¿Cómo experimentar un cambio espiritual verdadero? // Miguel Díez
¿Qué cambios producen crecimiento y cuáles traen retroceso?
La vida presenta diferentes encrucijadas en las que cada persona debe elegir qué camino seguir. Existen cambios que fomentan el crecimiento y la bendición, pero también hay otros que conducen al retroceso y que son contrarios a la voluntad de Dios. Algunas decisiones pueden incluso llevar a pactos espirituales negativos de los que después resulta difícil retractarse.
Uno de los primeros cambios que inicia la decadencia espiritual y contrista al Espíritu Santo es el abandono de la oración. La oración representa una de las expresiones más profundas de humillación, porque implica reconocer la dependencia absoluta del ser humano hacia su Creador y Salvador. Orar contradice la idea de independencia y reafirma la necesidad constante de buscar a Dios, velar y orar sin cesar.
Aunque una oración prolongada puede producir cansancio físico, el agotamiento del cuerpo no debería convertirse en un impedimento para la vida espiritual. El Señor provee nuevas fuerzas y también existe el apoyo de los hermanos. Cuando se abandona la oración comienza un proceso de entropía que conduce inevitablemente hacia la decadencia espiritual.
El peligro de olvidar a Dios en tiempos de prosperidad
Deuteronomio 8:11-20 advierte sobre la importancia de no olvidar a Dios ni sus mandamientos, decretos y estatutos cuando llegan tiempos de prosperidad. Dios es presentado como la autoridad perfecta que guía el cumplimiento de sus leyes, por lo que las mejores condiciones de vida no deberían hacer que el corazón se aparte de Él.
El peligro aparece cuando una persona comienza a disfrutar de casas cómodas, aumento de bienes materiales, ganado, plata y oro, y su corazón se llena de orgullo. Entonces puede llegar a olvidar que fue Dios quien la liberó de la tierra de Egipto, entendida también como símbolo de la esclavitud al pecado, a la droga, al alcohol, a la maldición y al mundo.
El pueblo de Dios atravesó un desierto grande y peligroso, lleno de serpientes, escorpiones y sed, pero Dios proveyó incluso agua de la roca. Esta experiencia se compara con la liberación divina de la angustia, la desesperación y el sufrimiento producido por el pecado. La pregunta que surge es si todo ese sufrimiento ha sido suficiente para producir un cambio profundo.
Ese cambio debe permitir que el Espíritu Santo produzca un aborrecimiento hacia el mal, el ego y el corazón viejo. Este proceso es presentado como uno de los cambios más gloriosos: la metanoia.
La metanoia como verdadero cambio de mente
La metanoia es definida como un cambio de mente y constituye el verdadero arrepentimiento. No se trata solamente de recordar una experiencia pasada, sino de experimentar una transformación profunda que cambie la manera de pensar y de vivir.
Existe el peligro de olvidar la experiencia espiritual y reincidir en los errores anteriores, llegando a enfrentar consecuencias todavía más graves. Por eso resulta fundamental conservar el recuerdo de lo que Dios ha hecho y permanecer en el camino espiritual.
La experiencia de beber agua de la roca, identificada como Cristo, representa un acontecimiento que debe permanecer en la memoria. Quienes se alejan del camino espiritual suelen conservar el recuerdo de la presencia de Dios, de su amor, de la visión de su reino, de su justicia, de su gloria y de su provisión fiel.
Dios sustentó a su pueblo en el desierto con maná, una comida desconocida para sus antepasados, con el propósito de afligirlos, probarlos y finalmente hacerles bien. De la misma manera, la palabra de Dios debe ser ingerida y asimilada profundamente. No basta simplemente con escucharla.
Cristo es presentado como el pan de vida. La transformación de la mente es un proceso sobrenatural y glorioso que parte de una realidad: el ser humano es lo que consume. Por eso, aquello que ocupa continuamente la mente y el corazón tiene una influencia profunda sobre la condición espiritual.
El consumo constante de contenidos digitales, como la televisión o TikTok, es señalado como un factor que puede deshumanizar a las personas y convertirlas en máquinas. Frente a esto, aparece la necesidad de recuperar el hambre por la palabra de Dios y deleitarse en ella, como lo hacía David.
La búsqueda de revelaciones y de palabras vivas y eficaces de Dios resulta esencial para evitar el deterioro espiritual.
Cómo evitar cambiar a Dios por el amor al dinero
Uno de los peligros del crecimiento material consiste en atribuir las riquezas exclusivamente al propio esfuerzo, fuerza y capacidad personal. El ser humano puede llegar a pensar que todo lo conseguido es resultado de sus propios méritos y olvidar que Dios merece toda la gloria y la honra.
Este olvido puede convertirse en una especie de “Alzheimer espiritual”, en el que se pierden de vista las verdades eternas y al autor de la vida. La capacidad para generar riqueza procede de Dios, quien concede ese poder con el propósito de confirmar el pacto establecido con los antepasados.
El problema aparece cuando el dinero deja de ser un añadido y se convierte en el objetivo principal. Muchas personas consideran que no practican la idolatría porque no adoran imágenes físicas, pero pueden terminar haciendo del dinero un ídolo. El amor al dinero es presentado como una forma de idolatría que afecta incluso a una gran parte de los cristianos.
Por eso, la advertencia central es no olvidar a Dios ni comenzar a seguir a dioses ajenos. Él es el único a quien se debe adorar y servir.
El error de cambiar la adoración
Los israelitas olvidaron rápidamente a Dios, a Moisés y los milagros realizados en Egipto cuando Moisés permaneció cuarenta días en el monte Sinaí. Este episodio muestra cómo el ser humano puede cambiar su adoración cuando pierde de vista a Dios.
La idolatría también puede manifestarse cuando los deseos personales o el trabajo orientado exclusivamente al dinero ocupan el lugar que debería corresponder a la fe y al amor a Dios. El dinero debe ser un añadido que Dios provee y no el objetivo principal por el cual una persona sirve al Señor.
Abandonar la fe o cambiar el yugo de Cristo por otros yugos, como la religión, el dinero o las tradiciones, puede traer consecuencias espirituales graves, incluso cuando externamente se mantienen las apariencias, los buenos modales o las ofrendas.
La falta de atención a la voz de Dios puede llevar a una decadencia espiritual semejante a la de las naciones que fueron destruidas. Incluso personas que han experimentado gran unción y gracia pueden perder su posición espiritual y caer en situaciones de vergüenza debido a las tentaciones.
La caída de siervos de Dios que fueron admirados sirve como recordatorio de que nadie puede confiar en sus propias fuerzas. Sin la gracia de Dios y su cuidado, el ser humano es propenso a pecar, incluso de manera disimulada.
Cómo formar un cambio duradero en hijos y nietos
Guardar el alma con diligencia es fundamental para no olvidar las experiencias vividas y poder transmitirlas a los hijos y a los nietos. Miles de personas, estimadas entre 180.000 y 200.000, han pasado por procesos de rehabilitación en Remar y han sido testigos de sanidades, liberaciones y restauraciones familiares.
Cuando estas experiencias no se transmiten a las nuevas generaciones, existe el riesgo de que los hijos caigan en desgracia. Por eso, el discipulado implica que padres y líderes se unan para enseñar a los hijos y nietos las mismas verdades que el Señor ha revelado.
Las maravillas y testimonios relacionados con la fe y con las labores de Remar SOS, incluidas las realizadas en Ucrania o el próximo evento en Tenerife, son presentados como realidades constantes y no como fábulas.
También se plantea una advertencia hacia quienes, después de superar adicciones, consideran que sus hijos deberían tener otras opciones distintas de una vida en Cristo. Se afirma que solamente existen dos caminos: estar con Cristo o estar en contra de Él.
El enfriamiento del amor, producido por la falta de oración, de vigilancia y de disciplina, puede conducir a la decadencia espiritual familiar y al divorcio. La complacencia excesiva y una falsa magnanimidad hacia los hijos o la pareja también pueden permitir que el mundo ejerza una influencia negativa.
El amor verdadero es descrito como el fuego de Dios y el celo santo de Cristo, algo que debe renovarse y aumentar. La pérdida del temor de Dios después de abandonar la oración es identificada como uno de los motivos más graves de la decadencia espiritual.
El temor de Dios como base para no volver atrás
Según el Salmo 85, Dios habla paz a sus santos, mientras que para quienes están sucios o inmundos el mensaje es de arrepentimiento. La paz de Dios resulta fundamental para evitar regresar a la locura y a las conductas disparatadas o groseras del mundo.
La salvación está cerca de quienes temen a Dios. Este temor implica un respeto profundo, acompañado del deseo de no ofender al Padre celestial y de buscar ser guardados de la tentación. La pérdida de este temor puede traer consecuencias graves incluso para quienes son siervos o ungidos.
El Salmo 2 exhorta a los reyes y jueces a ser prudentes, admitir la amonestación y servir a Dios con temor y temblor. Los creyentes pueden discernir y juzgar espiritualmente para separar la verdad de la mentira, aunque la facultad de condenar pertenece únicamente a Dios.
También se enfatiza la necesidad de honrar al Hijo para no perecer en el camino. La salvación no debe entenderse como una póliza de seguro incondicional, porque el temor de Dios sigue siendo necesario ante la realidad de su ira santa.
Eclesiastés 7:18 señala que quien teme a Dios saldrá bien en todo cuando actúa bajo la voluntad del Señor y no bajo su propia carnalidad, egoísmo o sentimentalismo. Por eso, es necesario mantenerse ceñido a la palabra de Dios y atender a la guía presentada en Deuteronomio 10:12-13.
¿Qué pide Dios para traer verdadera prosperidad?
Dios requiere que su pueblo le tema, camine en sus caminos y le sirva con todo el corazón y toda el alma. La verdadera prosperidad no se presenta simplemente como una cuestión económica, sino como una vida centrada en Dios.
Quienes no están consagrados al Señor pueden terminar dedicando la mayor parte de su tiempo y de sus fuerzas a trabajar para personas que no siguen los preceptos divinos. También existe una percepción equivocada de que el evangelio puede vivirse de dos maneras separadas: sirviendo a Dios a tiempo completo o simplemente asistiendo a cultos religiosos.
La enseñanza presentada sostiene que muchas iglesias y líderes religiosos no logran producir cambios significativos en el mundo ni establecer el reino de Dios porque no operan como verdaderos discípulos. Incluso después de la interrupción de muchas estructuras religiosas durante la pandemia de COVID-19, algunas retomaron sus actividades centradas en el cobro de diezmos y ofrendas sin haber aprendido una lección espiritual.
Cristo no fundó una religión, sino una familia eterna formada por hijos que aman a Dios con todo su ser y al prójimo como a sí mismos. Amar a Dios requiere exclusividad total, sin otros amores que compitan con esa devoción.
La obediencia a los mandamientos y estatutos de Dios es necesaria porque son buenos por naturaleza. Aunque la naturaleza humana, marcada por el egoísmo y el pecado, no puede cumplirlos por sí misma, el Espíritu Santo concede el poder necesario para obedecer.
La verdadera prosperidad que Dios ofrece no se limita a lo económico o material. Su centro está en la riqueza espiritual, en los frutos del Espíritu Santo y en los dones sobrenaturales que Dios concede a quienes deciden obedecerle y honrarle.
La importancia de la comunión pastoral
La decadencia espiritual ocurre cuando se pierde la comunión con Dios, y esta pérdida afecta directamente la capacidad de mantener una comunión saludable con los demás. La comunión con Dios es la fuente que llena a las personas de amor hacia Él y hacia el prójimo, incluyendo a los compañeros de camino y a los consiervos.
Una señal de ruptura en la comunión es dejar de buscar consejo de los ancianos. No buscar consejo para no “molestar” al pastor es presentado como una falsa humildad o una justificación, porque el pastor ama a las almas y no considera una molestia atenderlas.
Algunas personas evitan consultar al pastor porque temen que desbarate sus planes personales o humanistas, o porque tienen miedo de recibir una corrección. Sin embargo, la falta de convivencia y comunicación constituye un síntoma claro de decadencia espiritual.
Mantener una comunicación fluida y de confianza con personas maduras y ancianos es beneficioso y necesario para el crecimiento espiritual. Incluso la visita y el contacto constante con los hermanos requieren esfuerzo y sacrificio, pero son fundamentales para fortalecer la comunión.
La falta de contacto, incluso mediante medios digitales como WhatsApp, muestra que no se está cultivando suficientemente la comunicación. También se advierte contra la autosuficiencia de algunos líderes o pastores que consideran innecesarios a otros.
Los pastores no deberían sentirse menospreciados cuando las personas buscan consejo en otros líderes o pastores mayores. Convertirse en un “tapón” que impide el flujo de la comunicación o el crecimiento de otros puede transformarse en un tropiezo para los miembros más pequeños de la comunidad.
No existe un verdadero estancamiento espiritual: aquello que no mejora tiende a empeorar. Por eso es necesario mantener un proceso continuo de cambio y crecimiento. El crecimiento en la fe y en el amor depende también del ejercicio de la voluntad humana, permitiendo que Dios actúe en la vida.
La necesidad de los dones del Espíritu Santo
La decadencia espiritual también se manifiesta cuando existen carencias sobrenaturales en el ministerio, evidenciadas por la ausencia de liberaciones, sanidades, profecías y otros dones espirituales.
La falta de maravillas y dones sobrenaturales puede indicar una ausencia de unción, reduciendo la práctica ministerial a una simple religión. El bautismo del Espíritu Santo conlleva la recepción de dones sobrenaturales que deben ser ejercidos, aunque algunas personas desconocen los suyos porque nunca los han usado ni anhelado.
Siguiendo la enseñanza del apóstol Pablo, se exhorta a anhelar todos los dones espirituales, especialmente el don de profecía. La palabra profética es presentada como necesaria para evitar que el pueblo se desenfrene y como un aviso divino frente a conductas como la mentira, la fornicación, el robo, el engaño y la hipocresía.
El Salmo 74:9 identifica como síntoma de decadencia la falta de señales y la ausencia de profetas capaces de discernir los tiempos de Dios, conocidos como tiempos de Kairós. El discernimiento profético permite identificar los tiempos cronológicos permitidos por Dios y las maquinaciones del maligno, preparando a los creyentes para no ser tomados por sorpresa.
La asistencia a las reuniones religiosas no debería limitarse a una rutina de cantos, ofrendas y anuncios. Los creyentes deben acudir con el deseo de ser instrumentos de Dios y agentes revolucionarios.
También se presenta la necesidad de pedir dones como palabras de ciencia para revelar lo oculto, palabras de sabiduría para resolver confusiones en el matrimonio, la crianza de los hijos o el ministerio, así como el don de lenguas con su correspondiente traducción.
La vida espiritual necesita renovación, por lo que se anima a solicitar a Dios cánticos nuevos, vino nuevo y aceite fresco.
Recuperar el hambre por la Palabra de Dios
La pérdida del apetito espiritual es presentada como un síntoma de decadencia. De la misma manera que una persona enferma físicamente puede perder las ganas de comer, quien enferma espiritualmente puede dejar de orar y perder el interés por leer la Palabra de Dios.
En ese estado, otras actividades como las películas, el fútbol o las novelas pueden ocupar el lugar que antes correspondía a la palabra. Mateo 5:6 declara bienaventurados a quienes tienen hambre y sed de justicia, mientras que perder ese deseo por Dios y su Palabra conduce a un estado de desdicha.
La calidad de aquello que una persona consume determina su condición. Por eso, anhelar la Palabra de Dios produce bendición. Cuando falta ese hambre pueden aparecer predicaciones vacías y carentes de unción.
Eclesiastés 10:10 compara la necesidad de afilar una espada con la importancia de contar con sabiduría para dirigir correctamente. La Palabra de Dios es presentada como una espada de dos filos capaz de separar el alma, el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, distinguiendo lo que pertenece a la carne de lo que es de Dios.
Quienes no afilan su espada mediante la comunión con Dios carecen de filo al hablar. El Espíritu Santo es quien afila esa espada y permite que la palabra sea sazonada con verdadera sal y sabiduría divina, evitando que se convierta en un mensaje sin vida.
Cómo vencer la melancolía y cambiar la tristeza por gozo
La tristeza carnal y la melancolía aparecen frecuentemente cuando una persona no sabe asumir los sufrimientos que Dios permite para perfeccionarla y transformarla. El sufrimiento puede cambiar a una persona para bien o para mal, dependiendo de si responde con quejas y reproches hacia Dios o con aceptación.
Trabajar para el Señor resulta inútil si no se reconoce que es Dios quien trabaja a través de la persona y quien le concede el privilegio de participar en su obra.
La melancolía es presentada como algo peligroso porque puede derivar en estados de depresión profunda, amargura e incluso suicidio. También se mencionan casos de siervos de Dios que, después de ser utilizados eficazmente en su ministerio, cayeron en depresiones que les hicieron perder décadas de sus vidas.
Ante las injusticias, calumnias o persecuciones, se recomienda evitar el sentimentalismo y la queja y confiar en que Dios puede utilizar esas pruebas para fortalecer y transformar a la persona.
Deuteronomio 28:47-48 señala las graves consecuencias de no servir a Dios con alegría y permitir que la tristeza o la melancolía dominen el corazón. La pérdida del gozo implica también una pérdida de fuerza espiritual y puede llevar a la persona a terminar sirviendo a sus enemigos bajo un yugo de hierro.
Ese yugo puede manifestarse mediante la opresión de un tirano, el propio ego, la religión o situaciones de carencia extrema, hambre y desnudez. Por eso se enfatiza la importancia de servir a Dios con alegría y gozo durante todos los días de la vida.
El cambio glorioso: de siervos a amigos de Jesús
Los siervos que permanecen velando a la espera de su Señor son considerados bienaventurados y triplemente dichosos. Existe la promesa de que el Señor se ceñirá, hará que sus siervos fieles se sienten a la mesa y procederá a servirles, independientemente de si llega en la segunda o tercera vigilia.
La bienaventuranza de servir a Dios se pierde cuando el individuo deja de sentir gozo y se convierte en alguien que se queja y no agrada al Señor. El servicio debe realizarse con alegría, gratitud, gozo y amor verdadero.
Jesús establece que la condición para ser su amigo es cumplir sus mandamientos. La amistad con Cristo requiere obediencia directa a sus mandatos, sin recurrir a razonamientos, excusas personales o compromisos familiares y sociales.
Quienes presentan excusas para no cumplir el llamado de Dios corren el riesgo de no participar en la fiesta de las bodas. Sin embargo, Jesús eleva a sus seguidores de la posición de siervos a la de amigos, porque al siervo se le ocultan las acciones de su señor, mientras que a los amigos se les dan a conocer las cosas que Él oyó de su Padre.
Este cambio de siervo a amigo es descrito como una transformación gloriosa realizada por Cristo.
Oración por renovación y cambio interior
El Salmo 51, especialmente los versículos del 6 al 13, sirve como base para una oración de renovación y cambio interior. En ella se reconoce que Dios quiere la verdad en lo íntimo y concede sabiduría en lo secreto.
La oración pide purificación y limpieza espiritual, expresando el deseo de alcanzar una limpieza superior a la blancura de la nieve. También se pide que Dios devuelva el gozo y la alegría y que los huesos abatidos, el cansancio o la enfermedad sean renovados mediante una nueva creación.
Se ruega a Dios que esconda su rostro de los pecados y borre todas las maldades cometidas. También se pide la creación de un corazón limpio y la renovación de un espíritu recto.
La oración incluye la súplica de no ser apartado de la presencia divina y de que el Santo Espíritu no sea retirado. Se pide igualmente la restauración del gozo de la salvación y el sustento mediante un espíritu noble.
La transformación personal aparece como un requisito previo para enseñar los caminos de Dios a los transgresores y lograr que los pecadores se conviertan. Sin renovación espiritual y la unción correspondiente, no es posible ser utilizado eficazmente como pastor, maestro, evangelista o discípulo de Cristo.
Por eso, la prioridad debe ser buscar primero la renovación del espíritu y la limpieza de toda maldad. La oración termina con una petición de santificación, renovación de la unción en el corazón y llenura del aceite en la lámpara, junto con el compromiso de servir a Dios con la familia y buscar que se cumpla únicamente su voluntad, descrita como santa y perfecta.
El cambio que conduce al crecimiento espiritual
El cambio espiritual verdadero no consiste solamente en modificar determinadas circunstancias externas. Implica abandonar aquello que conduce al retroceso, recuperar la oración, mantener el hambre por la Palabra de Dios, vivir en el temor del Señor, cultivar la comunión y permitir que el Espíritu Santo produzca una transformación profunda.
El orgullo, el amor al dinero, el olvido de Dios, la pérdida del temor, la falta de oración, el aislamiento y la ausencia de hambre espiritual son presentados como señales de decadencia. Frente a ellos aparece el llamado a una vida de obediencia, comunión, discipulado, servicio, gozo y renovación.
La transformación comienza en el interior. La metanoia representa ese cambio de mente y verdadero arrepentimiento que permite dejar atrás el corazón viejo para caminar bajo la voluntad de Dios. El propósito final es que la persona pueda vivir para Cristo, servirle con alegría y transmitir sus verdades a las siguientes generaciones.

Miguel Díez es presidente de la ONG Remar en 68 países y fundador de la iglesia Cuerpo de Cristo.

