Milagros que nacen de la generosidad // Paulo Oliveira
La importancia de dar y recibir con fe
Estar en la presencia de Dios es reconocer que dependemos totalmente de Él y que todo fruto en nuestra vida proviene de su gracia. Nadie merece lo que recibe, pero Su bondad nos alcanza y transforma. Al acercarnos a la Palabra, como en 2 Corintios 9:1–7, entendemos que dar no es un acto aislado, sino una actitud espiritual que revela el corazón.
Dar con generosidad: más que una acción, una identidad
La Escritura enseña que el que siembra escasamente cosechará escasamente, pero quien da generosamente recibirá también generosamente. Dar no se limita a una ofrenda económica: implica entregar el corazón, la vida, la identidad y todo lo que somos a Jesucristo. Cada persona llega a la presencia de Dios con expectativas diferentes —recibir, dar o ver un milagro—, pero la Palabra afirma que es más bienaventurado dar que recibir. Quien da con alegría experimenta un milagro interior: el gozo de agradar a Dios.
La generosidad como milagro en sí misma
En múltiples lugares, personas han vivido el milagro de dar y recibir: Turquía, Ucrania, Valencia y tantos otros. Algunos salen llenos de gloria, con una alegría que no se compra, fruto de haber servido, amado y dado. La verdadera doctrina no busca vender milagros prometiendo ganancias; busca enseñar lo que Pablo enseñó: una vida de entrega, hospitalidad y generosidad.
La fe que persevera: la historia de Jairo
El relato de Jairo revela que los milagros requieren fe activa. Siendo un hombre influyente, se acercó a Jesús pidiendo la vida de su hija. En el camino, una mujer fue sanada solo con tocar el manto del Señor, mostrando que Dios muchas veces obra en otros antes de obrar en nosotros. Aun cuando le dijeron que ya era tarde, Jairo no se rindió. Jesús le habló directamente: “No temas; cree”. La niña fue sanada, recordándonos que ninguna voz contraria debe apagar nuestra fe.
El testimonio de Alí: la generosidad que abre puertas a Dios
La historia de Alí, un joven de Antioquia, muestra cómo la generosidad puede abrir caminos al Señor. Trabajó como traductor en una misión en Turquía, inicialmente sin interés espiritual. Sin embargo, después de regresar a la universidad, tuvo una experiencia sobrenatural donde un hombre entró en su habitación declarando “Yo soy” y “No temas, confía”. Esa experiencia transformó su corazón y lo llevó a entender que la generosidad de otros había preparado el terreno para su encuentro con Dios.
Advertencia contra una actitud incorrecta
Muchos quieren recibir sin dar, pero el Reino no funciona así. La entrega total a Jesús puede ocurrir en cualquier momento, como sucedió con otro hombre que cambió radicalmente después de un encuentro con Cristo. Sin embargo, no se debe manipular la fe prometiendo recompensas por donaciones, como ocurrió en cierta iglesia donde se ofrecían resultados que Dios no había prometido. La iglesia debe dar, servir y ministrar sin esperar nada a cambio.
Remar en Gana: un ejemplo de generosidad que transforma vidas
La obra de Remar en Gana demuestra el impacto real de la generosidad. Allí, 351 niños de aldeas pobres reciben educación, comida y formación cristiana. Muchos han llegado a ser profesionales gracias a esta oportunidad. El congreso celebrado en Remar África del Oeste fue un oasis de alegría, danza y adoración en medio de un contexto de necesidad.
En la comunidad se desarrolla una escuela de fútbol con tres equipos federados, y está en construcción una clínica para cubrir necesidades básicas. La panadería, que inicia como escuela de formación, también será un apoyo económico para el proyecto. Las campañas evangelísticas en las aldeas llevan alimento físico y espiritual.
Un llamado a apoyar y sembrar con fe
El director del colegio solicitó ordenadores, mobiliario y herramientas por un valor aproximado de 5000 €, con el fin de seguir formando a estos niños. Se invita a quienes sienten el toque de Dios a contribuir, ya sea mediante la ofrenda o hablando con los pastores. Cada aporte, por pequeño que parezca, puede transformar vidas enteras.
La generosidad no solo bendice a quienes reciben: transforma al que da. Por eso se ora por la obra en Gana, por los donadores y por todos los que deciden sembrar con fe, seguros de que Dios multiplicará cada semilla plantada para Su gloria.

