La familia de Dios // Estamos Contigo
El comienzo del año y las bodas benditas
El inicio de un nuevo año se vive con alegría y gratitud por la gracia y la bendición de Dios. Este comienzo se compara con el inicio de un curso ministerial o escolar en el que Cristo es el gran maestro que guía a su pueblo. Con esta perspectiva, cada año representa una nueva oportunidad para crecer en fe, en servicio y en comunión con Dios.
En este contexto de gratitud también se celebra la alegría de las bodas dentro de la familia. La boda del nieto primogénito marca un momento especial, y se esperan muchas más bodas en el futuro. Estas uniones son particularmente significativas cuando se forman entre hijos e hijas de pastores o creyentes comprometidos, ya que pueden caminar juntos en una misma visión espiritual y servir a Dios como equipo.
Un matrimonio basado en la misma fe y propósito permite que los cónyuges avancen unidos en el camino cristiano. El amor de Cristo se convierte en el fundamento que mantiene esa unión firme y eterna. Las bodas benditas representan el nacimiento de nuevas familias que se integran a la familia eterna de Dios.
Además, existe un anhelo de que estas familias tengan hijos, ofreciéndolos a Dios como parte de su propósito. Esto contrasta con la tendencia actual de muchas personas que prefieren no tener hijos, mientras que en la visión cristiana los hijos son una bendición y una extensión del reino de Dios.
Fundamentos del matrimonio cristiano
Dentro de esta enseñanza se afirma que un matrimonio sin hijos se asemeja a un jardín sin flores. Los hijos son considerados ciudadanos potenciales del reino de los cielos y futuros servidores de Dios. Cada familia que crece contribuye al fortalecimiento del ministerio y a la expansión del mensaje divino.
Por ello se enseña que un hijo de Dios no debe unirse en matrimonio con alguien que no comparte la misma fe. Una hija de Dios tampoco debería casarse con alguien que aún permanece en sus delitos y pecados. El matrimonio cristiano se concibe como la unión de dos personas que han sido transformadas por Dios y que desean caminar juntas en obediencia.
Las familias benditas forman parte de la gran familia santa de Dios. Son muchas las familias que, establecidas por el Creador, participan en su plan divino. Estas familias constituyen la base sobre la cual se desarrolla el propósito eterno de Dios.
La historia de Jacob y el altar de Dios
En la enseñanza se recuerda el episodio bíblico en el que Dios le ordena a Jacob que se levante y vaya a Betel. Allí debía permanecer y construir un altar al Dios que se le había aparecido cuando huía de su hermano Esaú.
Antes de dirigirse a ese lugar sagrado, Jacob pidió a todos los que estaban con él que abandonaran los dioses ajenos y se purificaran. Los ídolos y los zarcillos fueron escondidos bajo una encina, simbolizando el abandono de la idolatría.
Este acto de obediencia trajo protección divina. El terror de Dios cayó sobre las ciudades cercanas, impidiendo que persiguieran a los hijos de Jacob. La bendición de Dios se manifiesta en aquellos que renuncian a la idolatría, obedecen su voz y levantan un altar para adorarlo.
Betel, que significa “casa del pan”, representa el lugar donde Dios se revela y donde el ser humano encuentra alimento espiritual. Es un símbolo del lugar donde nace el pan del cielo.
El amor sacrificial en el matrimonio
El amor verdadero dentro del matrimonio se presenta como un amor sacrificial. Implica renunciar a los deseos egoístas, a los pensamientos humanos y a las mentiras del mundo. En su lugar, los esposos se entregan delante de Dios y se consagran mutuamente en el amor divino.
La boda representa ese momento de entrega total. El hombre y la mujer se dan el uno al otro como un acto de consagración. Para ello, ambos deben acercarse al altar con un corazón limpio, libres de ídolos y de relaciones que contaminen el compromiso.
Por eso se habla de venir vestidos de blanco, símbolo de pureza. De la misma manera que la iglesia se prepara para la boda con Cristo, las parejas deben comenzar su matrimonio en santidad y sinceridad.
Un matrimonio bendito implica sacrificio. Así como Cristo formó su iglesia entregándose por ella, los creyentes también deben sacrificar todo aquello que estorba su relación con Dios para vivir bajo su bendición y protección.
La protección divina contra los enemigos
Cuando una persona vive en obediencia a Dios, su presencia se convierte en protección. Se afirma que Dios pone temor en los enemigos de quienes lo siguen, de modo que estos huyen al percibir la presencia divina.
Los adversarios no pueden resistir la presencia de Dios si no se arrepienten y buscan perdón. De esta manera, la obediencia y la fidelidad generan una cobertura espiritual que protege a los creyentes.
También se menciona la esperanza futura de las bodas del Cordero, descritas como una gran fiesta celestial que durará siete días. Esta imagen representa una celebración llena de gozo y alegría eterna.
La parábola de la cena y las bodas del Cordero
Se recuerda la parábola de la gran cena en la que un hombre preparó un banquete e invitó a muchos. Sin embargo, los invitados comenzaron a excusarse con diferentes pretextos: uno había comprado una hacienda, otro había adquirido bueyes y otro acababa de casarse.
Estas excusas provocaron el enojo del anfitrión. Como respuesta, ordenó que trajeran a los pobres, a los mancos, a los cojos y a los ciegos para llenar su casa. Posteriormente envió a sus siervos a los caminos y a los vallados para invitar a más personas.
La enseñanza de esta parábola muestra el rechazo de muchos hacia la invitación divina. Rechazar una invitación a una boda es considerado un desprecio al novio, a la novia y al padre del novio.
En este caso, la boda representa la unión del Hijo de Dios con su iglesia. La invitación es especial y prioritaria, pero muchas veces quienes más conocen la religión son quienes más la rechazan, priorizando sus propios intereses antes que la relación con Dios.
La nación de hijos de Dios y su herencia
A pesar del rechazo de algunos, Dios continúa preparando su banquete. Invita a quienes están perdidos, desamparados o despreciados para que participen en la boda de su Hijo.
Los verdaderos participantes son aquellos que han nacido de Dios. No se trata de un nacimiento basado en la sangre o en la voluntad humana, sino en un nuevo nacimiento espiritual. Estas personas tienen un lugar preparado en la mesa del Padre.
La iglesia, como novia de Cristo, se nutre de familias formadas por verdaderos hijos de Dios. Cada familia que vive en fe contribuye a la formación de esta comunidad espiritual.
Los hijos son considerados una herencia de Dios y un fruto del vientre. Se comparan con saetas en manos de un valiente. El hombre que llena su aljaba con estos hijos es considerado bienaventurado, pues está formando futuras generaciones que pueden servir a Dios.
La historia de Pablo y Silas en la cárcel
La historia de Pablo y Silas en la cárcel muestra cómo la fe puede transformar situaciones difíciles. A pesar de estar encarcelados, ambos glorificaban a Dios.
El carcelero, al ver lo ocurrido, se postró ante ellos y preguntó qué debía hacer para ser salvo. La respuesta fue directa: debía creer en el Señor Jesucristo.
El mensaje incluía una promesa poderosa: la salvación alcanzaría no solo al carcelero, sino también a su casa. Después de creer, él y su familia fueron bautizados, mostrando cómo la fe puede impactar a toda una familia.
La promesa de bendición para las generaciones
La enseñanza afirma que las promesas de Dios se extienden a las familias que creen en su palabra. La bendición no se limita a una sola persona, sino que puede alcanzar a generaciones completas.
Se expresa el deseo de que esta bendición continúe incluso con los bisnietos. La Escritura habla de los hijos de los hijos, señalando que el Espíritu de Dios puede permanecer sobre las generaciones futuras.
La fe en las promesas divinas impulsa a las familias a confiar en que Dios seguirá obrando en su linaje.
La familia eterna de Dios y su unidad
Ser parte de la familia eterna de Dios se considera un gran privilegio. Esta familia está formada por personas que han experimentado la salvación y la esperanza de la vida eterna en Cristo.
En contraste, ver familias divididas o enfrentadas produce dolor. La unidad en el mismo espíritu es vista como una bendición que fortalece la vida familiar y la comunidad de creyentes.
La profecía y la justicia de Dios
Se menciona una visión profética en la que todas las familias de las naciones adorarán a Dios. Incluso aquellos que se resisten terminarán reconociendo su autoridad.
La justicia divina se manifestará en la historia humana. Las guerras, las plagas y las calamidades son presentadas como eventos que pueden llevar a las personas a reflexionar sobre su conducta y volver a Dios.
El propósito final es ofrecer a quienes están lejos la oportunidad de ser injertados en la familia divina.
La redención y la misericordia divina
La redención está disponible para quienes reconocen sus pecados y piden perdón. Cristo pagó el precio por las culpas humanas, permitiendo que las personas sean restauradas y reconciliadas con Dios.
Aquellos que aceptan esta redención experimentan un nuevo nacimiento espiritual. Ya no viven solo como seres humanos naturales, sino como hijos de Dios nacidos por el Espíritu.
La formación de la iglesia como templo santo
La iglesia es descrita como un templo espiritual construido sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas, con Jesucristo como la piedra principal.
Cada creyente forma parte de este cuerpo y tiene una función específica. Existen diferentes dones y ministerios, como apóstoles, profetas, pastores, maestros y diáconos, todos trabajando juntos para el crecimiento de la iglesia.
Este crecimiento es un proceso de perfeccionamiento que prepara a la iglesia para su unión final con Cristo.
Oraciones por el crecimiento espiritual
La enseñanza concluye con una oración por el crecimiento espiritual de los creyentes. Se pide que Dios fortalezca a sus hijos en su interior para que Cristo habite en sus corazones.
También se ora para que puedan comprender la grandeza del amor de Cristo, un amor que supera todo conocimiento humano. Este amor debe reflejarse en la vida diaria mediante actos de bondad y servicio.
Los creyentes son exhortados a no cansarse de hacer el bien, especialmente a quienes pertenecen a la familia de la fe. El amor divino no busca recompensa, sino que se expresa libremente en beneficio de los demás.
Conclusión y bendición final
El mensaje concluye con una expresión de gratitud a Dios Padre en el nombre de Jesucristo. Se desea que el Señor bendiga a todos los oyentes y a sus familias.
Finalmente, se despide a la audiencia con la esperanza de reencontrarse en futuros encuentros, confiando siempre en la voluntad de Dios.

Miguel Díez es presidente de la ONG Remar en 68 países y fundador de la iglesia Cuerpo de Cristo.

