Causas de la División en la Iglesia // Charlas Bíblicas
Introducción
En esta charla bíblica profunda y confrontadora entre el pastor Miguel Díez y Ramón Ubillos, se pone sobre la mesa un tema urgente y sensible: la división en las iglesias evangélicas.
A través de una conversación franca, se denuncian los abusos de poder, la pérdida de autoridad espiritual y la proliferación de estructuras religiosas que ya no reflejan el corazón del Evangelio. En medio de los escándalos y la burocracia religiosa, ¿queda esperanza para el Cuerpo de Cristo? Esta reflexión es una exhortación directa a volver al ejemplo de Jesús: humildad, verdad y servicio.
La raíz del problema: el poder mal ejercido
La preocupación por los abusos dentro de algunas iglesias evangélicas en España ha despertado un urgente llamado a la reflexión. No hablamos solo de escándalos sexuales, sino de algo más profundo: el abuso de poder espiritual, el autoritarismo disfrazado de liderazgo y la manipulación que daña a las ovejas. Jesús fue claro: “el que quiera ser el mayor, sea el siervo de todos” (Marcos 10:43-45). Cuando los pastores dejan de servir y comienzan a dominar, la esencia del evangelio se pierde.
Jesús, ejemplo de humildad y servicio
Jesucristo, dueño del universo, no vino como emperador, sino como siervo. Nació en un lugar humilde y se describió como «manso y humilde de corazón» (Mateo 11:29). Él dio su vida por las ovejas, no se aprovechó de ellas. Hoy, sin embargo, proliferan iglesias donde los líderes buscan estatus, economía y poder personal, en lugar de ser pastores que se sacrifican por el bien del rebaño.
Falsa unidad y burocracia religiosa
El problema no es solo individual. Muchas instituciones que deberían velar por la pureza del evangelio han perdido su autoridad espiritual. La diplomacia, el temor al qué dirán o el deseo de mantener la imagen han reemplazado a la verdad. Como dijo el pastor Miguel Díez, “si no se arranca la raíz del mal, los escándalos seguirán creciendo”.
Un llamado a la verdadera autoridad
La autoridad en la iglesia no se basa en cargos otorgados por hombres, sino en el respaldo del Espíritu Santo. Un líder espiritual no es aquel que manda, sino el que sirve con sacrificio. Como dijo el apóstol Pablo: “os ruego, pues, que andéis como es digno del llamamiento… con toda humildad y mansedumbre” (Efesios 4:1-2).
El daño del silencio y la falsa tolerancia
Callar ante el pecado por mantener la paz no es amor; es complicidad. Proverbios 27:5 lo dice claro: “Mejor es la reprensión franca que el amor encubierto”. La verdadera corrección nace del amor por la iglesia. No es juzgar, sino sanar. No es condenar, sino restaurar.
Restaurar la familia, restaurar la iglesia
Todo empieza en casa. La iglesia debe ser una familia espiritual, y nuestras familias deben ser pequeñas iglesias donde los padres modelan la humildad de Cristo. Los niños, los adolescentes, los matrimonios… todos necesitan protección y dirección. Y eso solo puede ocurrir cuando hay paternidad espiritual verdadera, no tiranía ni permisividad.
Conclusión: el tiempo de actuar es ahora
La división en la iglesia no es solo un problema organizativo, es un síntoma de enfermedad espiritual. El amor a Dios se manifiesta en obediencia, sacrificio, verdad y justicia. Si queremos ver un cambio real, no basta con comunicados: necesitamos una reforma desde el corazón, una vuelta al evangelio puro, al Cristo que lava los pies y da su vida por los suyos.

