¿Por qué Dios salva solo a algunos? – Charles Spurgeon
Introducción a la salvación por gracia y tradición familiar
La salvación es un tema importante que se basa en la gracia de Dios, como se menciona en Efesios 2:8: “porque por gracia sois salvos por medio de la fe”, y esto no proviene de los seres humanos, sino que es un regalo de Dios. La teología relativa a la salvación se resume en este versículo y ha sido una doctrina predicada por generaciones de ministros de una misma familia, incluyendo al padre y al abuelo del predicador, quienes no conocían otra enseñanza distinta. Un evento memorable ocurrió cuando el predicador llegó tarde a un pueblo en el oriente de Inglaterra y encontró que su abuelo ya había comenzado el sermón, y en un momento le cedió el turno para continuar con el mismo mensaje sobre la salvación por medio de la fe. Ambos compartían una identificación mutua con las cosas de Dios, lo que permitió que fueran predicadores conjuntos del mismo sermón, explicando la debilidad e incapacidad de la naturaleza humana y la certeza de que la salvación no podía provenir del hombre.
Debilidad humana y salvación como don
El abuelo intervino nuevamente para hablar sobre la naturaleza humana depravada, compartiendo su experiencia y conocimiento durante algunos minutos. La descripción del estado caído del ser humano y de la depravación de su naturaleza debe considerarse con humildad y solemnidad, reconociendo que la muerte espiritual era la condición en la que nos encontrábamos cuando Dios nos salvó. La salvación es un tema vital que debe ser anunciado y repetido, recordando que es un regalo de Dios que se recibe por gracia y no por obras ni méritos propios.
Salvación por gracia versus obras y crítica a la Iglesia Católica
La primera afirmación es que hay salvación hoy, pues el apóstol Pablo dice “sois salvos”, indicando que la salvación es un hecho presente y no una esperanza futura. La salvación debe ser por gracia, y no existe otra forma de salvación que no comience y termine en la gracia de Dios, por lo que es necesario añadir siempre las palabras “por gracia” al afirmar que alguien es salvo. La iglesia católica no afirma que se pueda estar completamente y eternamente salvo, considerando esa idea una herejía, y propone una salvación incompleta basada en obras y rituales como las misas por el reposo del alma. La doctrina de la gracia resulta extraña para muchos, que no comprenden cómo se puede recibir la salvación sin merecerla, pero esta solo es posible por la gracia inmerecida de Dios y no por obras, ya que el hombre perdido por el pecado no puede revertir su condenación por sí mismo.
Fe como medio para recibir la salvación por gracia
La salvación presente es el favor inmerecido de Dios, y aunque algunos pretenden alcanzarla por obras, nadie sostiene su esperanza diciendo que es salvo por lo que ha hecho. Los santos, al morir, nunca confían en sus buenas obras, sino que miran a la gracia inmerecida en sus últimos momentos, y no se ve a hombres piadosos depositando su confianza en oraciones, arrepentimiento o religiosidad. Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y cuanto más se acercan los hombres al cielo, más confían en el mérito del Señor Jesús y más rechazan toda confianza en sí mismos. La salvación es un don inmerecido de Dios y solo puede recibirse por medio de la fe.
Rechazo de la salvación por obras, rituales y sentimientos
La salvación por gracia no puede alcanzarse mediante buenas obras, ya que el hombre no está en condiciones de producir ninguna obra que la merezca, y cualquier intento de hacerlo haría que la gracia dejara de ser gracia. Tampoco puede obtenerse a través de ceremonias como bautismos, confirmaciones o la recepción de sacramentos, pues estas prácticas no traen salvación. La mano de la fe es la única forma de aferrarse a la salvación por gracia, y el sentimiento no es un medio adecuado, ya que es voluble y puede cambiar repentinamente, por lo que no constituye un órgano confiable para percibir la verdad espiritual.
Origen divino de la salvación y su naturaleza inmerecida
La fe recibe la verdad establecida por Dios sobre el perdón inmerecido y de ese modo trae salvación al creyente, mientras que el sentimiento puede ser solo una agitación pasajera. La salvación por gracia por medio de la fe no es de nosotros, no es la recompensa por esfuerzos pasados, sino el resultado de una misericordia inmerecida derramada sobre quienes la necesitan. No surge del interior humano ni se desarrolla a partir de la naturaleza caída, sino que viene de arriba. La fe en Cristo y el nuevo nacimiento no son el desarrollo de cualidades naturales, sino un don de Dios que mata lo viejo y regenera, pasando de la oscuridad y la muerte a la luz y la vida.
Fe en Cristo y el papel del Espíritu Santo
El hombre cree, pero esa fe es el resultado de la vida divina implantada por Dios en el alma, y aun el deseo de ser salvo por gracia es un don de Dios. El hombre debe creer en Jesús, pero no lo hará a menos que el Espíritu de Dios convenza su juicio y mueva su voluntad. La salvación es por gracia por medio de la fe y no es de nosotros, por lo que nadie puede honrarse a sí mismo por haberla recibido ni por los efectos que la gracia produce.
Salvación como don eterno e inalienable de Dios
La salvación es el don de Dios, totalmente opuesto a la idea de un pago, y su fuente se encuentra en el amor inmerecido y sin medida. Nadie entra a la vida eterna porque se lo haya ganado, sino porque Dios decide dar ese regalo conforme a su misericordia. Es un don absolutamente inmerecido, no un producto natural que surja desde dentro, sino algo plantado en el corazón por manos celestiales. La salvación está completa y lista para ser recibida como un don perfecto, imposible de fabricar con esfuerzos propios, pues Jesús derramó toda la sangre de su vida para que sea un regalo de Dios. Además, es eternamente segura, ya que si Jesús da la salvación, permanece para siempre y nadie puede arrebatar a un creyente de la mano de Dios.

