La Palabra para Hoy – Mateo 28:20

La Palabra para Hoy – Mateo 28:20

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Un Evangelio Completo y Equilibrado

La naturaleza humana tiende al desequilibrio. Con frecuencia nos inclinamos hacia un extremo u otro, dejando de lado aspectos esenciales de la vida. Sin embargo, la vida espiritual nos llama a caminar en equilibrio, bajo el dominio propio que produce una relación íntima con Dios. La verdadera templanza consiste en vivir afinados con la voluntad del Señor.

Jesús, antes de ascender al cielo, dejó una misión muy clara a sus discípulos: no solamente anunciar el evangelio y ganar almas, sino también hacer discípulos, enseñándoles a obedecer todo lo que Él había mandado. No una parte, no lo que más nos agrada, sino la totalidad de su enseñanza.

Cuando enfatizamos únicamente un aspecto del evangelio, corremos el riesgo de formar creyentes incompletos. Algunos destacan solamente la fe y esperan que todo se resuelva por medio de milagros. Otros se enfocan exclusivamente en la esperanza y viven esperando que todas las respuestas lleguen cuando Cristo regrese. Mientras tanto, algunos predican únicamente el amor, olvidando que el verdadero amor también corrige, guía y permanece firme en la verdad.

El evangelio de Jesucristo es perfecto porque integra la fe, la esperanza y el amor. La fe nos fortalece para confiar en Dios hoy. La esperanza nos sostiene mientras esperamos sus promesas futuras. Y el amor nos impulsa a vivir obedeciendo a Dios y sirviendo a nuestro prójimo.

Pidamos al Señor que nos ayude a vivir un cristianismo equilibrado, fundamentado en toda su Palabra y no solamente en aquello que nos resulta más cómodo. Así seremos discípulos maduros, capaces de reflejar el carácter de Cristo en cada área de nuestra vida.

Oración:

Padre celestial, gracias por tu Palabra, que es la guía perfecta para mi vida. Ayúdame a conocer y obedecer todo lo que Tú has enseñado. Guarda mi corazón de los extremos y forma en mí una fe firme, una esperanza viva y un amor verdadero. Que mi vida refleje el equilibrio de Cristo y sea de bendición para quienes me rodean. Gracias por tu promesa de estar conmigo todos los días. En el nombre de Jesús. Amén.

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