¿Quién es Jesús? // Campaña Evangelística – Miguel Díez

¿Quién es Jesús? // Campaña Evangelística – Miguel Díez

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Predicar a Jesucristo: Una Vida Dedicada a Honrar al Salvador

Cada vez que predico, mi deseo central es hablar únicamente de Jesucristo. Para mí, no hay tema más importante que honrar al hombre perfecto que se despojó de su divinidad para hacerse hombre y salvarnos. Adán, el primer hombre, fue creado a imagen de Dios, pero con su caída, toda la humanidad quedó perdida. Jesús vino como el nuevo hombre, como la solución divina a esa pérdida, ofreciendo salvación y vida eterna. Reconocer a Jesucristo como Salvador no es solo un acto de fe, sino un compromiso que transforma nuestra vida, nuestra manera de pensar y nuestra forma de relacionarnos con los demás. La salvación y la vida eterna no se obtienen por buenas obras ni por religiosidad, sino a través del nombre de Jesucristo, quien paga por nuestros pecados y nos restaura a Dios.

Jesús, el Mesías Revelado

En Mateo 16, Jesús hace una pregunta crucial: “¿Quién dicen los hombres que soy yo?” Sus discípulos mencionan a Juan Bautista, a Elías o a alguno de los profetas. Pero la verdadera pregunta va más allá de lo que dicen otros: “¿Y vosotros, quién decís que soy yo?” Pedro responde con claridad y fe: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Jesús celebra esta confesión, pues no proviene de entendimiento humano sino de revelación divina. Esta declaración muestra que solo a través de Cristo podemos ser transformados. Él es el hombre perfecto que nos invita a reflejar la imagen de Dios, tal como fue creado Adán, pero ahora restaurados por el poder del Mesías. Reconocer a Jesús como Mesías no es un acto simbólico; implica aceptar su autoridad, su enseñanza y su obra redentora en nuestra vida diaria.

El Verbo Encarnado

El Evangelio de Juan introduce a Cristo como el Verbo: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era Dios, y el Verbo se hizo carne”. Esto revela la profundidad de su misión: Dios mismo se hizo hombre para habitar entre nosotros. Jesús no vino como un líder religioso cualquiera; Él es la encarnación del amor y la justicia de Dios. Su venida nos muestra que la salvación no es una idea abstracta, sino un encuentro real con el Dios vivo. No todos los seres humanos son hijos de Dios; solo aquellos que creen en Jesús y aceptan su sacrificio son adoptados en la familia divina. Este acto de fe nos transforma y nos permite vivir en comunión con Dios, experimentando su guía, su paz y su amor incondicional.

Jesucristo: Camino, Verdad y Vida

Jesús afirmó ser el camino, la verdad y la vida, declarando que nadie puede llegar al Padre si no es por Él. Esta afirmación requiere coraje, porque implica reconocer que no hay otra vía hacia la salvación. Jesucristo nos ofrece una vida plena y eterna, y su palabra es garantía de protección y guía. Él es la luz que disipa la oscuridad de nuestro corazón, el pan que alimenta nuestras almas y el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas. Además, es la única puerta hacia el cielo, la vía por la cual podemos entrar en comunión con Dios y recibir la vida eterna. Reconocer estas verdades transforma nuestra percepción del mundo y nos da una seguridad inquebrantable frente a cualquier dificultad.

Resurrección y Transformación

Jesús mostró su poder sobre la muerte resucitando a Lázaro, quien llevaba cuatro días fallecido. Este milagro no solo demuestra su autoridad sobre la vida física, sino que también simboliza la transformación espiritual que ofrece a quienes creen. Muchos permanecen espiritualmente muertos, aunque practiquen religiones o buenas obras, porque no experimentan el cambio interior que solo Cristo puede dar. Salir de la “tumba” del mundo implica aceptar su amor, dejar atrás el pecado y vivir una vida nueva en Él. Esta transformación no es opcional; es esencial para experimentar verdadera libertad, paz y gozo.

Manifestaciones de Poder Divino

Jesús calmó tormentas y caminó sobre las aguas, demostrando que nada escapa a su poder. En medio del miedo y la incertidumbre, Pedro dio un paso de fe y comenzó a caminar hacia Él, pero se hundió al desviar la mirada de Cristo. Esta historia nos enseña que nuestra fe debe estar centrada en Jesús. La vida cristiana está llena de tormentas, pero la confianza en su palabra nos permite superarlas. Solo cuando nuestros ojos permanecen en Cristo, podemos caminar sobre las aguas de la adversidad y experimentar su poder transformador en cada área de nuestra vida.

Jesús y la Sanidad

En el estanque de Betesda, Jesús sanó a un hombre paralítico que llevaba 38 años enfermo. No esperó que un ángel interviniera; Él mismo ofreció sanidad y liberación. Esto nos enseña que no necesitamos intermediarios humanos para acercarnos a Dios; Jesús es suficiente. Su invitación es directa: acudir a Él con nuestras cargas físicas, emocionales y espirituales. Él es el sanador perfecto, capaz de restaurar nuestra salud, nuestra mente y nuestro espíritu. La obediencia a su llamado trae vida, sanidad y restauración completa, demostrando su amor incondicional y su poder eterno.

El Llamado de Cristo

Jesús invita: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. Este llamado es para todo aquel que siente el peso de la culpa, la tristeza, la ansiedad o la adicción. Él carga nuestras angustias, paga nuestros pecados y nos ofrece paz. Acercarse a Cristo no es solo un acto de fe, sino una decisión de entregarle nuestras cargas y permitir que su amor transforme nuestro corazón. Este descanso no es solo espiritual, sino integral, afectando nuestra mente, nuestras emociones y nuestras acciones diarias.

La Unción y el Avivamiento

El Espíritu Santo actúa sobre quienes buscan a Cristo, derramando su unción para renovar, sanar y liberar. Los avivamientos muestran que Dios puede obrar poderosamente, sin depender de la habilidad humana. La gracia de Dios permite que nuestras vidas sean transformadas, que la desesperanza se convierta en alegría y que el pecado y la culpa sean removidos. Esta experiencia no depende del lugar o de la persona, sino de la disposición del corazón para recibir el poder del Espíritu.

Jesús no Fundó Religión, Sino un Reino

Jesucristo no vino a establecer una religión, sino un reino eterno. Su propósito es formar una familia santa, apartada y dedicada a Dios. La verdadera obediencia consiste en reconocer su autoridad, vivir según su palabra y aceptar su amor. El cristianismo no es solo una práctica religiosa; es pertenecer al reino de Dios y ser transformados por Él. Reconocer a Jesús como Rey y Salvador nos da identidad, propósito y dirección en un mundo que frecuentemente nos desvía del camino de Dios.

Conclusión: Experimenta a Jesús Hoy

Jesucristo es el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Él nos llama a experimentar sanidad, liberación y renovación. Acercarse a Él nos permite dejar atrás la tristeza, la culpa, el miedo y el pecado, reemplazándolos con su amor y vida eterna. Hoy es el momento de responder a su llamado, de poner nuestras cargas en sus manos y permitir que transforme nuestra vida. Solo en Cristo encontramos esperanza, paz y verdadera alegría, viviendo una vida que honra a Dios y refleja su gloria en cada acción.

Miguel Díez Portada

Miguel Díez es presidente de la ONG Remar en 68 países y fundador de la iglesia Cuerpo de Cristo.

Conocer aquí la biografía de Miguel Díez

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