliendo lo prometido: coherencia entre palabra y acción
La Biblia enfatiza la importancia de cumplir lo que se promete (Eclesiastés 5:4-6, Gálatas). La solvencia espiritual y el testimonio cristiano se fortalecen cuando nuestras acciones acompañan nuestras palabras. Dios se glorifica en aquellos que hacen más de lo que se comprometen a hacer, mostrando un evangelio vivo y confiable.
Llamado a la acción
El evangelio requiere acción. Quienes sienten el llamado de Dios deben responder con hechos, no solo palabras. Vivir la fe es dejar de lado la teoría y practicarla día a día: en la oración, en la asistencia a la iglesia, en la ayuda a los necesitados y en la demostración de amor y gracia. La prueba de la fe se da en obras más que en discursos, y honrar el evangelio significa reflejarlo en nuestra vida.
Conclusión
La verdadera fe se manifiesta en acciones concretas: servir, amar, ayudar y perdonar. No basta con declarar la palabra de Dios; debemos vivirla. Ser hacedores de la palabra nos permite transformar vidas, glorificar a Dios y establecer Su reino en la tierra. La invitación es clara: actuar con humildad, compromiso y amor, dejando que la gracia de Dios se vea en nuestras obras.

