Viviendo bajo la unción del Espíritu Santo // Ramón Ubillos
La unción de Dios es un regalo divino que trasciende cualquier distinción humana. Desde el gran acontecimiento de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo descendió sobre los 120 discípulos en el aposento alto, la unción dejó claro su propósito: ser derramada sobre toda carne. Pedro, al explicar este evento, cita al profeta Joel, recordándonos que Dios desea que todos sus hijos sean partícipes de su Espíritu y profeticen, sin importar su posición o ministerio (Hechos 2:16-18).
La Unción es para Todos
El propósito de Dios no es limitar la unción a ciertos “ungidos” dentro de la iglesia, sino que sea accesible a cada creyente. La diferencia ministerial no radica en quién recibe la unción, sino en los dones específicos que cada uno obtiene para cumplir un propósito particular. Así como los 120 discípulos fueron llenos del Espíritu Santo, todos estamos invitados a recibir esta unción que nos empodera y nos conecta con lo alto.
Es fundamental comprender que la unción de Dios es personal y universal. Cada creyente tiene la responsabilidad de buscarla y utilizarla para cumplir la obra de Dios. La historia de los hijos de Esgueva, que fracasaron al intentar expulsar a un endemoniado por no buscar la unción, ilustra la importancia de no depender de otros para actuar en el poder del Espíritu. La gracia y la unción de Dios son más universales que cualquier producto conocido, pues están disponibles para todos.
Experiencias Personales y Fe
Recibir la unción de Dios implica una actitud de fe y apertura. Por ejemplo, tras asistir a conferencias de Daniel del Bequio en Barcelona, algunos han experimentado dones de sanidad y la manifestación palpable del poder de Dios. Más de 40 años de predicación muestran que, con la unción, no es necesario planificar en exceso: el Señor dirige nuestras palabras y acciones, y su bendición fluye naturalmente.
Ser santo es clave para recibir la unción, y Dios puede usar a cualquiera para cumplir su propósito, desde los considerados más humildes hasta los más preparados, como Saulo de Tarso. Reconocer nuestra unción nos permite vivir con satisfacción, alegría y el cumplimiento de nuestro propósito divino, tal como lo experimentan los evangelistas ungidos por Dios.
Actitud Correcta para Recibir al Espíritu Santo
Recibir al Espíritu Santo requiere amor y disposición, como cuando recibimos un huésped en casa. Debemos recibirlo con gozo y atención, invitando su presencia en nuestra vida y deseando escuchar su guía. La actitud correcta es decir: “Señor, qué privilegio tenerte en mi vida”, mostrando un anhelo genuino por ser instrumento de su poder.
La libertad y la generosidad por sí solas no bastan; debemos pedir a Dios que actúe en nosotros y a través de nosotros. La unción del Santo no se obtiene por méritos, sino por gracia inmerecida, y con ella viene la responsabilidad de hacer un buen uso de este regalo divino.
Manifestaciones del Espíritu y Dones
La unción se manifiesta a través de diversos dones del Espíritu, como palabra de sabiduría, palabra de ciencia, fe, sanidades, milagros, profecía, discernimiento de espíritus, lenguas e interpretación de lenguas (1 Corintios 12:7-11). Cada creyente recibe un don específico para edificación propia y de otros. Es importante practicar y reconocer nuestro don, y no desanimarnos si el resultado inicial no es perfecto, confiando siempre en la dirección de Dios.
Conclusión e Invitación
Dios ofrece unción y dones para que cada creyente pueda cumplir su propósito, experimentar la plenitud de su gracia y ser un canal de bendición para los demás (2 Corintios 9:8). A veces, los conflictos personales o complejos nos impiden recibirla plenamente, pero Dios nos llama a ser instrumentos continuos de su obra, no para un momento aislado, sino para toda la vida.
La invitación es clara: recibamos al Espíritu Santo con alegría, humildad y fe. Digamos: “Bienvenido, Espíritu Santo”, para ser llenos de su presencia, poder y gracia, y así ser usados por Dios para hacer cosas que naturalmente no podríamos y ser bendición para otros.

