Las Últimas Palabras de David // Salmo 72 – Charlas Bíblicas
Introducción al Salmo 72
El Salmo 72 es un salmo mesiánico que contiene las últimas palabras de David y se considera 100% verdadero. Este salmo destaca que el Mesías nació en Israel para todos y que su venida será visible para todas las naciones. También aborda el tema del milenio, un período en el que Jesús reinará en justicia sobre la tierra. David es considerado un prototipo del Mesías debido a su reinado en Jerusalén, su corazón conforme a Dios y sus conquistas. Jerusalén, conocida como la ciudad de paz, es ahora una ciudad de discordia, pero se espera la llegada de un rey justo que será único en la historia. A pesar de sus errores, David fue objeto de la gracia de Dios y representa al rey que reinará en justicia.
Los dos tipos de sacerdocio
Dios estableció dos tipos de sacerdocio: el sacerdocio de Aarón, perpetuo por descendencia humana, y el orden de Melquisedec, que trasciende lo humano y se relaciona con el orden mesiánico. El sacerdocio de Aarón y el profético o apostólico pueden fallar, como se observa en casos de sacerdotes o ministros que no cumplieron su labor. El orden de Melquisedec se basa en la obra del Espíritu Santo, ejemplificado en el nacimiento de Jesús. Jesús une las líneas de realeza y sacerdocio, preocupándose por los pobres y menesterosos, y los creyentes son llamados a ser coherederos como reyes y sacerdotes con Cristo. La palabra “menesteroso” se refiere a quienes, a pesar de sus capacidades, viven en pobreza extrema. Después del reinado de David, las líneas de realeza y sacerdocio se dividieron, pero Jesús las reúne en una sola herencia.
El sumo sacerdote es Jesús
El sumo sacerdote actúa como intermediario entre Dios y los hombres; Jesús cumplió este rol y abrió el camino definitivo, eliminando la necesidad de otros sacerdotes. En Israel, aún se espera al Mesías y la construcción del Tercer Templo, con sus rituales y elementos como el altar de bronce, el candelabro y los panes de la proposición. Para los creyentes en Cristo, su sacrificio ya abrió el acceso a la presencia de Dios, condicionando este acceso al reconocimiento de Cristo y al arrepentimiento. La obra de Jesús reemplaza los sacrificios del Antiguo Testamento, permitiendo la entrada a la presencia divina sin la necesidad de rituales adicionales.
El lugar santísimo
En el Antiguo Testamento, el sacerdote solo podía entrar al lugar santísimo una vez al año tras purificación y vestiduras especiales, exponiéndose por el pueblo. Jesús se expuso públicamente en la cruz, revelando su sacrificio como Redentor del mundo. Tras su muerte, el velo del templo se rompió, simbolizando el acceso directo a Dios para todos. El Salmo 72 describe al Mesías como un rey que se preocupa por los pobres y menesterosos, a diferencia de gobernantes tradicionales. La multiplicación de los panes demuestra su cuidado por los necesitados, contrastando con los sistemas políticos que generan desigualdad. La visión de David del Mesías es trascendental y profética, enfocada en la justicia y la redención de las almas.
El derramamiento de sangre inocente
Dios odia el derramamiento de sangre inocente y la redención de las almas es fundamental para remediar la injusticia social y la pobreza. La sociedad no siempre atiende a los pobres, quienes sufren al observar la riqueza y el lujo, generando humillación y desesperanza. Jesús redime a los pobres pagando con su propia sangre, estableciendo un ejemplo de justicia y rescate espiritual. La redención requiere un pago, y este concepto se compara con la deuda externa de los países, donde alguien debe asumir la obligación.
La deuda externa
El Mesías ya pagó la deuda espiritual ante Dios, similar a cómo los países tienen acreedores y obligaciones. La deuda externa de naciones refleja responsabilidades que deben ser saldadas, mientras que la deuda espiritual del hombre y la mujer ya fue cubierta por Jesús, garantizando que Dios no pueda reclamarla más.
El reparto de alimentos
La entrega de alimentos genera esperanza temporal en los necesitados, motivando cambios positivos en sus vidas. La sociedad no proporciona esperanza suficiente a quienes carecen de recursos, mientras los ricos disfrutan de lujos. La mala alimentación entre los pobres contribuye a enfermedades y desigualdad. La prosperidad depende de la justicia y la vida ética, y la inmigración está relacionada con la falta de oportunidades y seguridad en los países de origen.
La inmigración
La inmigración es un fenómeno histórico y persistente, motivado por la búsqueda de seguridad y oportunidades. Países ricos en recursos, como el Congo, enfrentan conflictos y explotación que obligan a la gente a emigrar. Un gobierno justo, como el que traerá el Mesías, disminuiría la necesidad de emigrar. El cuidado del medio ambiente y la creación de condiciones justas son esenciales para el bienestar de la humanidad. Actos individuales de justicia y honestidad pueden generar cambios significativos en la sociedad.
No estamos siendo justos
Casos aislados de personas honestas no representan la norma, mostrando la falta de justicia en la sociedad. La corrupción y el fraude reflejan problemas del corazón y la intención, y la justicia verdadera se mide por acciones correctas y responsabilidad individual. No hacer el bien cuando se tiene la oportunidad también es pecado, y quienes tienen más recursos deberán rendir más cuentas ante Dios.
No te eximes de hacer lo que tienes que hacer
Cada persona tiene responsabilidad en su ámbito, especialmente quienes ocupan cargos públicos. La justicia depende de que cada individuo cumpla con su deber, sin esperar que sistemas corruptos produzcan el bien. La acción desinteresada y altruista es fundamental, siguiendo el ejemplo de Jesús y priorizando el amor sobre la rentabilidad.
El ejemplo de Puyol
La actitud pacífica de personas como el futbolista Puyol muestra cómo la concordia puede transformar actividades y sociedades. El Mesías traerá paz y redimirá a los pobres y menesterosos. La bienaventuranza implica bendición y cambio de corazón, generando frutos positivos en la vida y en la sociedad. Los creyentes son llamados a vivir según el fruto del espíritu, dejando atrás contiendas y adoptando amor, paz y bondad.
El cambio de corazón
Un cambio de corazón implica un proceso de santidad y transformación de vida, observable en el fruto del espíritu. El Salmo 72 profetiza un Mesías que establecerá un reino duradero y será reconocido por todas las naciones. La divinidad de Jesús es esencial para cumplir las profecías y establecer justicia plena. Solo Jesús, como nuevo Adán, pudo pagar la deuda del pecado y abrir un camino de reconciliación con Dios.
Un nuevo camino
Cristo abrió un camino de justicia, reuniéndose con todo tipo de personas y predicando el evangelio. Su ministerio se caracterizó por hacer el bien sin recurrir a la violencia. A diferencia de otros líderes, Jesús regresará para reinar con justicia y concluir su obra. Durante el Milenio, reinará hasta el fin, estableciendo cielos nuevos y tierra nueva iluminados por Dios.
El Mesías quita el pecado
El Mesías quita el pecado del mundo, a diferencia de los sacrificios del Antiguo Testamento que solo cubrían el pecado. La sangre de Jesús es perfecta y única para redimir a la humanidad. Los profetas, incluido David, anunciaron su llegada y misión. Los salmos reflejan visiones proféticas del Mesías y su reino de justicia.
La presencia de Dios
Todos tienen acceso gratuito a la presencia de Dios gracias a Jesús. Este acceso es valioso y debe mantenerse en mente, compartiendo las experiencias vividas y proclamando la verdad.
El Mesías triunfante
El Mesías regresará triunfante para gobernar con justicia. Las decisiones de esta vida tienen consecuencias eternas, y Jesús ofrece paz y esperanza a quienes permiten que gobierne sus vidas. Su reinado garantiza vida de paz y esperanza para todos los que lo acepten.

