La Urgencia de Tener Unción de Dios // Miguel Díez
El aceite: símbolo de la presencia de Dios
En la dieta mediterránea y judía, el aceite de oliva es un ingrediente esencial. Así también, en la vida cristiana, el aceite simboliza la unción del Espíritu Santo: sin ella, la Palabra se convierte en letra muerta, carente de poder y sabor (1 Tesalonicenses 1:5). La sal preserva de la corrupción, y el aceite da sabor y fuerza espiritual. Igual que el cuerpo necesita grasas saludables, el alma necesita la unción para mantenerse viva y fortalecida. Vivir sin ella es como alimentarse sin nutrientes: tarde o temprano llega el desgaste.
Vivir en los tiempos finales
El apóstol Juan advirtió: “Hijitos, ya es el último tiempo… ahora han surgido muchos anticristos” (1 Juan 2:18). El espíritu del Anticristo busca socavar la verdad, negar la divinidad de Cristo y mezclar el evangelio con filosofías humanas. La unción nos da discernimiento para distinguir entre lo verdadero y lo falso, y nos capacita para permanecer firmes cuando otros se apartan. En tiempos de confusión, la unción es la brújula que nos orienta hacia la verdad de Cristo.
La fe: el blanco del enemigo
Jesús dijo a Pedro: “Yo he rogado por ti, para que tu fe no falte” (Lucas 22:32). El diablo sabe que si logra robar la fe, todo lo demás se derrumba. Por eso ataca con dudas, desánimo y mentiras. La unción fortalece la fe y nos conecta con la intercesión de Cristo, quien ora por nosotros día y noche. Sin la unción, enfrentamos la vida con nuestras fuerzas; con ella, caminamos en la fuerza del Espíritu.
Crecer en la unción como José y Samuel
La unción no es estática; debe renovarse y aumentar. José, desde su juventud, fue marcado por Dios, y esa unción creció hasta hacerlo gobernador de Egipto (Génesis 41:38-40). Samuel, desde niño, aprendió a reconocer la voz de Dios y profetizar (1 Samuel 3:19-20). Así como a Samuel se le hacía una túnica nueva cada año (1 Samuel 2:19), nosotros necesitamos que el Señor renueve nuestra vestidura espiritual, porque la unción de ayer no basta para los desafíos de hoy.
La unción: santa adrenalina
Hebreos 1:9 declara: “Has amado la justicia y aborrecido la maldad; por tanto, te ungió Dios… con óleo de alegría”. La unción es como una “santa adrenalina”: despierta la fe, inunda de amor, enciende la santidad y reviste de poder. Nos impulsa a actuar sin miedo, confiando plenamente en que Dios está con nosotros. No se trata de una emoción pasajera, sino de una fuerza celestial que nos sostiene incluso en las pruebas más duras.
La unción en la alabanza y adoración
David liberaba a Saúl de los espíritus malos tocando el arpa bajo la unción (1 Samuel 16:23). La verdadera adoración no depende de la técnica, sino de la presencia del Espíritu Santo. Una canción con unción puede sanar, liberar y quebrantar corazones. Cuando hay aceite en la música, el cielo se abre y Dios se manifiesta. Por eso, no basta con cantar bien; es necesario ministrar desde una vida ungida.
Testimonio de transformación por la unción
La unción es capaz de derribar las murallas más resistentes. Un hombre, endurecido por años de pecado y prisión, fue quebrantado en medio de una alabanza, entregó su vida a Cristo y llegó a ser pastor. Esto nos recuerda que no es la elocuencia del predicador ni la estrategia humana lo que cambia vidas, sino la unción del Espíritu Santo (Isaías 61:1).
Aceite fresco cada día
El Salmo 92:10 declara: “Seré ungido con aceite fresco”. No podemos vivir de experiencias pasadas. Como las vírgenes prudentes (Mateo 25:1-13), debemos mantener nuestras lámparas llenas. El aceite fresco nos preserva de la tibieza espiritual, nos protege de la confusión y nos mantiene encendidos en amor por Dios.
El ungido: protegido y guiado por Dios
Dios advierte: “No toquéis a mis ungidos” (1 Crónicas 16:22). La unción es un sello de protección espiritual. Quien vive bajo la unción no está exento de pruebas, pero está bajo la cobertura divina. Además, la unción nos revela las estrategias del enemigo (2 Corintios 2:11), permitiéndonos resistir en el día malo.
Florecer hasta el final
El Salmo 92:12-14 promete que “aún en la vejez fructificarán”. La unción rompe las limitaciones de la edad y nos mantiene fructíferos y vigorosos. No importa cuántos años tengamos, Dios puede seguir usándonos para Su gloria si permanecemos llenos de Su aceite.
Oración final por la unción
Como el salmista, debemos clamar: “Unge mi cabeza con aceite” (Salmo 23:5). La unción no es opcional; es vital para ser esposos, padres, siervos y ministros fieles. Pidamos cada día que el Señor renueve y aumente Su aceite en nosotros, para vivir guiados, fortalecidos y santificados por Su Espíritu.

Miguel Díez es presidente de la ONG Remar en 68 países y fundador de la iglesia Cuerpo de Cristo.

