Visión y Avisos para el 2025 // Miguel Díez

Visión y Avisos para el 2025 // Miguel Díez

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La contabilidad divina y el valor de las buenas obras

Cada año, las personas se detienen para hacer un balance de lo vivido, evaluar sus acciones y proyectar nuevas metas. Sin embargo, en la economía celestial el sistema de valores es distinto: las buenas obras no se capitalizan como cifras humanas, pero sí quedan registradas en la memoria perfecta de Dios. Gestos que para muchos pasarían desapercibidos, como dar un simple vaso de agua a alguien en necesidad, cobran un significado eterno ante los ojos del Señor. Nada queda olvidado, y todo lo que se hace movido por amor genuino forma parte del tesoro que Dios guarda en el cielo para quienes le sirven con sinceridad.

Memoria divina y palabra personalizada

A través de toda la Escritura, Dios deja claro que Él recuerda con exactitud cada acto realizado por sus hijos. Sus recordatorios tienen un propósito: llevarnos a valorar lo que Él ha hecho y mantener viva nuestra fe. Isaías 49 nos muestra un Dios profundamente personal, que llama a cada uno desde el vientre y que nos pone nombre en memoria eterna. Esta palabra sigue hablándonos hoy de forma directa y viva. Incluso en tiempos modernos, Él usa los medios de comunicación como instrumentos para extender su voz a lugares remotos como Filipinas, Sudáfrica o Australia. La palabra de Dios es viva, actual y profundamente íntima.

El poder de la palabra y la identidad espiritual

En el mismo capítulo de Isaías, se declara que Dios pone en la boca de sus siervos una “espada aguda”, símbolo de autoridad espiritual y discernimiento. Esto capacita al creyente para distinguir entre lo santo y lo carnal. Pablo también enseña que el verdadero Israel no es el que proviene de la sangre, sino el que pertenece por la fe al pueblo eterno de Dios. Así, el nombre de “Israel”, reservado originalmente para el Mesías, se otorga por gracia a quienes creen. Ser llamado Israel significa ser príncipe del pueblo de Dios, una identidad que Cristo ha compartido con todos sus seguidores.

Recompensa divina y perseverancia en la fe

En los momentos de fragilidad humana, cuando parece que todo trabajo espiritual ha sido en vano, Dios recuerda que la causa del creyente está delante de Él y que la recompensa está asegurada. Los pensamientos de inutilidad o fracaso no provienen del Espíritu Santo, pues Él sostiene y fortalece al corazón abatido. Dios jamás deja sin recompensa a aquel que lo honra con integridad, por lo que el creyente debe resistir los pensamientos negativos que buscan desanimarlo. Él estima tanto a sus hijos que se hizo hombre y murió en la cruz para rescatarlos; su amor es la garantía de que ninguna obra hecha por fe quedará sin fruto.

El llamado eterno del creyente

A los ojos de Dios, cada creyente es valioso y estimado. Él es su fuerza continua y el fundamento de su identidad y propósito. Desde la antigüedad, Dios ha llamado a su pueblo a restaurar al remanente de Israel y ser instrumentos de reconciliación. La misión encomendada por Jesucristo de ser luz para las naciones sigue vigente hoy con la misma intensidad que cuando fue pronunciada. Ser siervo de Dios significa participar en un proyecto eterno que trasciende fronteras y generaciones.

La elección divina y la misión evangelística

Dios ha escogido a algunos como un tesoro especial, no por mérito propio, sino por puro amor. Jesucristo, el Santo de Israel y su Redentor, ha llamado a hombres y mujeres de distintas familias para incorporarlos a su familia eterna. Aunque surjan pensamientos de incapacidad, fracaso o confusión, la recompensa de Dios está garantizada. La labor evangelística nunca es estéril, porque Él mismo respalda a quienes cumplen su llamado de llevar su salvación hasta lo último de la tierra.

Advertencia contra la vanidad y la hipocresía religiosa

El mensaje también advierte que muchos edifican su vida sobre bases vacías: violencia, calumnias, doctrinas humanas y tradiciones que alejan del corazón de Dios. Las obras hechas con orgullo, manipulación o hipocresía serán finalmente reducidas a nada. Jesús condenó fuertemente la religión vacía, afirmando que muchos rezan con los labios mientras su corazón está lejos de Él. La ley, aunque santa, expone la incapacidad humana; solo la gracia de Cristo puede liberar del peso de la religión sin vida. Dios no busca apariencias, sino corazones transformados.

La fragilidad de la vida terrenal frente al valor espiritual

El libro de Eclesiastés enseña que las riquezas y los bienes materiales no pueden llenar el alma. El hombre puede acumular posesiones, tener hijos, vivir largos años y aun así sentir vacío si Dios no le concede la facultad de disfrutar lo que posee. Quien vive para la vanidad muere insatisfecho, mientras que incluso un niño que muere antes de nacer alcanza la presencia de Dios. El texto subraya que millones de abortos llenan el cielo de almas inocentes, mientras que muchos adultos mueren sin conocer a Dios, lo cual revela la tragedia espiritual de nuestro mundo.

Nuevos nacimientos, nuevas responsabilidades

El nacimiento de un nieto, llamado Caleb, trae consigo una reflexión profunda. El nombre evoca el espíritu fiel de Josué y Caleb, hombres llenos de fe. Así como ellos se mantuvieron firmes, se espera que el espíritu de Dios repose sobre esta nueva generación. Los padres y abuelos tienen la responsabilidad de enseñar a los niños a amar, respetar y honrar a Dios desde temprana edad, guiándolos por el camino que conduce al cielo.

Arrepentimiento, quebrantamiento y misericordia

El relato del rey Ezequías enseña que el orgullo puede desviar incluso a los piadosos. Cuando recibió la advertencia del profeta, se humilló, lloró y se quebrantó profundamente. No fueron sus buenas obras las que movieron la misericordia divina, sino su corazón contrito. El quebrantamiento genuino es lo que abre las puertas a la gracia de Dios. Él no necesita recordatorios, porque su memoria es perfecta; lo que Él busca es sinceridad y humildad en sus hijos.

El fruto visible de la labor evangelística

Tras más de tres décadas de servicio, programas de radio y televisión, tertulias y predicación, Dios ha mostrado que nada ha sido en vano. Testimonios desde Estados Unidos y Latinoamérica confirman que el mensaje llega a corazones sedientos. Personas desde California, por ejemplo, expresan su deseo de unirse a la iglesia. El esfuerzo sostenido, aun cuando parece invisible, produce frutos que solo el cielo puede medir en su totalidad.

Sacrificio, perseverancia y gracia abundante

A pesar de la enfermedad, la fatiga y las dificultades, el mensaje continúa llegando a miles. Las campañas evangelísticas realizadas en 2024 y las de los 43 años anteriores han dejado huella en innumerables vidas. Jóvenes que abrieron su corazón a Cristo durante retiros espirituales son evidencia de que la gracia de Dios está activa, viva y fructífera. Cada viaje, cada congreso y cada transmisión tiene un propósito en los planes eternos del Señor y produce frutos que Él mismo se encarga de multiplicar.

Miguel Díez Portada

Miguel Díez es presidente de la ONG Remar en 68 países y fundador de la iglesia Cuerpo de Cristo.

Conocer aquí la biografía de Miguel Díez

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