La única esperanza // Predicación al aire libre – Miguel Díez

La única esperanza // Predicación al aire libre – Miguel Díez

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Hay esperanza para el mundo

La humanidad busca esperanza en un mundo lleno de problemas como guerras y corrupción, preguntándose en quién o en qué puede confiar. Los políticos no ofrecen soluciones viables y la ciencia a veces tiene objetivos cuestionables. Muchas personas esperan encontrar un trabajo estable o casarse, pero estas expectativas pueden no durar debido a la inestabilidad laboral y la alta tasa de divorcios. La sociedad actual refleja una falta de esperanza, donde muchos buscan soluciones fáciles como ganar la lotería o ser sanados por médicos, en lugar de buscar una esperanza más profunda. La pregunta sobre en quién o en qué se puede esperar es fundamental, ya que muchas personas se sienten perdidas en un mundo que parece no ofrecer soluciones duraderas. La falta de deseo de tener hijos refleja también una falta de fe en el futuro y una sensación generalizada de desesperanza.

Vivimos en un mundo sin esperanza

La humanidad enfrenta una situación donde muchos esperan jubilarse sin encontrar sanación, lo que genera reflexiones sobre la existencia de esperanza, la cual requiere compromiso y respeto al creador. La idea del cambio climático se usa para generar pánico y obtener dinero de los gobiernos, pero no ofrece esperanza si no se busca algo superior. Muchas personas ponen su esperanza en objetos materiales como muñecos, vírgenes, cristos y santos, que no pueden ofrecer respuesta, lo que demuestra la inutilidad de esperar en lo que carece de vida. La Semana Santa refleja cómo muchas personas buscan esperanza en rituales sin vida en lugar de en una conexión con algo más alto.

Jesucristo es la única esperanza

Las personas se aferran a cualquier cosa en busca de esperanza, pero Jesucristo es la fuente de toda buena esperanza. Durante la Semana Santa, se reflexiona sobre los discípulos que lo abandonaron tras la crucifixión por miedo, sin entender su resurrección. Dos discípulos se encontraron con Jesús resucitado camino a Emaús, quien les explicó las escrituras y abrió sus ojos al reconocerlo. Jesús les instruyó esperar en Jerusalén hasta recibir el poder del Padre y predicar el evangelio del arrepentimiento. Solo 120 de los 500 discípulos obedecieron tras la ascensión, y algunos como Mateo dudaron de la resurrección hasta tocar sus heridas.

La fe que produce poder

La fe divina produce poder y esperanza, porque sin el Espíritu Santo no hay esperanza y todos estarían condenados. La resurrección de Cristo venció la muerte, el pecado y el mundo, ofreciendo esperanza a la humanidad. Jesús predicaba el evangelio en las calles y plazas, mostrando compasión por la multitud y preocupándose por su bienestar, incluso cuando caminaban largas distancias sin alimento. La fe en Dios garantiza seguridad y esperanza, mientras que la ausencia de fe conduce a la desesperanza y condena.

La multiplicación de los panes y los peces

Dios quiere que seamos instrumentos de milagros, como la multiplicación de los panes y peces realizada por Jesús. La multitud no sabía cómo serían alimentados, pero Jesús tomó lo que tenían, cinco panes y dos peces, y realizó el milagro. Dios no pide más de lo que se tiene, y puede hacer grandes cosas con lo que se entrega en sus manos. Jesús oró, bendijo y distribuyó los alimentos a través de los apóstoles, mostrando el poder de Dios. A pesar de los milagros, muchos abandonaron a Jesús cuando pidió un compromiso total con Él, cumpliendo la profecía de la apostasía.

La esperanza de vida eterna

Pedro reconoció que solo Jesús ofrece palabras de vida eterna y salvación. La reencarnación se cuestiona como una idea sin sentido comparada con la esperanza en Cristo. Jesús enseñó que Él es la resurrección y la vida, y quien cree en Él vivirá aún después de la muerte. La separación eterna de Dios es una perspectiva que debería motivar a reflexionar sobre la vida y buscar respuestas divinas con humildad. La fe permite experimentar la buena esperanza, vivir en amor y poder de Dios, y enfrentar los problemas del mundo con confianza. Dios manifiesta juicio contra la brujería, idolatría y corrupción, pero los eventos actuales pueden ser oportunidad para que las personas se arrepientan y busquen a Dios. La esperanza en Cristo permite hablar con compasión y amor, influir en vidas y ver la bendición en familias y discípulos en todo el mundo.

La esperanza de Cristo

La pandemia hizo que muchas personas perdieran la esperanza, causando pánico y suicidios. Sin embargo, Cristo ofrece esperanza absoluta para cuerpo, alma y espíritu. Testimonios de fe muestran milagros y protección, mientras que quienes confían en la ciencia sin fe a veces mueren. El Salmo 91 es un recurso de esperanza y protección durante tiempos difíciles. La esperanza no es un concepto abstracto, sino un regalo divino que llega con fe, garantizando seguridad y paz cuando se confía en Dios.

La parábola del rico y Lázaro

La muerte es inevitable y cada persona enfrentará su destino. Quienes viven en Cristo son llevados al cielo, mientras que los que no tienen esperanza en Él son entregados al infierno. La parábola del rico y Lázaro muestra la diferencia entre quienes viven en opulencia sin fe y los que sufren en vida pero confían en Dios. La fe en Cristo ofrece salvación y vida eterna, mientras que confiar en lo inestable del mundo conduce a perdición. Se debe aprender a esperar en Dios, vivir confiando en Él, y creer en la resurrección y sacrificio de Cristo. La esperanza en Dios brinda nuevas fuerzas, guía, perdón y paz, y protege del pesimismo y la negatividad, ofreciendo una vida de buena esperanza y bendición para quienes confían en Él.

Miguel Díez Portada

Miguel Díez es presidente de la ONG Remar en 68 países y fundador de la iglesia Cuerpo de Cristo.

Conocer aquí la biografía de Miguel Díez

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