Lección: La Valentía // Ramon Ubillos – Discipulado
a valentía en el camino del Señor
La obra del Señor no es para cobardes, sino para personas decididas a arriesgar lo que sea necesario con tal de cumplir el propósito que Dios ha puesto delante de ellas. El Señor busca valientes, hombres y mujeres que no retroceden ante los desafíos y que entienden que el temor es una de las armas más fuertes del enemigo.
El enemigo y su estrategia del temor
El enemigo actúa como un león rugiente, siempre intentando intimidar, acusar y hacer creer que no tenemos derecho a enfrentarlo, tal como hizo Goliat con David. Sin embargo, la valentía de David lo llevó a avanzar sin vacilar, enfrentándose a Goliat a pesar de las amenazas. Este ejemplo nos recuerda que la obra de Dios requiere coraje para superar el miedo.
El llamado bíblico a despertar a los valientes
En el libro del profeta Joel se habla de una proclamación de guerra donde se despierta a los valientes y se anima incluso a los débiles a decir “fuerte soy”. La valentía también se ve en el episodio donde Moisés regresó del monte Sinaí y llamó a quienes estuvieran dispuestos a ponerse a su lado, siendo respondido por 3000 valientes que no temieron actuar.
La vida bajo la gracia de Dios
La historia de la guerra del Golfo muestra cómo muchos temían viajar a Israel, mientras que los valientes, conscientes de que sus vidas dependían de la gracia del Señor, no se dejaban dominar por el miedo. Así como Pablo, quien después de ser apedreado y dado por muerto se levantó y continuó su misión, los creyentes viven sostenidos por la gracia divina.
La fortaleza en la debilidad
Pablo llegó a entender que cuando era débil, entonces era fuerte, porque el Señor se glorifica en nuestra fragilidad. El creyente puede enfrentar cualquier adversidad con valentía, sabiendo que Cristo ya venció al mundo y que ninguna artimaña del enemigo tiene poder sobre quienes viven bajo la autoridad del Señor.
Jesús, el que calma la tormenta
El relato de Jesús durmiendo en la barca mientras la tormenta azotaba enseña que no hay razón para temer cuando Él está presente. Aunque los discípulos se asustaron, Jesús calmó el mar con una sola orden y les recordó la importancia de la fe. Más tarde, llenos del Espíritu Santo, estos mismos discípulos se convirtieron en hombres valientes que enfrentaron al sanedrín.
El miedo que paraliza
Muchas personas viven atemorizadas por cosas que nunca van a suceder, recordando experiencias pasadas que los mantienen atrapados en el temor, como el “gato escaldado” que huye del agua. Pero el miedo no resuelve nada. Es necesario tomar decisiones valientes, no dejar que las experiencias negativas gobiernen la vida y confiar en la protección divina.
El perfecto amor echa fuera el temor
El amor de Dios elimina el miedo. Ya sea ante turbulencias en un avión o ante el tráfico diario, el temor irracional puede controlar a las personas. Sin embargo, Jesús venció al enemigo y no existe razón para que un hijo de Dios viva en pánico, especialmente cuando se sabe que la victoria ya ha sido ganada en la cruz.
La autoridad del siervo de Dios
Un siervo de Dios tiene poder y autoridad sobre el enemigo. La protección divina no produce arrogancia, sino confianza. Dios da gracia para enfrentar situaciones difíciles y convierte las adversidades en oportunidades para una victoria mayor. Incluso la muerte de Jesús, que parecía una derrota, trajo vida eterna para todos.
El peligro de la cobardía
En Deuteronomio 20 se menciona que los hombres medrosos deben regresar a su casa, pues la cobardía pone en riesgo la vida de los demás. En un ejército —y también en el discipulado— se requiere gente valiente. El miedo abre brechas que el enemigo puede aprovechar, mientras que la valentía mantiene firme al pueblo de Dios.
Buscar a Dios para vencer el temor
El salmo 34 enseña que quien busca a Jehová es oído y librado de todos sus temores. Aunque algunas personas temen cosas cotidianas como ascensores o la oscuridad, los hijos de Dios son luz y pueden reprender los espíritus de miedo en el nombre de Jesús, recordando que incluso los demonios temen ser enviados al Abismo.
Prudencia, no miedo
Es fundamental distinguir entre prudencia y miedo. Usar un cinturón de seguridad es prudente; vivir dominado por el temor, no. Dios no hace acepción de personas, por lo que todo aquel que lo busca puede ser libre del miedo y vivir con valentía conforme a su propósito.
El valiente alcanza lo que busca
La Escritura enseña que al valiente le será dado lo que desea, mientras que al impío le vendrá lo que teme. El miedo atrae lo que tememos porque le damos autoridad. Los redimidos pueden afirmar con confianza: “Dios me ha librado del temor”. Textos como Hebreos 13 refuerzan la certeza de que el Señor es nuestro ayudador.
No temeré lo que pueda hacer el hombre
La Biblia declara que ninguna arma forjada contra los hijos de Dios prosperará. La historia de Mardoqueo y Amán muestra cómo Dios invierte las situaciones y defiende a quienes le son fieles. Dios cuida de los suyos con celo y peleará por ellos en cada batalla.
La valentía como estilo de vida
La valentía es indispensable para enfrentar las pruebas y avanzar en la obra de Dios. No debemos permitir que el temor nos engañe o nos frene. Confiar en Dios nos permite superar obstáculos, caminar con seguridad y vivir bajo la protección de Aquel que nunca pierde una batalla.

