Lo que solo Jesús puede cambiar en tu vida // Miguel Diez CAMPAÑA TOLEDO 2026
La búsqueda de respuestas sobre la existencia
Desde el nacimiento, el ser humano busca respuestas a preguntas vitales. La vida está formada por preguntas y respuestas, aunque muchas conversaciones cotidianas se quedan en cuestiones superficiales que no alcanzan las necesidades profundas de la persona. Por eso, formular preguntas profundas puede ser más difícil que ofrecer respuestas.
Las preguntas fundamentales de la vida
La filosofía antigua daba una importancia especial a las preguntas existenciales. Entre ellas se encontraban tres interrogantes fundamentales: ¿Quién soy?, ¿De dónde vengo? y ¿A dónde voy? Estas preguntas buscan comprender el sentido de la existencia y evitar que la vida sea desperdiciada.
La pregunta sobre la existencia también aparece en la obra Hamlet de Shakespeare mediante la conocida cuestión sobre «ser o no ser». Esta interrogante refleja la importancia de detenerse a pensar en la propia existencia y en el propósito de la vida.
La verdadera existencia y el valor de la persona
La verdadera existencia y el ser se presentan vinculados con la comunión con el eterno, aquel que no fue creado y que otorga el ser a quien desea. Desde esta perspectiva, el valor de una persona no depende de la cantidad de bienes materiales que posee, sino de lo que es y del valor que Dios le otorga.
Jesús enseñaba mediante preguntas
Jesús utilizaba frecuentemente las preguntas como una forma de enseñanza. Esta manera de aprender también aparece en la tradición de la Torá, donde los niños son enseñados a cuestionar y a buscar respuestas junto a sus maestros.
La enseñanza mediante preguntas permite ir más allá de las respuestas superficiales. En lugar de limitarse a transmitir información, las preguntas pueden llevar a una persona a examinar sus pensamientos, sus deseos y su relación con Dios.
La provisión de Dios y nuestra relación con lo material
En el relato de la multitud que permaneció durante tres días escuchando a Jesús, los discípulos se preocuparon por la falta de alimento. Jesús, en cambio, mostró compasión por aquellas personas y se preocupó por lo que podía sucederles durante el camino.
Cuando Jesús preguntó qué tenían disponible, aparecieron los cinco panes y los dos peces. El relato sirve como recordatorio de que, desde una perspectiva espiritual, todo pertenece a Dios, incluyendo la familia, el tiempo y el aliento.
También se plantea que la verdadera libertad se alcanza cuando las posesiones materiales dejan de dominar a la persona y dejan de convertirse en el tesoro de su corazón.
La importancia de buscar a Dios con insistencia
La oración también está relacionada con las preguntas que una persona presenta delante de Dios. Se destaca la importancia de realizar las preguntas correctas, especialmente aquellas relacionadas con las profecías y los acontecimientos futuros, manteniendo una actitud insistente en la oración.
La insistencia en la oración expresa una búsqueda continua y una disposición a esperar la intervención de Dios.
Jesús y el paralítico de Betesda
El estanque de Betesda es presentado como el lugar donde Jesús se encontró con un hombre que llevaba 38 años paralítico. Allí había una multitud de personas enfermas que esperaba el movimiento de las aguas, pero Jesús se acercó específicamente a aquel hombre.
La historia muestra una intervención de Jesucristo ante una situación que parecía imposible de solucionar. El hombre no tenía quien lo llevara al estanque, pero Jesús le ordenó levantarse y caminar.
Una relación íntima con Jesús
El texto plantea una diferencia entre tener una religión y mantener una relación íntima con Jesús. Muchos cristianos pueden tener una práctica religiosa sin experimentar una comunión personal y profunda con Cristo.
La pregunta que Jesús hizo al paralítico acerca de si quería ser sano lleva también a reflexionar sobre el deseo de vivir una vida de santidad. Se plantea que ser cristiano no debería limitarse a una identificación religiosa, sino que debe estar acompañado por el deseo de consagración y purificación.
Dios puede hacer lo imposible
El relato del paralítico sirve también para destacar la omnipotencia de Dios. Se plantea que Dios puede pedir cosas que parecen imposibles para manifestar su poder y hacer crecer la fe al demostrar que Él puede realizar maravillas.
Las preguntas que aparecen en la Biblia también sirven para interpelar a las personas acerca de sus deseos y de su relación con Dios.
¿Quién es realmente Jesús?
En Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos quién decían los hombres que era el Hijo del Hombre. Las respuestas mencionaban a Elías, Juan el Bautista o alguno de los profetas.
El texto establece una diferencia entre considerar a Jesús únicamente como un gran profeta y reconocer su identidad divina. Se afirma que Jesús es Dios hecho hombre, el Verbo que existía con Dios antes del principio y que se hizo carne.
Su identidad se presenta bajo la convicción de que es Dios omnipotente, omnipresente y omnisciente, vencedor del pecado, de la muerte, de los demonios y del mundo, y que posee toda potestad en el cielo y en la tierra.
El compromiso total con el Señor
Declararse cristiano o hijo de Dios no se presenta como suficiente. El texto plantea que es necesario aceptar a Jesús como dueño absoluto del cuerpo, el alma y el espíritu. Un compromiso limitado a asistir a cultos o entregar diezmos y ofrendas no alcanza el mandato de amar a Dios con todo el corazón, el alma, la mente y las fuerzas.
Pedro identificó a Jesús como el Cristo, el Hijo del Dios viviente, el único Mesías y Salvador. También se afirma que Jesús, junto con el Padre y el Espíritu, es el creador de los cielos y la tierra.
Ante esta revelación surge una pregunta personal: ¿cuál será la respuesta de cada individuo ante el llamado de Dios a entregar completamente su vida?
La fe del ciego de Jericó
El relato del ciego de Jericó muestra a un hombre que, aunque no podía ver, escuchó el alboroto de la multitud que seguía a Jesús. Al enterarse de que Jesús pasaba por allí, comenzó a gritar pidiendo misericordia y llamándolo «Hijo de David».
Los apóstoles se molestaron por sus gritos y quisieron que guardara silencio. Sin embargo, Jesús conocía sus necesidades incluso antes de que las expresara.
Este relato también lleva a reflexionar sobre la diferencia entre tener una buena conducta o una buena educación y disfrutar de una comunión íntima con Cristo y de la experiencia de la llenura del Espíritu Santo.
Pedir con humildad delante de Dios
La humildad ocupa un lugar importante en la relación con Dios. Se afirma que Dios exalta a quien se humilla y resiste a los soberbios.
Cuando Jesús preguntó al ciego qué quería que hiciera por él, abrió la posibilidad de expresar aquello que realmente deseaba. El texto invita a los creyentes a reflexionar sobre qué quieren pedirle a Jesús, planteando necesidades como la sanidad física o una transformación del corazón.
El ego y la voluntad de Dios
El ego es presentado como uno de los principales enemigos personales. Por eso, se propone pedir a Dios un cambio de corazón y protección frente a la tentación.
Las aflicciones y las situaciones dolorosas también son presentadas como pruebas mediante las cuales se comprueba si una persona mantiene su fe y su amor hacia Dios.
Ante la pregunta sobre qué se desea recibir de Dios, se propone responder buscando que se cumpla su voluntad, porque esta es presentada como perfecta. De esta manera, la persona aprende a confiar y descansar en Dios, permitiendo que Él realice su obra.
El amor verdadero y la entrega
El texto establece una diferencia entre querer y amar. El amor verdadero se presenta como algo que va más allá del deseo personal y que se alcanza cuando el Señor llena a la persona.
Negarse a uno mismo, tomar la cruz y seguir a Jesús implica renunciar a los propios deseos para que se haga la voluntad divina. Esta entrega se relaciona con la petición del Padre Nuestro de que se haga la voluntad de Dios.
Una vida entregada al servicio de Dios
El compromiso con Dios se presenta como una disposición total a permitir que su reino venga a la vida y que su palabra se cumpla. También se recuerda el sacrificio de Jesús, quien se hizo hombre y aceptó morir en un madero siendo santo y sin pecado por amor a la humanidad.
A partir de este sacrificio surge el deseo de servir a Dios. El texto expresa una disposición personal y familiar de servir únicamente al Señor y de ponerse a su disposición para salvar almas, liberar cautivos y socorrer a los necesitados.
El poder para realizar esta obra se atribuye a Dios, mientras que la persona se considera un siervo que pone sus manos y su boca a disposición del Señor.
El deseo de experimentar la obra de Dios
El texto afirma que Dios tiene voluntad de continuar sanando enfermos y liberando a las personas de miedos, pánicos, tristezas y depresiones. También describe su intervención en el alma como un alivio que expulsa los lamentos y llena a la persona de gozo y amor.
La reflexión termina con una invitación a experimentar el cariño de Dios y a acercarse a Él llamándolo «Aba, Padre».

Miguel Díez es presidente de la ONG Remar en 68 países y fundador de la iglesia Cuerpo de Cristo.

