Entendiendo el Don de Revelación

Entendiendo el Don de Revelación

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En esta enriquecedora charla bíblica, Carlos Reich y Walter Etcheverry profundizan en uno de los temas más importantes para la vida de la Iglesia: los dones del Espíritu Santo y su verdadero propósito.

Para comprender los dones del Espíritu Santo, es fundamental cambiar nuestra perspectiva: el don no es una posesión personal, sino una herramienta de trabajo. Al igual que un electricista recibe herramientas específicas según la tarea que debe realizar (escaleras para luminarias o destornilladores para enchufes), Dios reparte Sus dones en función de una necesidad específica y para el beneficio del cuerpo de Cristo.

Es un error común mimetizarse con el don o usarlo para alimentar el ego. La Biblia es clara: el don de Dios no se compra ni se adquiere por mérito propio. Es el Espíritu Santo quien los reparte como Él quiere. Por lo tanto, la motivación del corazón es lo que Dios juzga, y estas manifestaciones deben servir siempre para el provecho del Reino y no para el usufructo personal.

El encuentro de Natanael: Rompiendo prejuicios a través de la revelación

En Juan 1:43-51, vemos un ejemplo poderoso de cómo Jesús utilizó el don de revelación. Natanael tenía un prejuicio marcado: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?». Sin embargo, cuando Jesús le dice: «Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi», destruyó por completo sus barreras mentales.

Este episodio nos enseña puntos clave sobre el propósito de los dones:

  • No es adivinación: Es una manifestación del Espíritu Santo que busca sacar a luz la verdad.
  • Rompe el escepticismo: El Señor utiliza los dones para despertar el interés y sacarnos de la falta de fe.
  • Revela la identidad: A través de un hecho específico y privado, Natanael reconoció a Jesús como el Hijo de Dios y el Rey de Israel.

La importancia de no ignorar los dones espirituales

El apóstol Pablo, en 1 Corintios 12, nos insta a no ser ignorantes respecto a los dones espirituales. Esta ignorancia no es solo falta de conocimiento, sino que a veces puede ser desidia. Dejar de lado estas herramientas limita la capacidad de la iglesia para operar con eficacia.

Existen tres dones que suelen trabajar de forma sinérgica:

  1. Don de Ciencia (o Conocimiento): Revelación de hechos o situaciones específicas de la vida de una persona.
  2. Discernimiento de Espíritus: La capacidad de separar la realidad de las apariencias y ver las intenciones del corazón.
  3. Don de Profecía: Palabra inspirada para edificación, exhortación y consolación.

El discernimiento como protección ministerial

El discernimiento es una herramienta fundamental, especialmente en el ejercicio pastoral. Significa «tamizar» o separar lo que parece ser de lo que realmente es. Jesús mismo no se fiaba de todos porque «sabía lo que había en el hombre» (Juan 2:23-25).

En la práctica ministerial, el discernimiento permite identificar la mentira y el engaño. No se trata de ser infalible, sino de contar con un respaldo espiritual para proteger la integridad de la iglesia. Cuando alguien intenta ocultar «síntomas espirituales» o mentir a sus líderes, está intentando engañar al Espíritu Santo, lo cual tiene consecuencias graves, como vemos en el caso bíblico de Ananías y Safira.

Luz vs. Tinieblas: El propósito de la exposición

Es importante entender que Dios no envía Sus dones para condenar, sino para que la gente sea salva. Sin embargo, aquel que practica lo malo suele aborrecer la luz y evita acercarse al liderazgo o a la manifestación de los dones por temor a que sus obras sean reprendidas.

Aplicaciones prácticas para el creyente:

  • Honestidad total: No intentes ocultar áreas oscuras de tu vida; el que confiesa su pecado y se aparta alcanza misericordia.
  • Acepta la incomodidad: Un buen líder debe hacer preguntas incómodas para «sanear» lo viejo antes de que Dios pueda pintar algo nuevo.
  • Busca la edificación: Si sientes el llamado, desarrolla tus dones mediante la comunión constante con el Espíritu Santo, aprendiendo a escuchar Su voz por encima de tus propios deseos.

Conclusión

Los dones del Espíritu Santo son manifestaciones necesarias para el desarrollo de una iglesia saludable y madura. No debemos menospreciarlos ni ignorarlos, sino anhelarlos con la motivación correcta: edificar, consolar y exhortar. Al vivir en la luz y permitir que estas herramientas divinas operen, el temor de Dios crece en Su pueblo y las obras de maldad son deshechas, permitiendo que cada creyente camine en la integridad que el Señor demanda.

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