Predicación Benito Chicharro | Retiro Nehemías 2026

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La fuerza de voluntad no es suficiente para cambiar

Durante años, Benito Chicharro intentó cambiar su estilo de vida ante la insistencia de su madre. Tenía voluntad para intentar dejar las drogas, pero no encontraba la fuerza necesaria para conseguirlo. Sus esfuerzos terminaban una y otra vez en fracaso, hasta llegar a encerrarse en su propia casa y acabar escapando por un balcón para volver a robar.

El cambio profundo y verdadero llegó cuando encontró una nueva vida en Cristo. Este proceso es presentado como el nuevo nacimiento del que Jesús habló a Nicodemo. La transformación desde la raíz no depende únicamente del esfuerzo humano, sino de la sinergia entre la Palabra de Dios y el Espíritu Santo, algo que debe terminar reflejándose en las conductas y acciones de la persona.

La lucha contra la naturaleza carnal

La experiencia del apóstol Pablo muestra también la insuficiencia de la voluntad humana frente a las debilidades de la carne. Él reconocía que muchas veces terminaba haciendo aquello que aborrecía en lugar del bien que deseaba hacer.

Por eso, la fuerza de voluntad se presenta como insuficiente para combatir el pecado cuando la voluntad humana no está rendida a Cristo. El origen del cambio verdadero se encuentra en la cruz, donde es necesario crucificar diariamente la carne con sus pasiones y deseos para recibir la autoridad y el poder necesarios frente al pecado.

Intentar cambiar únicamente mediante el esfuerzo personal puede conducir a un ciclo de frustración. Los logros obtenidos de esta manera suelen ser pequeños y pasajeros, como sucede con muchos propósitos de año nuevo que se abandonan después de los primeros meses.

El nuevo nacimiento debe producir cambios visibles

Después del nuevo nacimiento es necesario abordar también la continuidad de la conducta. La transformación interior debe manifestarse exteriormente mediante cambios objetivos y visibles en el comportamiento.

Efesios 4:28 presenta un ejemplo concreto: quien hurtaba debe dejar de hacerlo y comenzar a trabajar con sus manos en actividades honestas, de manera que pueda compartir con quienes tienen necesidades. La nueva vida implica abandonar las acciones del pasado y adoptar una conducta caracterizada por la honradez.

También el lenguaje debe experimentar una transformación. Las palabras utilizadas deben ser edificantes y apropiadas para transmitir gracia a quienes escuchan, dejando atrás aquello que corrompe.

El hurto no deja de ser una conducta que debe abandonarse por considerarse un delito menor o por cometerse con avidez. Incluso quienes se identifican como cristianos necesitan reconocer que el nuevo nacimiento debe producir una vida diferente y evitar la reincidencia.

La honradez también se demuestra con los recursos

La administración de los recursos económicos constituye una de las pruebas más categóricas para evaluar la fidelidad de una persona. La gestión del dinero puede poner de manifiesto aquello que realmente existe en el corazón.

Se relata el caso de una persona vinculada a Remar que obtenía dinero fraudulentamente de un rastro. La situación fue descubierta al detectarse irregularidades en las hojas de caja. También se menciona el caso de una mujer cristiana y devota que trabajaba como empleada de hogar y abusó de la confianza de su empleadora para robarle joyas.

Sin embargo, esta mujer terminó confesando su falta, y esa confesión marcó el comienzo de su restauración. Posteriormente, después de ser restaurada, llegó a integrarse en el ministerio de alabanza de otra iglesia. Su historia muestra que es posible superar la tentación, reconocer el pecado y experimentar restauración.

La honradez debe mantenerse en todos los ámbitos de la vida, tanto dentro de la iglesia como en el trabajo, evitando volver a las conductas anteriores.

El valor del trabajo y el rechazo de la pereza

El trabajo es presentado como un deber ordenado por Dios para el hombre. Génesis 3:19 establece que el sustento se obtiene mediante el esfuerzo personal. El trabajo tiene una naturaleza dignificante, aunque existe una diferencia entre quienes no pueden trabajar y quienes no quieren hacerlo.

La expresión bíblica acerca de no comer si no se trabaja se relaciona con la voluntad de no hacerlo, es decir, con la pereza, y no con la falta de oportunidades laborales. Desde esta perspectiva, la pereza es considerada un pecado espiritual que muchas veces se pasa por alto o se justifica como una simple debilidad personal.

El perezoso mantiene deseos constantes que nunca consigue alcanzar, generando frustración. Además, una persona dominada por la pereza no puede ejercer adecuadamente el liderazgo, porque carece de la capacidad de inspirar a otros mediante su propio ejemplo.

Un líder eficaz debe ser el primero en esforzarse y trabajar. Esta actitud se compara con la de los reyes que encabezaban las batallas. El error de David al permanecer en el palacio en lugar de ir a la guerra se presenta como un ejemplo de las consecuencias negativas de no estar al frente de la labor.

En la vida de fe, la pereza también puede producir parálisis, eliminando el anhelo de conquista, la gloria y la obtención de frutos.

Trabajar también para compartir con los necesitados

La transformación de la persona no termina en ser honrada y trabajadora. También debe manifestarse mediante la generosidad y la disposición a compartir con quienes tienen necesidades.

Trabajar únicamente para obtener el propio sustento representa la norma habitual del mundo, pero compartir parte del salario con otros implica renuncia y negación de uno mismo. Esta renuncia es presentada como necesaria para alcanzar cambios trascendentales y positivos.

Compartir los propios recursos con quienes tienen necesidades requiere estar dispuesto a entregar lo que se tiene. Existe el principio de que cuando una persona entrega lo que posee, Dios puede añadir más. Sin embargo, no se trata simplemente de una frase hecha, sino de una realidad que debe ser experimentada y validada mediante la fe.

El ministerio se sostiene bajo este principio de dar lo que se tiene y confiar en que Dios proveerá más. Retener más de lo que es justo conduce a la pobreza y contradice el propósito expresado en la promesa hecha a Abraham: ser bendecido para convertirse también en una bendición.

La generosidad y el apoyo a los necesitados constituyen así un fundamento de la fe, de la vida cristiana y del ministerio. La honradez, el esfuerzo y la generosidad de un trabajador muestran mediante obras concretas que se ha producido un cambio profundo en el corazón.

El egoísmo es enemigo del amor

El amor hacia el Señor Jesucristo debe permanecer inalterable, pero existen factores capaces de alterarlo. Uno de los principales es el egoísmo, presentado como el mayor antagonista del amor.

Frente al egoísmo, es necesario buscar el bien de los demás en lugar del propio. La renuncia a uno mismo es una actitud que va contra la naturaleza humana y que solo puede alcanzarse mediante el poder del Espíritu Santo y el dominio propio.

El egoísmo afecta tanto el amor hacia Dios como la relación con el prójimo y la propia vida espiritual. La ausencia de amor en la vida espiritual se compara con un jardín que carece de flores, mostrando la necesidad de que el amor sea una evidencia real de la transformación.

Abraham como ejemplo de obediencia y fe

Abraham demostró su obediencia y fe cuando salió de su tierra y de su parentela hacia un lugar que desconocía. Dio un paso de fe sin conocer exactamente cuál sería el destino, confiando en el mandato de Dios.

Su obediencia permitió que el propósito divino siguiera adelante y estuvo acompañada de prosperidad y bendición. Su ejemplo muestra que seguir la voluntad de Dios requiere estar dispuesto a dejar atrás las propias seguridades y preferencias.

Esta disposición también se manifestó ante una posible labor en Perú a principios de los años noventa. Existía un fuerte compromiso con la obra que se desarrollaba en Salamanca y, en principio, no había deseo de abandonarla. Sin embargo, se mantuvo una disposición total para obedecer y trasladarse si esa era la voluntad de Dios.

La actitud fue de apertura y ausencia de resistencia, dejando las preferencias personales en segundo plano. Después de consultar con una figura de autoridad, se acordó orar para confirmar la voluntad divina, manteniendo incluso la maleta preparada ante cualquier instrucción. Finalmente, fue otro hermano, llamado Joel, quien fue enviado a Perú, una decisión que fue aceptada sin oposición.

Crecer siguiendo la voluntad de Dios

Los diferentes cambios geográficos experimentados, desde Victoria a Salamanca y posteriormente a Mallorca, han sido entendidos como experiencias que han producido crecimiento, fortaleza, madurez y renovación de la fe.

Seguir la voluntad perfecta de Dios en cada traslado ha permitido crecer en gracia y conocimiento. Existe una apertura continua ante futuros cambios, reconociendo las limitaciones personales y familiares, pero manteniendo la confianza en que Dios cuida de cada persona.

La disposición para servir al ministerio y al Señor permanece firme ante cualquier cambio que Dios pueda disponer. El verdadero provecho de los cambios y sus consecuencias benditas se encuentra en aquello que ocurre en lo más profundo del corazón.

La transformación verdadera viene de Dios

El cambio que transforma realmente una vida no procede simplemente de una decisión humana ni de una fuerza de voluntad pasajera. El nuevo nacimiento es presentado como el resultado de la sinergia entre la Palabra de Dios y el Espíritu Santo.

Cuando esta transformación es real, comienza a manifestarse en la conducta: en la honradez, el trabajo, la generosidad, el dominio propio, el amor, la obediencia y la disposición para hacer la voluntad de Dios.

El poder del Espíritu Santo permite decir no a aquello que no se debe hacer y sí a aquello que está alineado con la voluntad de Dios. De esta manera, la vida transformada deja de depender únicamente de la capacidad humana y pasa a estar guiada por Dios.

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