Lección: Las herramientas que Dios nos da // Ramón Ubillos
El poder del Espíritu Santo y la obra sobrenatural de Dios
La obra de Dios supera completamente las capacidades humanas. Él no espera que actuemos con nuestras propias fuerzas, porque sabe que lo que desea realizar en este mundo exige herramientas espirituales. Así como un mecánico depende de sus instrumentos para reparar un vehículo, el creyente necesita recursos que provienen del cielo. Es precisamente el Espíritu Santo quien capacita y habilita a las personas para participar en la misión divina. Su poder comenzó a manifestarse de forma extraordinaria después del día de Pentecostés, marcando un antes y un después en la historia de la fe.
Pentecostés: más que una celebración religiosa
Para el pueblo judío, Pentecostés era la conmemoración de la entrega de la ley en el Sinaí. Sin embargo, la ley, aunque santa y necesaria, nunca pudo cambiar los corazones. Dios utilizó aquel mismo día para revelar que la verdadera transformación no viene de normas externas, sino de Su Espíritu. Jesús tuvo que venir, morir y resucitar para abrir el camino a una vida llena del poder del Espíritu Santo, capaz de renovar a cualquier persona desde lo más profundo de su ser.
La manifestación sobrenatural del Espíritu Santo
En Hechos 2 se describe un momento decisivo: un estruendo del cielo, lenguas repartidas como de fuego y los discípulos hablando en lenguas. El énfasis, sin embargo, no está en la manifestación externa, sino en la llenura del Espíritu. Las lenguas son solo un signo de una realidad espiritual mayor: la presencia activa de Dios en la vida del creyente. Sin ese poder, los dones pierden sentido. Pero cuando el Espíritu llena a una persona, la transforma, la hace valiente y la lanza a vivir experiencias sobrenaturales en el servicio a Dios.
Una transformación que impacta al mundo
La llenura del Espíritu no fue algo teórico para los primeros discípulos. Pedro y Juan, fortalecidos en su fe, sanaron a un hombre cojo junto a la puerta del templo. Este milagro provocó asombro, oposición religiosa y finalmente amenazas. Sin embargo, ellos se negaron a detenerse. Tras reunirse con la iglesia, oraron por más valentía y más poder, y una vez más todos fueron llenos del Espíritu Santo. Hoy, este mismo poder sigue siendo fundamental, especialmente en un mundo lleno de dolor, depresión y problemas profundos que requieren una intervención espiritual real.
El anhelo de ser usado por Dios
El deseo de ser instrumento de Dios debe despertar en cada corazón. Cuando una comunidad tiene hambre de ser usada, Dios responde derramando Su Espíritu. En reuniones donde hay verdadera disposición, se manifiestan profecías, liberaciones y cambios radicales en la vida de las personas. No se trata de esperar que Dios actúe de forma repentina sin nuestra participación, sino de estar listos, aunque ello implique correr riesgos o salir de la zona de comodidad, como orar por un enfermo o hablar con alguien necesitado.
La evangelización y el poder de Dios
La centralidad del Evangelio debe mantenerse incluso cuando surgen ataques o distracciones. Cuando en una campaña evangelística aparecen señales, sanidades y milagros, las personas quedan impactadas y abiertas a escuchar de Jesús. El poder de Dios quebranta las barreras más duras y revela que lo sobrenatural todavía es una realidad. Quien experimenta ese toque del Espíritu Santo entiende que no hay nada comparable.
La transmisión del Espíritu Santo
En Hechos 8 vemos cómo los creyentes de Samaria, después de recibir el mensaje de Felipe y bautizarse, fueron llenos del Espíritu Santo mediante la oración y la imposición de manos de Pedro y Juan. Esto demuestra que la manifestación del Espíritu no está reservada para unos pocos “especiales”. Los dones son para todos los que creen y desean avanzar en las cosas de Dios. La autoridad espiritual es importante, pero no excluye que cualquier creyente pueda ser usado por el Espíritu.
Los dones del Espíritu y su uso responsable
Dios reparte los dones conforme a Su voluntad, pero Su deseo es que todos caminemos en la plenitud de Su gracia. Muchas veces somos nosotros quienes nos limitamos pensando que no podemos ser utilizados. Esperamos que solo “el ungido” sea el que actúe, cuando Dios quiere ungir a todos. Los dones requieren responsabilidad, obediencia y humildad. Incluso es posible pedir a Dios que nos use en cualquier momento, de día o de noche, porque Su poder no tiene límites.
La diversidad de dones y la participación en la obra
En 1 Corintios 12, Pablo enseña que hay diversidad de dones y ministerios, pero todos proceden del mismo Espíritu. Cada creyente recibe una manifestación del Espíritu para beneficio común. Esto significa que no hay nadie inútil o irrelevante en el cuerpo de Cristo. El Espíritu Santo quiere fluir a través de cada persona de una manera única, dependiendo de su disposición y fe.
El mover del Espíritu Santo en la vida diaria
La vida del Espíritu no es estática. No debería parecerse a un estanque inmóvil, sino a un río de aguas vivas, siempre en movimiento, siempre renovando. Cuando el poder de Dios fluye, trae vida, sanidad y fuerza. Por eso es vital no apagar al Espíritu, sino permitir que Él se mueva, aunque otros no respondan del mismo modo. Lo importante es mantenerse sensible, activo y abierto a Su dirección.
La importancia de la oración, la humildad y la voluntad de servir
Para que el Espíritu fluya, la oración y la humillación son esenciales. Cuando una persona se arrodilla, pide perdón y reconoce su necesidad, Dios la renueva. La vida cristiana es una batalla diaria, y quienes se presentan voluntarios ante Dios experimentan cosas que otros no ven. Servir es una decisión, y elegir bien puede marcar la diferencia entre una vida vacía y una vida llena de propósito.
La disposición para servir y sus consecuencias
El enemigo suele atacar a quienes se quedan atrás, como le ocurrió a David cuando permaneció en el palacio en tiempos de guerra. Por eso es vital estar en la primera línea, diciendo: “Señor, úsame”. Incluso si no se tiene un don evidente, la disposición abre puertas para que Dios haga milagros. Así ocurre también en la obra misionera: Dios utiliza a quienes están trabajando y dispuestos, como Eliseo, quien fue llamado mientras ejercía su labor fielmente.
Un llamado a la disponibilidad total
El ejemplo de Eliseo muestra que Dios llama a los que están activos y con corazón dispuesto. La invitación es a no quedarse atrás, sino a participar en todo lo que Dios está haciendo, con hambre espiritual y con valentía. Cuando una persona dice: “Aquí estoy, Señor; envíame a mí”, se convierte en un canal para que el poder de Dios fluya y transforme su vida y la de muchos otros.

