La Palabra para Hoy – Juan 3:17
“Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.”
— Juan 3:17
El corazón de Dios está lleno de amor y misericordia para con la humanidad. Dios no se complace en la condenación ni en la pérdida del ser humano. Al contrario, Él mostró la grandeza de Su amor enviando a Su único Hijo para darnos salvación y vida eterna.
En el versículo anterior, la Palabra declara que Dios amó tanto al mundo que entregó a Su Hijo unigénito para que todo aquel que crea en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Ese es el verdadero deseo del Padre: rescatar, perdonar y transformar.
Muchas personas piensan que Dios está esperando castigar al pecador, pero la Escritura enseña que cada persona decide su destino al aceptar o rechazar a Cristo. El que cree en Jesús recibe salvación; pero quien decide vivir lejos de Él permanece bajo condenación.
Es como un paciente que recibe instrucciones claras del médico para salvar su vida, pero decide ignorarlas. No es el médico quien lo destruye, sino sus propias decisiones. Así sucede con el mundo incrédulo: muchos conocen la verdad, escuchan el mensaje de salvación, pero postergan el arrepentimiento y continúan viviendo en pecado.
Hoy Dios te llama al arrepentimiento genuino. Arrepentirse no es solamente sentir tristeza por el pecado, sino abandonar el mal camino y seguir a Jesús con todo el corazón. Creer en Cristo no debe ser solo algo intelectual; debe ser una entrega total donde Él se convierta en tu Salvador, tu Señor y el dueño de tu vida.
No existe un mejor momento que hoy para acercarte a Dios. Su amor aún está extendido para salvarte, restaurarte y darte una nueva vida.
Oración
Señor Jesús, gracias por amarme y venir al mundo para salvarme. Hoy reconozco que necesito de Ti. Perdona mis pecados, limpia mi corazón y ayúdame a vivir conforme a Tu voluntad. Quiero creer en Ti de todo corazón y hacerte el Señor de mi vida. Guíame cada día por Tu camino. Amén.
Que Dios te bendiga grandemente.

