Cuando Jesús Camina Contigo en tu Desaliento // Andrés Jiménez CONGRESO REMAR INTERNACIONAL 2025

Cuando Jesús Camina Contigo en tu Desaliento // Andrés Jiménez

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El manto de alegría y la resurrección de Cristo

Los testimonios vivos nos alegran, nos animan y nos esfuerzan. Cada vez que comunicamos con los demás, añadimos alegría o tristeza según el vocabulario que usemos. Es importante recordar que el plan de Dios siempre es dar un manto de alegría a cada una de nuestras vidas.

El mayor manto de alegría para un cristiano es el que vino a través de la resurrección de Cristo. Aunque a veces se comunica poco, es el mayor manto que puede tener un creyente, y es gracias a la muerte de Cristo en la cruz que hoy se glorifica a Dios y se tiene el Espíritu Santo en la vida.

La tristeza de los discípulos tras la crucifixión

Después de que Jesús murió en la cruz, los discípulos estaban tristes porque pensaban que todo había acabado y que no iban a tener a Jesús a su lado. Sin embargo, Él se manifestó primero a María Magdalena y a su madre, y luego a Pedro y a otros discípulos.

La palabra de Dios habla de 70 discípulos y más, y el plan de Dios es hacer discípulos. En el camino de Emaús, dos discípulos se dirigían a un pueblo llamado Emaús, a unos 11 km de Jerusalén, hablando y discutiendo sobre todo lo que había acontecido, a pesar de haber oído que Jesús había resucitado.

La duda de los discípulos y el velo sobre sus ojos

Estos dos discípulos iban caminando y hablando entre ellos, discutiendo sobre quién había tenido la culpa y quién no, a pesar de que ya se había manifestado que Jesús había resucitado. Esto muestra que incluso en medio de la tristeza y la duda, hay un Dios que nos cubre con un manto de alegría.

Jesús se acercó y comenzó a caminar con los discípulos, pero ellos no lo reconocieron porque sus ojos estaban velados. Hay dos versiones sobre por qué los ojos de los discípulos estaban velados: una dice que Dios les veló los ojos y la otra que ellos mismos no podían ver. Ambas enseñanzas nos recuerdan que a veces Dios no nos permite ver ciertas situaciones para protegernos.

La incredulidad y la duda podrían haber sido la razón por la que sus ojos estaban velados, ya que se estaban alejando en lugar de quedarse con los demás discípulos para comprender lo sucedido.

Las enseñanzas de Jesús y el cambio de corazón

Jesús les dio tiempo para comunicarse con Él y les recordó las profecías de Isaías. Les enseñó que el sufrimiento no había sido en vano, y esto fue transformando su corazón a medida que escuchaban su palabra.

A través de estas enseñanzas, los discípulos experimentaron un cambio interno. Aunque no podían verlo con sus ojos en ese momento, sus corazones se llenaron de vida al recibir la palabra de Jesús.

La importancia de la comunicación y la llama del amor de Dios

Es fundamental comunicar de manera que se transmita la palabra de Dios viva a cada persona. Entre los creyentes, la comunicación debe reflejar que Dios está presente, especialmente en los momentos difíciles.

Los discípulos le pidieron a Jesús que se quedara con ellos en Emaús porque querían seguir escuchando sus palabras y sentir su presencia, incluso estando tristes y dudando. Aunque estaban alejándose de Dios, todavía tenían la llama del amor divino encendida en sus corazones y estaban abiertos a que Él obrara en ellos.

El relato de los discípulos y la enseñanza sobre el sufrimiento

Los discípulos, Cleofar y otro, le contaron a Jesús lo que había pasado con Jesús de Nazaret, sin reconocer que hablaban con Él. Le explicaron cómo había sido entregado a los jefes y sacerdotes, y cómo las mujeres habían encontrado el sepulcro vacío.

Jesús les explicó que el Cristo tenía que sufrir antes de entrar en su gloria, enseñándoles sobre las Escrituras desde Moisés y todos los profetas, para comunicarles y hacerles comprender el plan de Dios.

La revelación en la mesa y la apertura de los ojos

Después de la resurrección, Jesús se acercó a un pueblo y fingió ir más lejos, pero los discípulos insistieron en que se quedara con ellos porque ya anochecía. Jesús entró a quedarse, y mientras estaban a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. En ese momento se les abrieron los ojos y reconocieron a Jesucristo, aunque Él desapareció inmediatamente.

La comunión con Dios es lo que permite abrir los ojos y reconocer a Jesucristo. En este caso, la comunión a través del pan con Jesús hizo que los discípulos reconocieran su presencia y se arrepintieran de no haber creído.

El regreso a Jerusalén y la conclusión del mensaje

Después de la comunión, los discípulos regresaron a Jerusalén para contar a todos lo sucedido y transformar su tristeza en alegría. Reconocer la resurrección de Cristo y recibir el manto de alegría a través del Espíritu de Dios es fundamental para todo creyente.

La resurrección de Cristo es, sin duda, el manto de alegría más importante para los cristianos, y la comunión con Dios a través del Espíritu Santo es esencial para reconocer y aceptar a Jesucristo.

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