¡Viviendo con GOZO en 2026! // Miguel Díez
Familia espiritual y oración
La familia espiritual es una bendición que permite compartir valores, fe y creencias con hermanos que caminan en la misma dirección, aunque la familia carnal también sea amada. La oración es fundamental para pedir misericordia por aquellos que solo buscan lo terrenal y no tienen relación con Dios, y al mismo tiempo agradecer su fidelidad y provisión en la vida diaria. Este tiempo de comunicación con Dios también permite recibir sabiduría, fortaleza y edificación espiritual, ayudando a enfrentar cualquier situación con claridad y confianza. Además, el lema del año, “manto de alegría”, nos recuerda que el justo vive por fe, no por sentimientos ni razonamientos humanos, protegiendo nuestro corazón de la tristeza que el enemigo intenta robar. Así, la oración y la familia espiritual se convierten en pilares esenciales para mantener la fe y el gozo en cada día.
La alegría como manto y expresión de fe
La fe se fortalece al escuchar y vivir conforme a la Palabra de Dios, y esto permite terminar el año y comenzar uno nuevo con el “manto de alegría”. La gratitud es un elemento clave para mantener el contentamiento, pues cuando se pierde, también se pierde la alegría y la conexión con Dios. Incluso en tiempos de aflicción, es posible encontrar gozo en la relación con Él, porque su fortaleza sostiene al creyente y le permite enfrentar dificultades con esperanza. Cuando esa fortaleza se debilita, la renovación y el perdón de Dios reavivan la alegría y permiten seguir adelante. El gozo, por tanto, no depende de las circunstancias externas, sino de la cercanía con Dios y del reconocimiento de su amor constante.
La salvación y la relación con Dios
El amor de Dios es la fuente del gozo verdadero, y solo los redimidos por Cristo experimentan la felicidad plena. La salvación en Jesucristo garantiza vida eterna y fidelidad que no cambia ante las circunstancias externas. Aunque los cristianos enfrentan problemas y aflicciones, encuentran fortaleza en la fidelidad de Jesús y en la seguridad de padecer por su nombre. La relación con Dios se convierte en el centro de la vida, más importante que cualquier situación temporal. Este vínculo permite experimentar paz, alegría y propósito aun en medio de pruebas, mostrando que la felicidad genuina se encuentra en la presencia y guía del Señor.
La historia de Zaqueo y la humildad
La historia de Zaqueo, narrada en Lucas 19, demuestra cómo la fe y la obediencia pueden conducir a la salvación. Zaqueo, un recaudador de impuestos, se humilló subiendo a un árbol para ver a Jesús, sin importar el ridículo o su posición social. Su actitud refleja que la verdadera importancia está en la disposición del corazón y la relación con Dios, no en la apariencia o estatus. Jesús se manifestó a él porque buscó sinceramente acercarse, mostrando que Dios responde a quienes le buscan con humildad. Esta historia enfatiza que la gracia de Dios se manifiesta especialmente en aquellos que reconocen su necesidad y se acercan con corazón humilde.
El conocimiento personal de Dios y la salvación
Jesús conoce a cada persona íntimamente, comprendiendo lo que sienten, piensan y necesitan. Esta relación personal permite que cada creyente se sienta reconocido y amado por su nombre. La salvación llega únicamente a través de Jesucristo, quien transforma el corazón y ofrece vida eterna. Abrir la puerta del corazón a Jesús es esencial para recibir su gracia y experimentar su manifestación en la vida cotidiana. Este conocimiento personal de Dios fortalece la fe y proporciona seguridad espiritual, mostrando que cada individuo es valioso y llamado a vivir en plenitud con Él.
Hipocresía religiosa y justificación
La religiosidad sin humildad puede conducir a la hipocresía, ya que muchos se justifican por sus acciones externas sin reconocer su condición de pecado. Nadie es inherentemente bueno; solo Cristo posee verdadera justicia. La autocomplacencia en la religiosidad aleja del camino de la gracia, mientras que la misericordia de Dios a través de Jesucristo es la única vía para la salvación. La crítica hacia los demás, como sucedió con los fariseos frente a Zaqueo, revela la ceguera espiritual que puede nublar el corazón. Por ello, es necesario vivir en humildad, reconociendo la necesidad de Cristo en todas las áreas de la vida.
La gracia de Dios y la transformación
La gracia de Dios se manifiesta en la transformación del creyente, convirtiéndolo en templo del Espíritu Santo. Jesucristo vino a buscar lo perdido y a suplir las necesidades humanas con amor y compasión. Aceptar su misericordia permite experimentar gozo profundo y una renovación interior que refleja su presencia en la vida diaria. El Espíritu Santo trabaja en el corazón del creyente para moldearlo según la voluntad de Dios, generando frutos de amor, paz y justicia. Esta transformación invita a vivir con agradecimiento y gozo, reconociendo que cada día es una oportunidad para crecer en su espíritu y acercarse más a Él.

Miguel Díez es presidente de la ONG Remar en 68 países y fundador de la iglesia Cuerpo de Cristo.

