Lo que será removido y lo que permanecerá para siempre // Charlas Con Carlos Reich

Lo que será removido y lo que permanecerá para siempre // Charlas Con Carlos Reich

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Escuchar sin prejuicios

Uno de los primeros desafíos para el creyente es aprender a escuchar con un corazón dispuesto. Los prejuicios personales, culturales o sociales pueden impedir que una persona reciba el mensaje que Dios quiere transmitir. Cuando se rechaza al mensajero únicamente por quién es, también se corre el riesgo de rechazar la palabra que Dios desea comunicar.

Escuchar con humildad permite que el Espíritu Santo trabaje en el corazón, mientras que una actitud de desprecio o indiferencia puede cerrar la puerta a enseñanzas que transforman la vida.

Lo conmovible y lo que permanece

Hebreos enseña que todo aquello que puede ser conmovido será removido para que permanezca únicamente lo inconmovible. Esta verdad invita a examinar dónde están puestas nuestras prioridades.

Las posesiones, los logros personales, el reconocimiento y las circunstancias materiales pueden cambiar o desaparecer. En cambio, el reino de Dios permanece firme para siempre. Cuando la vida se construye sobre lo eterno, las dificultades dejan de ser el centro y la esperanza se mantiene firme.

El peligro de vivir para lo pasajero

No existe nada malo en trabajar, construir una casa o desarrollar proyectos personales. El problema aparece cuando esas metas ocupan el lugar que corresponde a Dios.

Una persona puede invertir años de esfuerzo en objetivos temporales y descubrir, ante una pérdida inesperada, que todo aquello en lo que había depositado su seguridad desapareció. Cuando el enfoque está únicamente en lo material, cualquier cambio puede provocar frustración y vacío.

La enseñanza bíblica invita a buscar primero el reino de Dios y su justicia, confiando en que lo demás llegará en el momento adecuado.

El fuego que purifica

La Escritura presenta a Dios como un fuego consumidor, no con el propósito de destruir al creyente, sino de purificar su vida. Así como el oro necesita pasar por el fuego para eliminar las impurezas, también el corazón necesita ser transformado para reflejar el carácter de Dios.

Este proceso implica renovar la mente, abandonar aquello que debilita la vida espiritual y permitir que el Señor muestre qué aspectos necesitan ser corregidos.

La poda espiritual

Jesús utilizó la imagen de la vid para enseñar que el Padre poda las ramas que llevan fruto para que produzcan aún más. La poda representa aquellas situaciones, hábitos o prioridades que consumen fuerzas y no contribuyen al propósito de Dios.

Aunque este proceso puede resultar difícil, su finalidad no es quitar valor a la persona, sino fortalecerla para que su vida sea más fructífera y útil dentro del reino de Dios.

Priorizar el llamado de Dios

Muchas personas postergan el propósito de Dios esperando alcanzar primero estabilidad económica, éxito profesional o mejores condiciones personales. Sin embargo, el tiempo pasa rápidamente y esas condiciones ideales muchas veces nunca llegan.

La enseñanza invita a dedicar a Dios lo mejor de la vida y no únicamente lo que sobra. Poner al Señor en primer lugar significa reconocer que Él merece nuestras mejores fuerzas, talentos y tiempo.

Cuando cambian las prioridades

El encuentro con Dios transforma la manera de pensar. Aquello que antes parecía indispensable puede perder importancia cuando el corazón descubre un propósito mayor.

Los proyectos personales dejan de ocupar el centro de la vida para dar lugar al deseo de cumplir la voluntad de Dios. Este cambio no nace de la obligación, sino de una transformación interior que orienta la mirada hacia las cosas eternas.

La verdadera sabiduría

La Biblia advierte que la sabiduría de este mundo puede convertirse en vanidad cuando pretende reemplazar la dirección de Dios. El conocimiento por sí solo no garantiza una vida con propósito.

La verdadera sabiduría consiste en reconocer la voluntad de Dios y vivir conforme a ella. De esta manera, la persona deja de construir únicamente para el presente y comienza a invertir en aquello que permanecerá para siempre.

Recordar al Creador

El libro de Eclesiastés exhorta a recordar al Creador durante los años de la juventud. La razón es sencilla: la vida transcurre rápidamente y llega un momento en el que las fuerzas disminuyen.

Buscar a Dios desde temprano permite desarrollar una relación sólida antes de que lleguen las dificultades propias del paso del tiempo y ayuda a construir una vida basada en fundamentos eternos.

Un reino inconmovible

A lo largo de la historia han existido grandes imperios que parecían invencibles. Sin embargo, todos desaparecieron. La Biblia afirma que únicamente el reino de Dios permanecerá para siempre.

Mientras los sistemas humanos cambian constantemente, el gobierno de Dios permanece firme, estable e inamovible. Esa es la esperanza del creyente: formar parte de un reino que jamás será destruido.

Extender el reino de Dios

Jesús anunció que el reino de los cielos se había acercado e invitó a sus seguidores a participar en su expansión. La misión del creyente no consiste únicamente en asistir a una congregación, sino en llevar el mensaje del Evangelio allí donde todavía predominan las tinieblas.

Cada creyente forma parte de la obra de Dios, siendo un instrumento para acercar a otras personas a una relación con Él.

Una mirada puesta en la eternidad

Las circunstancias de la vida cambian constantemente y muchas de las cosas que hoy parecen indispensables pueden desaparecer mañana. Por eso, la invitación de la Escritura es clara: dejar de centrar la vida en lo conmovible para abrazar lo inconmovible.

Cuando el reino de Dios ocupa el primer lugar, las prioridades cambian, las decisiones adquieren un nuevo sentido y la vida encuentra un propósito que trasciende el tiempo. Todo lo pasajero terminará desapareciendo, pero aquello que se hace para Dios permanecerá para siempre.

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