No le quites el lugar al Espíritu Santo – La Unción vs. la ambición humana // Miguel Diez
Empoderamiento y Feminismo
La palabra empoderamiento se ha vuelto común en la sociedad, la política y las religiones, despertando en muchos corazones un anhelo de reivindicación, especialmente entre las mujeres, que buscan superar el machismo histórico que ha sido una aberración. La realidad del machismo ha dejado huellas profundas, y en algunos países, como los musulmanes más radicales, la mujer ha sido considerada inferior e incluso desprotegida. Sin embargo, el péndulo parece haber girado hacia un feminismo que en ocasiones se vuelve abusivo. En este contexto, miles de hombres han sido denunciados injustamente por sus esposas para obtener beneficios del gobierno, y muchas de estas denuncias resultan ser falsas. En lugares como España, una mujer puede acusar a su marido de abuso y este puede ser llevado de inmediato a prisión, una situación que refleja la complejidad y el riesgo de los extremos de ambos lados.
Mujeres en Liderazgo Religioso y Profetas Falsos
En el ámbito religioso, algunas mujeres utilizan el empoderamiento para imponerse sobre la voluntad del varón, y en muchos encuentros se observa que se confirman más pastoras que pastores, algo que no encuentra respaldo en la palabra de Dios. La última reunión de pastores evidenció un predominio femenino, donde algunas se presentaban como apóstoles y profetas, generando desconcierto. Es preocupante que muchos pastores se anuncien como superungidos y creen cultos centrados en la unción, profetizando mensajes alentadores que no siempre son verdaderos, reflejando la búsqueda humana de reconocimiento más que de servicio a Dios.
Ambición vs. Humildad
El culto a la unción y la ambición humana son trampas que pueden desviar a los líderes del propósito divino. La ambición por el poder y el reconocimiento aleja de la verdadera misión de hacer discípulos. Dios concede poder a quienes se humillan, no a quienes buscan empoderarse. Los ministerios enfocados en encantar a las masas pueden volverse populistas y carecer de la unción genuina. La verdadera gracia permite que un ministerio prospere, y esta solo se alcanza con humildad y fe sincera en Dios, no por deseos de gloria personal.
La Gracia y el Ministerio Verdadero
Dios desea renovar a sus siervos y otorgarles su unción, especialmente a quienes han permanecido fieles en humildad. La unción no se alcanza buscando reconocimiento humano, sino mediante la fe y la entrega sincera. La fe y la humildad son esenciales para recibir el manto de la unción y para que un ministerio sea efectivo y duradero. La verdadera experiencia del poder de Dios se refleja en aquellos que buscan honrar Su gloria por encima de la propia.
Últimos Tiempos y Líderes Falsos
El término «hijitos» en el Nuevo Testamento refleja la condición de discípulos auténticos que crecen espiritualmente al volverse como niños. Hoy vivimos en el último tiempo, marcado por la presencia de anticristos y falsos líderes religiosos que buscan empoderarse y enriquecerse, desviando a muchos del camino verdadero. La fe auténtica se manifiesta en quienes permanecen en Cristo, diferenciándose de los que solo buscan éxito religioso y gloria personal. Esto evidencia que no todos los que se dicen del pueblo de Dios son verdaderos hijos suyos.
La Unción Divina y Su Naturaleza
Los nacidos de nuevo que han recibido el Espíritu Santo experimentan la unción divina, manifestada en frutos y poder espiritual. Este poder se refleja en la capacidad de influir positivamente en la vida de otros, como ríos de agua viva que fluyen desde el interior del creyente. La unción se manifiesta también en la oración efectiva y en la predicación con poder, no meramente con palabras humanas. Es un regalo de Dios que transforma y capacita, y que puede mantenerse o perderse según la disposición espiritual del creyente.
Mantener y Recibir la Unción
La unción no depende de empoderamiento humano, sino de la gracia de Dios. Sin ella, no es posible salvar, sanar o liberar a otros. La verdadera fe se fortalece a través de la unción, y es vital reconocerla y usar los dones que Dios otorga. La humildad no consiste en ocultar los dones, sino en ser conscientes de las fallas y mantener la obediencia. La unción capacita para cumplir el ministerio y realizar la obra de Dios de manera efectiva, pero requiere mantener una vida de oración, amor y entrega constante.
Ejemplos y Consecuencias de Perder la Unción
La historia de Saúl ilustra cómo la unción puede perderse por orgullo y vanidad. Es vital recibir la palabra de Dios primero para uno mismo antes de predicarla, renovando diariamente la vasija espiritual para mantener la gracia y la unción. La unción y la gracia no se compran; se reciben a través de la santidad y la fidelidad diaria. La venida del Señor, ya sea al final de los tiempos o al momento de la muerte, exige preparación espiritual constante.
Oración, Fe y Petición de la Unción
Vivir en expectativa del Espíritu Santo es clave, reconociendo nuestra incapacidad y confiando en la gracia divina. La unción se pide con fe, como Eliseo la solicitó a Elías, y Dios desea que sus hijos realicen obras aún mayores que las de Él. No se trata de considerarse “superungido” tras una bendición, sino de reconocer que siempre hay más unción por recibir y que debemos pedirla con humildad y entrega.
Responsabilidad del Ministerio
Recibir poder del Espíritu Santo requiere reconocer la propia insuficiencia y depender de la gracia de Dios. La responsabilidad del ministerio es inmensa, pues implica pastorear almas eternas y rendir cuentas a Dios. El temor de Dios y la humildad son esenciales para mantener la unción y cumplir fielmente la obra encomendada.
Superar el Miedo y Confiar en Dios
La unción transforma al creyente, capacitando a los cobardes a actuar con valor y a enfrentar al anticristo con la autoridad delegada por Dios. No se puede realizar lo imposible sin la unción, y solo se puede dar a otros lo que se recibe de Dios. Confiar plenamente en Él permite superar el miedo y actuar con fe viva.
Poder de la Unción en la Vida Diaria
Obedecer a Cristo y amar a Dios y al prójimo requiere la unción. Sin ella, es imposible vivir plenamente según los mandamientos divinos. La unción nos libera de limitaciones intelectuales, sentimentales, carnales e incluso físicas. Echa fuera el temor, fortalece la fe y permite vivir confiando en la protección y el cuidado divino, avivando el don de Dios en nosotros.
Humildad, Obediencia y Libertad
La unción rompe yugos espirituales y personales, pero requiere una vida de humildad, obediencia y entrega a Dios. La verdadera libertad no se encuentra en la religión, sino en la relación con el Señor. Mantener el corazón abierto y dependiente de Dios asegura que la unción siga activa, guiando y corrigiendo según su voluntad.
Referencias Bíblicas y Promesas
El Salmo 84 enseña que los que habitan en la casa del Señor serán bienaventurados y encontrarán alegría incluso en medio del dolor. Dios llama a sus hijos a avanzar de poder en poder, no con fuerza humana, sino con el poder renovador del Espíritu Santo. La humildad y la mansedumbre, como las de María, abren la puerta a la gracia divina. En 1 Crónicas 29:11-12 y Hebreos 1:9 se refleja que toda fuerza y poder pertenecen a Dios, y que Él desea otorgar su unción a quienes aman la justicia y aborrecen la maldad.
Oraciones y Bendiciones Finales
La oración finaliza reconociendo que la unción de Dios es esencial para vivir con poder, justicia y compasión. Se pide que nunca nos falte la unción, que nos guíe de victoria en victoria y nos llene de su espíritu, permitiéndonos amar y servir con fidelidad. Solo a través de la unción divina es posible cumplir plenamente el llamado de Dios, vencer los desafíos y experimentar su gloria en la vida diaria.

Miguel Díez es presidente de la ONG Remar en 68 países y fundador de la iglesia Cuerpo de Cristo.

