No Bajes la Guardia Espiritual: Oración, Consagración y Celo en Tiempos de Descanso
Miguel Díez y Ramón Ubillos reflexionan sobre el peligro de bajar la guardia espiritual en tiempos de vacaciones. Mientras muchos creyentes se relajan y las iglesias disminuyen su actividad, el enemigo sigue activo.
En esta conversación, ambos líderes exhortan a mantenernos firmes, intensificar la oración, consagrar nuestras familias y vivir cada día bajo la guía del Espíritu Santo. Este mensaje es una llamada a no detenernos, a mantenernos encendidos en fe, y a renovar nuestra pasión por Dios.
El verano no es excusa para descuidar tu vida espiritual
Miguel señala que en agosto, muchos creyentes bajan la guardia espiritual como si el Reino de Dios también se tomara vacaciones. En algunos lugares, incluso se cierran iglesias. Él advierte que el enemigo aprovecha esos momentos de descuido para sembrar confusión, pecado y caída. Mientras el mundo se toma un descanso, el diablo no cesa de trabajar. Miguel insiste en que es una imprudencia que muchos creyentes se despojen de la armadura de Dios en verano, y reemplazan la oración por ocio, la consagración por carnalidad, y el compromiso espiritual por distracciones temporales. Esta actitud abre puertas peligrosas, y con frecuencia, en esta época se producen rupturas matrimoniales, tropiezos ministeriales y pérdidas espirituales irreparables.
La oración no es rutina: es pasión que nace del amor
Ramón destaca que la oración no debe vivirse como una carga o una obligación, sino como una necesidad que brota del amor por Dios. A medida que el creyente madura, su vida de oración se convierte en un deleite. Miguel afirma que orar no siempre es fácil, pero es lo más inteligente que uno puede hacer. Ambos coinciden en que en vacaciones, cuando hay más tiempo disponible, es ideal para buscar momentos profundos de comunión con el Padre. La oración es fuente de gozo, de fortaleza interior, de renovación del alma, y de dirección. Cuando la oración es vivida desde el corazón, se transforma en un arma poderosa que protege, edifica y transforma.
El ministerio de la intercesión nocturna: un arma contra las tinieblas
Miguel explica que la noche es uno de los momentos donde más obras de tinieblas se realizan. Durante la oscuridad se multiplican crímenes, violaciones, suicidios, sobredosis y perversiones. Por eso Jesús ora por las noches, velando mientras otros duermen. Él recuerda cómo en el pasado mantenían activo un teléfono de oración nocturna que evitaba suicidios y traía esperanza. Explica que deberíamos recuperar las vigilias nocturnas como práctica habitual, y propone que cada iglesia tenga al menos una vigilia semanal. En esas horas de oscuridad, la intercesión puede romper cadenas y cubrir al pueblo de Dios con protección espiritual. Las vigilias son una forma de pelear batallas espirituales donde la luz del Reino invade las sombras del enemigo.
La oración sin corazón produce muerte espiritual
Miguel comparte cómo en una ocasión, mientras oraban con un grupo de hermanos, el Espíritu Santo le dice: “Oráis muy bien, pero es superficial”. A partir de esa corrección, cambia el ambiente y comienzan a orar con el corazón, con lágrimas, sinceridad y verdad. Explica que cuando la oración se convierte en una mecánica, sin participación del alma ni dirección del Espíritu, pierde vida. La oración espiritual no está limitada por horarios, fórmulas o repeticiones. El Espíritu Santo quiere guiar la oración con pasión, dirección y fuego. Orar con el corazón significa humillarse, depender de Dios, reconocer nuestra necesidad y entregarnos completamente. Orar en el espíritu es entrar en un fluir donde el tiempo no importa y donde el alma se conecta con el cielo.
La verdadera consagración de los hijos: la Misbat como entrega espiritual
Miguel enseña sobre la importancia de la Misbat, esa ceremonia judía donde el niño de 12 años se presenta delante de Dios. Lejos de un rito cultural, Miguel explica que es un momento espiritual de entrega total. Abraham entrega a Isaac por amor y obediencia, como modelo de fe. Él insiste en que todo padre creyente debería presentar espiritualmente a sus hijos como siervos de Dios, reconociendo que no les pertenecen. Este acto implica guiar a los hijos desde pequeños en la oración, en la obediencia, en el servicio, y en el evangelismo. La Misbat no es una celebración, es un altar de consagración. Un niño presentado con fe y verdad se forma como siervo del Reino, no como espectador de la iglesia.
Educar desde el vientre: familias que respiran oración
Tanto Miguel como Ramón coinciden en que los hijos deben crecer en un ambiente de oración desde antes de nacer. La intercesión por los hijos no comienza cuando ya caminan o hablan, sino desde el embarazo, con los padres orando por ellos, bendiciéndolos y rodeándolos de la presencia de Dios. Miguel afirma que los niños sienten más que nadie la atmósfera espiritual de su casa. Si la familia ora, el niño lo percibe. Si los padres evangelizan, el niño lo imita. Él recuerda que sus hijos predicaban con él desde los 10 años, y su nieta hoy ministra en cárceles. No porque se les obligue, sino porque se han criado en una cultura de fuego espiritual. Educar con propósito espiritual forma generaciones que no necesitan que se les imponga servir a Dios: lo hacen con alegría y por amor.
Jesús y su propia Misbat: una entrega radical al Padre
Miguel profundiza en el momento en que Jesús, a los 12 años, se queda en el templo y declara: “En los negocios de mi Padre me conviene estar”. Explica que ese acto representa su propia Misbat, su paso a una vida de obediencia radical. Jesús no es rebelde, sino obediente a Dios por encima de todo. Incluso corrige con amor a sus padres para dejar claro que el primer lugar en su vida lo ocupa el Padre celestial. Esta enseñanza revela que la verdadera madurez espiritual comienza cuando se decide servir a Dios sin depender de la aprobación humana. Así como Jesús se consagra, nosotros también debemos afirmar nuestro compromiso de seguir al Señor, incluso si eso nos cuesta relaciones, prestigio o comodidad.
El descanso verdadero está en la presencia de Dios
Ramón advierte que muchos creyentes usan las vacaciones para desconectarse del culto, de la comunión y del servicio. Consideran el descanso como una desconexión total, y eso los debilita. Miguel señala que estar tirado en una tumbona sin vida espiritual envejece más que cualquier esfuerzo. Explica que el verdadero descanso no está en no hacer nada, sino en estar en la presencia de Dios, en congregarse aunque estemos de viaje, en compartir con otros creyentes, y en evangelizar incluso durante el descanso. Esas vacaciones se transforman en misiones, donde el Señor provee encuentros divinos, oportunidades de testimonio y tiempos de refrigerio para el alma. El descanso del cristiano no es ocio: es comunión renovadora.
Vive con propósito: tu vida es demasiado valiosa para perderla
Para cerrar, ambos coinciden en que la vida espiritual no se puede vivir a medias. Dios ha puesto en cada creyente una gracia que no puede desaprovecharse. Miguel asegura que preferiría gastar su vida sirviendo al Señor intensamente que llegar viejo y vacío por una vida sin propósito. Señala que mientras muchos de sus contemporáneos envejecen rápidamente, él se siente renovado cada día porque vive enfocado en lo eterno. Hay campañas, congresos, viajes misioneros, vigilias y oportunidades de servir a Cristo cada semana. La iglesia no se detiene. La Gran Comisión sigue en marcha. Y nosotros debemos permanecer encendidos, firmes y disponibles.
Este mensaje no es solo una reflexión: es una llamada urgente a no ceder espacio al enemigo, a vivir con celo, y a mantenernos encendidos en la presencia de Dios, aun en vacaciones.

Miguel Díez es presidente de la ONG Remar en 68 países y fundador de la iglesia Cuerpo de Cristo.

