Cómo crecer en la unción de Dios // Miguel Díez
La Importancia del Aceite de la Unción
El aceite de la unción es esencial para transmitir el amor y el poder de Dios. Sin él, predicar y confesar la palabra sería solo un acto intelectual y vacío. La unción acompaña, cura y edifica, actuando como un bálsamo que restaura las almas. Su propósito es purificar y eliminar maldades, siempre para salvar y no condenar. Nos permite experimentar la presencia de Dios en momentos de tensión y pánico. Es un medio para que el mensaje llegue con amor y efectividad a quienes lo reciben.
El Tabernáculo de Reunión
El tabernáculo de reunión es el lugar de encuentro con Dios. En el Antiguo Pacto, era conocido como templo, pero con Cristo los creyentes renovados son templos del Espíritu Santo. La iglesia forma parte del tabernáculo mundial de Cristo y su crecimiento refleja la gracia y extensión de Dios. Cada nueva persona que se une es un testimonio del poder divino. La presencia de Dios se manifiesta en el aumento de la comunidad y en la acción de gracias de sus miembros. El tabernáculo simboliza la comunión constante entre Dios y los hombres.
El Arca del Testimonio
El arca del testimonio representa la relación entre Dios y el hombre. Los creyentes son considerados arcas de testimonio para mostrar quién es Dios a través de sus vidas. Cubrirla con el velo simboliza el lugar santísimo, al que solo se accede mediante consagración y unción. Antes de Cristo, solo el sumo sacerdote podía entrar una vez al año tras un ritual de santificación. Con la muerte de Cristo, todos los creyentes tienen acceso a la presencia del Padre. Ser un lugar santísimo implica vivir alejados del pecado, la incredulidad y la apariencia vacía.
Mesa y Candelero
Meter la mesa y encender el candelero simboliza la luz espiritual que Dios coloca en cada creyente. Somos lámparas y luminares llamados a reflejar la presencia de Dios en el mundo. Estas acciones representan la sombra del Antiguo Pacto y la realidad que Cristo nos ofrece hoy. La organización y orden del tabernáculo se relacionan con la adoración y la enseñanza espiritual. Cada creyente debe mantener su vida en orden para que la luz de Dios brille sin obstáculos. La unción nos conecta con esta realidad espiritual y nos capacita para iluminar a otros.
Altar de Oro e Incienso
El altar de oro representa a los creyentes como lugares donde se elevan oraciones, simbolizadas por el incienso. La cortina protege el lugar santísimo y evita la influencia del mundo o de quienes no están consagrados. Podemos amar y orar por quienes no están en Cristo, pero no mantener comunión con la incredulidad. La unción fortalece nuestra capacidad de interceder y mantener la pureza espiritual. Este acto refleja dedicación diaria y obediencia a Dios. La oración y la protección del lugar santísimo son esenciales para recibir bendiciones divinas.
Fuente y Agua
La fuente de agua ubicada entre el tabernáculo y el altar simboliza purificación y unción divina. Representa la importancia de mantenernos limpios y consagrados ante Dios. Aunque el texto no detalla su propósito, la fuente es clave para el ritual de santificación. El agua simboliza vida, renovación y preparación para recibir la presencia de Dios. Su colocación entre el altar y el tabernáculo subraya la conexión entre servicio, adoración y comunión divina. Mantener esta purificación diaria es vital para caminar en la voluntad de Dios y experimentar su poder.
Atrio y Protección
El atrio y su cortina protegen el tabernáculo y todo lo que contiene, asegurando que sea santo y separado para Dios. El aceite de la unción santifica los utensilios, el altar y la fuente, estableciendo un espacio consagrado. Esta protección simboliza la guardia espiritual que debemos mantener en nuestras vidas. Amar a los que no están en Cristo no implica permitir que su incredulidad influya en nuestro corazón. La santificación mediante la unción asegura pureza, obediencia y la presencia continua de Dios. Cada elemento del tabernáculo refleja un principio espiritual de consagración.
Aarón y Sus Hijos
Aarón y sus hijos son lavados y vestidos con túnicas sagradas como parte del ritual de unción. Esto simboliza la transmisión de la consagración a las generaciones. La unción asegura un sacerdocio perpetuo, donde cada miembro cumple su función en el servicio a Dios. La fe es fundamental para que la unción sea efectiva y se manifieste en acción. Los hijos reciben preparación para continuar la obra divina y mantener la santidad familiar y espiritual. Este acto muestra que la unción es tanto personal como comunitaria, afectando a quienes nos rodean.
Poder de la Unción
La unción de Dios tiene poder para sanar, liberar y multiplicar lo que tenemos para bendecir a otros. Es la manifestación de la santidad, el amor y la omnipotencia de Dios. Nos capacita para andar en obediencia, negar el pecado y servir con eficacia. Permite profetizar y realizar buenas obras conforme al plan divino. Cada creyente recibe una medida de unción, que se puede aumentar con fe y oración constante. La unción es un acompañamiento diario que transforma la vida y nos prepara para enfrentar desafíos espirituales.
Ungimiento de los Siervos
Dios unge a siervos escogidos, incluyendo profetas, reyes, músicos y obreros. La unción fortalece, protege y asegura que el ungido no sea quebrantado por enemigos ni iniquidades. Su verdad y misericordia lo acompañan, y su poder es exaltado a través de ella. La unción permite servir con valentía, justicia y sabiduría divina. Capacita para liderar, enseñar y guiar a otros hacia Dios. Ser ungido implica responsabilidad y constancia en vivir según la voluntad de Dios.
Valentía y Servicio
La unción transforma la cobardía en valentía y capacita a los creyentes para dar su vida por los demás. Permite servir con amor, sacrificio y dedicación a la comunidad. Protege, santifica y da discernimiento para tomar decisiones justas. Nos ayuda a vivir según los principios divinos y a reflejar la divinidad en nuestras acciones. La unción permite enfrentar la vida con fe, sin miedo al mundo ni a sus adversidades. El servicio se convierte en un acto de obediencia y entrega a Dios, siguiendo el ejemplo de Cristo.
Llenos de Aceite
Tener la copa llena de aceite simboliza plenitud espiritual y conexión con el Espíritu Santo. El aceite protege la vida del creyente de contaminaciones y permite sanar, salvar y liberar. Es una fuente de poder y victoria que no depende de fuerzas humanas. La unción diaria se puede pedir a Dios para mantener la luz encendida en nuestra vida y la de otros. Permite vivir en abundancia espiritual y confianza en la protección y provisión de Dios. Mantener la copa llena asegura una vida fructífera en todas las áreas.
Unción y Prosperidad
La unción trae felicidad, prosperidad y seguridad en la provisión de Dios. Capacita para hacer buenas obras en familia, trabajo y vida diaria. Permite confiar plenamente en la protección divina y actuar en amor y justicia. Se puede pedir que el aceite de la lámpara se multiplique, garantizando luz continua para el servicio y la adoración. La unción mantiene la vida del creyente alineada con los planes de Dios. Representa abundancia espiritual y capacidad de impactar positivamente a los demás.
La Unción Gloriosa
La unción produce verdadero arrepentimiento, circuncisión del corazón y nuevo nacimiento. Conduce a confesar pecados, humillarse y recibir libertad plena. Permite quitar la carga de la ley y vivir según la gracia de Cristo. Lleva a odiar el pecado y a transformarse en una nueva criatura, con corazón y mente renovados. La unción gloriosa nos da paz y plenitud en la relación con Dios. Es un acto de entrega que transforma la vida y nos capacita para cumplir la voluntad divina en todo momento.
La Promesa de Dios
Dios fortalece y protege al ungido, asegurando que su verdad y misericordia lo acompañen. La unción permite gobernar con justicia, tomar decisiones divinas y mantener el corazón lleno del aceite de Dios. Capacita para servir con sabiduría y valentía, sin temor a enemigos ni adversidades. La plenitud de la unción asegura victoria, paz y prosperidad. Mantenerse ungido implica vivir consagrado, en obediencia y constante relación con Dios. La promesa divina garantiza acompañamiento, protección y capacidad para cumplir su propósito.

Miguel Díez es presidente de la ONG Remar en 68 países y fundador de la iglesia Cuerpo de Cristo.

