El libro de Apocalipsis – Capitulo 11
Los dos testigos
En el pasaje se describe que a alguien se le entrega una vara de medir para medir el templo de Dios, el altar y a los que adoran en él. Sin embargo, el patio exterior queda excluido, ya que será entregado a los gentiles. Estos, según el texto, profanarán la ciudad santa durante un periodo de 42 meses. Este detalle muestra una separación clara entre lo que pertenece a Dios y lo que queda bajo dominio humano, simbolizando un tiempo de control y opresión sobre lo sagrado.
Luego se anuncia que Dios dará a dos testigos que profetizarán durante 1260 días. Estos estarán vestidos de cilicio, una prenda que simboliza luto, penitencia y sufrimiento, y son identificados como los dos olivos y los dos candeleros que están de pie ante el Dios de la tierra. Esta imagen evoca una cercanía especial con Dios y un papel de testimonio y luz en medio de la oscuridad, destacando su importancia espiritual y su misión profética.
Estos testigos poseen un poder extraordinario, ya que pueden cerrar el cielo para que no llueva durante los días de su profecía. También tienen autoridad sobre las aguas para convertirlas en sangre y pueden herir la tierra con cualquier plaga cuantas veces quieran. Estas acciones muestran un control sobrenatural sobre elementos naturales, lo que refuerza la idea de que su misión es respaldada directamente por Dios y que su mensaje tendrá un impacto visible y aterrador en el mundo.
Sin embargo, su destino no es fácil. La bestia que surge del abismo se levantará contra ellos, librará una guerra y logrará vencerlos y matarlos. Sus cuerpos quedarán expuestos en la plaza de la gran ciudad, llamada en sentido espiritual Sodoma y Egipto, donde también fue crucificado Nuestro Señor. Este hecho indica una fuerte conexión entre el rechazo a los testigos y la historia de persecución y violencia contra los siervos de Dios.
Los cadáveres de los testigos permanecerán expuestos durante tres días y medio, sin que se les permita ser sepultados. Esta situación provoca alegría y regocijo entre los habitantes de la tierra, quienes celebran enviándose regalos unos a otros. El texto muestra así una humanidad insensible y hasta celebratoria ante la muerte de quienes representan la verdad divina.
Después de ese tiempo, el espíritu de vida enviado por Dios entrará en los testigos y ellos se levantarán sobre sus pies. El temor se apoderará de quienes los vieron, y una voz desde el cielo les ordenará que suban. En ese momento, los testigos ascienden al cielo en una nube, provocando un gran terremoto que causa la muerte de 7000 hombres. Los demás, al presenciar esto, se llenan de temor y glorifican a Dios del cielo. Este evento marca una victoria final de Dios sobre el mal, mostrando que, incluso tras la muerte, la palabra y el poder divino se mantienen.
La séptima trompeta
En el momento en que el séptimo ángel toca la trompeta, se escuchan grandes voces en el cielo que proclaman que los reinos del mundo han pasado a ser del Señor y de Jesucristo. Se anuncia que Él reinará por los siglos de los siglos. Esta declaración representa el cumplimiento del plan divino y el establecimiento definitivo del dominio de Cristo sobre toda la creación.
Los 24 ancianos que estaban sentados delante de Dios se postran en adoración, reconociendo la autoridad y el poder de Dios. Ellos expresan gratitud porque Dios ha tomado su gran poder y ha comenzado a reinar. Esta escena refleja una celebración celestial que reconoce el momento decisivo en el que se confirma el reinado de Dios sobre la historia humana.
Los ancianos también señalan que ha llegado el tiempo de juzgar a los muertos y de recompensar a los siervos de Dios: profetas, santos y todos los que temen su nombre, sin importar si son pequeños o grandes. Asimismo, se menciona la destrucción de aquellos que destruyen la tierra. Este mensaje enfatiza la justicia divina, en la que el bien es recompensado y el mal es castigado, y muestra una preocupación por el cuidado de la creación.
En ese instante, el templo de Dios se abre en el cielo y el arca del pacto se hace visible. Se producen relámpagos, voces, truenos, un terremoto y gran granizo, señales que simbolizan el poder y la majestad divina. La aparición del arca, elemento central del pacto con Dios, reafirma la presencia de la promesa divina y la continuidad del plan de salvación.
La adoración a Dios se manifiesta en la acción de los 24 ancianos, quienes se postran y agradecen a Dios por su poder y reinado. Además, se reitera la idea de que llegará el momento de juzgar y destruir a los que destruyen la tierra, recordando que el juicio divino también tiene una dimensión ecológica y moral, donde la protección de la creación es parte del mandato de Dios.
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