¿Quién es el Hombre para Dios? Una Enseñanza Fundamental // Carlos Reich DISCIPULADO

¿Quién es el Hombre para Dios? Una Enseñanza Fundamental // Carlos Reich DISCIPULADO

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La creación bíblica y la teoría de la evolución

La Biblia es considerada por muchos como la verdad absoluta de Dios, y en ella se afirma que los seres humanos fueron creados por Él. En Génesis 1:27 se expresa que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, creando varón y hembra. Esta afirmación es clave para comprender la identidad del ser humano, pues se sostiene que Dios dio esa identidad a cada persona, sin que el ser humano se la atribuya a sí mismo. Este punto cobra relevancia frente a corrientes seculares que sostienen que la humanidad evolucionó a partir del mono.

La teoría de la evolución, propuesta por Charles Darwin, sugiere que todos los seres vivos evolucionan desde formas más primitivas. Sin embargo, según el texto, esta teoría presenta falencias y ha sido cuestionada en varios aspectos. Se mencionan casos como el fraude del “hombre de Piltdown” para argumentar que algunos eslabones evolutivos han sido desmentidos, lo que genera dudas sobre la validez de esta teoría desde una perspectiva científica y religiosa.

Implicaciones teológicas de la creación

Aceptar la creación divina implica reconocer la existencia de un Dios y, por tanto, asumir la responsabilidad de rendir cuentas ante Él. Esto puede resultar incómodo para algunas personas, por lo que se argumenta que prefieren aferrarse a la teoría de la evolución como una forma de evitar esa responsabilidad.

Además, se señala que el término “teoría” se refiere a un conocimiento especulativo que no ha sido comprobado empíricamente. Según el texto, la evolución no ha podido ser observada ni comprobada mediante el método científico, el cual exige evidencia observable y medible. Por ello, se cuestiona su validez desde un punto de vista científico.

El diluvio universal y evidencias empíricas

El diluvio universal es presentado como un evento que puede observarse empíricamente en la corteza terrestre y en restos encontrados por geólogos. También se menciona que civilizaciones antiguas, como los sumerios, registraron este evento en sus escritos. Esto se utiliza como evidencia de un suceso histórico real, en contraste con la evolución, que se considera no demostrable en laboratorio.

Asimismo, se menciona que el principio de entropía, que establece que todo tiende al desorden, contradice la idea de que las cosas evolucionan hacia algo mejor o más complejo por sí mismas.

La imagen de Dios y la prohibición de imágenes

En Génesis 1:26-27 se reitera que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, y que creó varón y hembra. No se hace referencia a la existencia de un tercer sexo ni a múltiples géneros, por lo que se argumenta que la creación divina se limita a dos géneros. Esta afirmación plantea la interrogante sobre el origen de otras identidades de género desde una perspectiva bíblica.

El texto también aborda la paradoja de que, aunque el ser humano fue creado a imagen de Dios, la Biblia prohíbe hacer imágenes de Él. Esto se explica porque Dios es espíritu, y quienes se acercan a Él deben hacerlo en espíritu y en verdad. Se señala que la creación de imágenes puede conducir a la idolatría, aunque se reconoce que en un inicio se utilizaron como herramienta didáctica para enseñar a quienes no sabían leer ni escribir.

La trinidad divina y la composición del ser humano

Se afirma que Dios es trino, compuesto por Padre, Hijo y Espíritu Santo, y que el ser humano también fue creado trino, con cuerpo, alma y espíritu. Esta comparación se plantea como un punto clave para entender la naturaleza humana y su relación con Dios.

En Génesis 1:31 se menciona que el hombre fue creado en el sexto día, y en Génesis 2:2 se señala que Dios concluyó su obra en el séptimo día. Esto se interpreta como una señal de que la creación del hombre fue la obra final y más sublime de Dios.

Propósito y dominio del hombre sobre la tierra

La creación del hombre tiene un propósito específico: administrar y dominar la tierra. Este punto se presenta como contrario a la idea moderna de que el hombre destruye el planeta y que es preferible protegerlo por encima de la humanidad. En Génesis 1:28 se establece que el hombre debe señorear sobre la tierra, lo que implica autoridad y responsabilidad sobre el mundo creado.

Se enfatiza que Dios formó al hombre del polvo de la tierra y le dio el aliento de vida, convirtiéndolo en un ser viviente. El primer hombre creado fue Adán, cuyo nombre proviene del hebreo Adamá, que significa “tierra roja”, haciendo referencia al polvo de la tierra del cual fue formado.

La imagen y semejanza de Dios en el hombre

El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, como se repite en Génesis 5:1 y Génesis 9:6. Esta idea también se refleja en Santiago 3:9, donde se enfatiza que los seres humanos fueron creados a semejanza de Dios, y por ello el mal uso de la lengua es un acto grave.

Se aclara que la semejanza no es física, ya que Dios es espíritu, sino espiritual y moral. Se sostiene que el ser humano es un ser espiritual, con dos terceras partes de su ser compuestas por el alma y el espíritu, y que posee una naturaleza moral.

Capacidades morales y racionales del ser humano

El hombre es único en su capacidad de recibir el soplo de Dios y tener un espíritu inmortal, lo que le permite tener comunión con Él. Se menciona que el ser humano posee conciencia, la cual actúa como un “farolillo rojo” que guía y acusa o defiende nuestras decisiones, según Romanos 2:15.

Además, el hombre tiene libre albedrío, es decir, la capacidad de tomar decisiones con conocimiento de las consecuencias y asumir responsabilidad por ellas. El texto enfatiza que la persona no debe depender de factores externos para obtener lo que necesita, sino que debe usar su raciocinio e inteligencia para decidir acertadamente.

En 1 Tesalonicenses 5:21 se destaca que el ser humano es racional y capaz de examinar y retener lo bueno. Se señala que el hombre es el único ser creado capaz de razonar, innovar, elegir y comunicarse con Dios y con los demás.

El cuerpo como templo y su temporalidad

El cuerpo es presentado como el vehículo temporal en el que el ser interior se desarrolla. Aunque es importante cuidar la salud, se advierte contra el narcisismo y la obsesión por el cuerpo, porque este es temporal y al final volverá a la tierra.

Tras el pecado, Dios expulsó al hombre del jardín del Edén y decretó que comería el pan con el sudor de su rostro hasta volver al polvo. La muerte se describe como una separación: el cuerpo vuelve a la tierra, mientras que el espíritu vuelve a Dios, según Eclesiastés 12:7.

El cuerpo también es llamado morada terrestre o tabernáculo, y es temporal. En 2 Corintios 5:1, Pablo compara el cuerpo con una morada terrenal que será reemplazada por un edificio nuevo de Dios. Pedro también se refiere al cuerpo como tabernáculo temporal en 2 Pedro 1:13. Asimismo, 1 Corintios 6:19 describe el cuerpo como templo del Espíritu Santo.

El alma: definición y componentes

El hombre fue creado como un ser viviente, un alma viviente, según Génesis 2:7. El término alma proviene del hebreo nefes y del griego psique, que es la raíz de palabras como psicología o psiquiatría. Se explica que el alma es donde se encuentran la voluntad, el intelecto y las emociones.

La voluntad permite decidir y actuar; el intelecto permite razonar y comprender; y las emociones, que forman parte del paquete humano, están vinculadas al amor y a la capacidad de sentir. Se destaca la importancia de no reprimir las emociones por experiencias negativas, sino de aprender a manejarlas de forma sana.

La voluntad, el intelecto y las emociones

El ánimo es parte del alma y se refiere a la capacidad de tener intención y decisión. Una persona desanimada puede tener las funciones del alma afectadas y sufrir depresión o pensamientos suicidas. Se enfatiza que el ánimo se encuentra en el “yo”, no en el cuerpo, y que cuando el alma se enferma, puede afectar profundamente la vida emocional.

El texto menciona que el alma toma decisiones, como se refleja en Job 6:7, y que la voluntad, el intelecto y las emociones están interrelacionados. El intelecto permite aprender, entender y razonar, pero puede verse mermado por diversas circunstancias.

La sabiduría y el conocimiento son presentados como valiosos para el alma. En Proverbios 19:2 se afirma que el alma sin ciencia no es buena, y se resalta que la persona sana en el alma busca aprender y crecer. Aunque el conocimiento puede envanecer, el deseo de aprender es sano y necesario.

Enfermedades psicosomáticas y el alma

Se explica que las enfermedades psicosomáticas son manifestaciones del ánimo en el cuerpo. El odio, la amargura y otras emociones negativas pueden enfermar el alma y provocar problemas físicos.

El alma también se expresa mediante sentimientos como el amor, el odio, la tristeza o la turbación. En Cantares 1:7 se habla del alma que ama, y en Mateo 26:38 Jesús expresa que su alma está triste hasta la muerte. Se destaca que la personalidad de una persona reside en el alma, y que es el alma la que toma decisiones importantes, incluso la de la salvación.

La salvación y la decisión del alma

La salvación es presentada como una decisión personal tomada con la voluntad que Dios otorgó al ser humano. No se culpa a Dios por la falta de salvación si la persona no la elige. Se afirma que el alma no desaparece al morir, sino que continúa en la eternidad, ya sea con el Señor o en el infierno, dependiendo de las decisiones tomadas en vida.

El espíritu y la comunicación con Dios

El espíritu es descrito como el soplo de Dios, el espíritu de vida que permite la comunicación con Dios. Se señala que el “yo” o el alma se comunica con el mundo natural a través del cuerpo y los sentidos, mientras que se comunica con Dios a través del espíritu.

La vida espiritual se desarrolla mediante la comunión con Dios en espíritu y en verdad. Se menciona que el espíritu posee conciencia, intuición y capacidad de comunión, y que la conciencia es un conocimiento interior del bien y del mal.

La conciencia y su papel en la vida espiritual

La conciencia actúa como una guía interna que testifica y habla dentro de la persona. Se advierte que muchas personas intentan acallar la conciencia mediante drogas, alcohol, sexo, dinero o violencia para evitar sentirse mal. Sin embargo, si la conciencia no se acalla, puede guiar a la persona hacia la voluntad de Dios.

La buena conciencia es importante y se mantiene con fe y creencia en el Señor. Se menciona que la conciencia se aviva al nacer de nuevo, cuando la persona cree en el Señor y es bautizada, y que la obra del Espíritu Santo purifica y abre la conciencia.

El pecado apaga los deseos del espíritu y la conciencia, mientras que la palabra de Dios puede avivarla y transformarla. La palabra de Dios es espíritu y vida, y puede actuar como un instrumento de cambio que limpia la conciencia y permite servir al Dios vivo.

La intuición y los dones del Espíritu Santo

La intuición es la facultad de comprender instantáneamente, y se menciona que Jesús pudo conocer en su espíritu lo que otros pensaban. Se sugiere que la intuición puede estar más desarrollada en algunas personas, como las mujeres, y se la relaciona con un “sexto sentido”.

Se enfatiza que la conciencia es fundamental para que se manifiesten los dones del Espíritu Santo, por lo que es importante desarrollarla para entender lo que de otra manera no se podría comprender.

La comunión con Dios y la adoración

El apóstol Pablo, por ejemplo, sabía que le esperaba persecución porque percibía en su espíritu lo que vendría. La comunión con Dios es la capacidad de relacionarse con Él, y el espíritu permite esa relación. En Juan 4:23 se menciona que la adoración debe ser en espíritu y en verdad.

Se diferencia la adoración de simplemente cantar o tocar un instrumento, ya que la adoración requiere que el corazón y el espíritu estén en sintonía con Dios.

El Espíritu Santo y la identidad filial

El Espíritu Santo se comunica con el espíritu humano y confirma que somos hijos de Dios. En Romanos 8:15-16 se menciona que el Espíritu permite decir “Aba, Padre” con confianza y cariño, revelando una relación íntima y filial con Dios.

La caída del hombre y el dominio de la carne

El hombre caído está bajo el dominio de la carne y de sus deseos, lo que impide el desarrollo de la vida espiritual. Se afirma que la vida espiritual no puede crecer si se vive conforme a los deseos carnales, y se debe buscar una relación espiritual con Dios para comprenderlo y sentir su presencia.

La lucha contra los deseos carnales

La Biblia exhorta a “hacer morir los deseos de la carne” para que prevalezca la vida espiritual. Esta lucha se logra aprendiendo a vencer los deseos carnales y buscando la ayuda de Dios en oración.

El ser humano está compuesto por cuerpo, alma y espíritu, y muchas veces el cuerpo y el alma se encuentran unidos, lo que puede llevar a que los deseos carnales prevalezcan. Por ello, es importante aprender a vencer estos deseos, que pueden manifestarse en violencia, drogas, alcohol, discusiones, evasión, entre otros.

El crecimiento espiritual y la lucha contra la carne

La vida espiritual y el Espíritu Santo ayudan a enfrentar las debilidades del carácter y los hábitos aprendidos, siendo un proceso continuo de aprendizaje y crecimiento. Se menciona que incluso el apóstol Pablo no alcanzó la perfección, y que Jesucristo exhorta a tomar la cruz cada día para luchar contra la carne.

Finalmente, se resalta la importancia de pedir la bendición de Dios para obtener fuerza y ánimo en la lucha espiritual, para conocerlo cada día más y escuchar su voz.

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