Cómo enfrentar las pruebas sin perder la fe // Miguel Diez
Introducción
Vivimos en un tiempo donde es posible alimentar tanto el cuerpo como el alma. Así como el cuerpo necesita respirar, el alma requiere del “aliento de Dios”. Esta realidad espiritual se refleja en nuestra percepción del mundo: noticias de violencia y muerte nos confrontan con la fragilidad humana y la urgencia de la misión cristiana. Desde los asesinatos de cristianos en el Congo hasta tragedias locales, el mundo nos muestra la necesidad de obreros y misioneros comprometidos para socorrer a los necesitados.
La Realidad de la Persecución
En la actualidad, la información sobre conflictos internacionales, como la situación en Palestina, suele estar sesgada. La falta de elecciones, la corrupción gubernamental y el uso de civiles como escudos humanos son solo algunas de las realidades que enfrentan los creyentes. Frente a estas injusticias, la fe en Cristo se vuelve un sostén fundamental, especialmente para quienes sufren persecución. El martirio de cristianos, tanto en el pasado como en la actualidad, demuestra que incluso en la muerte, la vida espiritual se fortalece y glorifica a Dios.
La Iglesia y la Tribulación
Desde sus inicios, la Iglesia ha sido objeto de persecución. El mundo no acepta a aquellos que no son de él, y la oposición ha sido constante, desde los primeros cristianos hasta ministerios contemporáneos que enfrentan obstáculos gubernamentales y religiosos. Entender que el mundo está dirigido por fuerzas malignas permite a los creyentes no sorprenderse ante las pruebas, sino responder con fe y perseverancia. La tribulación no es una excepción, sino una parte inherente del camino cristiano.
Experiencias de Persecución y Protección Divina
La historia de ministerios como los centros de rehabilitación en el País Vasco evidencia la intervención de Dios frente a la persecución. Intentos de cierre por parte de autoridades locales fueron neutralizados tras oración y fe persistente. Dios demuestra que Su soberanía protege a Su Iglesia y a los hijos de Dios, garantizando que los planes del maligno no prevalezcan sobre Su obra.
Fe y Tribulación: Preparación y Perseverancia
La tribulación purifica y santifica a la Iglesia, preparando a los creyentes para cumplir su propósito eterno. La historia bíblica está marcada por sufrimiento y martirio: desde Esteban hasta Pablo, los seguidores de Cristo han enfrentado la persecución con valentía. La fe verdadera implica amar hasta la muerte y negarse a uno mismo, siguiendo el ejemplo de Cristo. La preparación para la tribulación requiere fortaleza espiritual, comunión constante con Dios y disposición a soportar pruebas por amor a Él y a los demás.
La Misión y la Provisión de Dios
Los ministerios cristianos enfrentan oposiciones y envidias, incluso dentro de círculos religiosos, pero continúan su labor de llevar alimento, medicinas, rehabilitación y evangelio a quienes lo necesitan. Organizaciones como Remar han experimentado crecimiento y avivamiento a pesar de la oposición, demostrando que la obra de Dios avanza cuando se confía en Su guía y soberanía. La provisión de Dios no solo cubre necesidades espirituales, sino también naturales, como alimento y recursos, confirmando que Su cuidado es integral.
Tribulación, Arrebatamiento y Escatología
La Biblia profetiza un período de gran tribulación antes del arrebatamiento de los escogidos. Los creyentes serán protegidos, pero deben estar preparados para enfrentar persecución, martirio y sufrimiento. La señal del Hijo del Hombre aparecerá después de la tribulación, confirmando que la iglesia debe fortalecer su fe y permanecer firme en medio de los dolores y desafíos que vendrán.
La Oración y la Comunión con Dios
La comunión con Dios es esencial para superar tribulaciones y pruebas. La oración, el perdón y la dependencia de Su voluntad permiten a los creyentes experimentar paz y dirección, incluso cuando enfrentan enfermedad, oposición o desastres naturales. La soberanía de Dios asegura que todo, incluso los desastres, sirve para cumplir Sus propósitos y fortalecer la fe de los hijos de Dios.
Amor y Sacrificio
El amor verdadero implica disposición a sufrir y sacrificarse por los demás, siguiendo el ejemplo de Cristo. Amar a muerte significa priorizar la salvación y el bienestar de otros sobre la comodidad propia. La fe en Cristo transforma el sufrimiento en oportunidad para glorificar a Dios y madurar espiritualmente.
Conclusión
La historia de la iglesia y los ministerios contemporáneos demuestra que la persecución, el martirio y la tribulación son parte del camino de fe. La protección, provisión y guía de Dios aseguran que los creyentes puedan perseverar y cumplir su misión. La comunión constante con Dios, la preparación espiritual y el amor sacrificial son esenciales para enfrentar los tiempos de tribulación, fortaleciendo a la Iglesia para que sea presentada sin mancha ni arruga ante Su trono. La fe, la oración y la obediencia nos permiten gozar en el sufrimiento y participar plenamente del plan de Dios en la tierra.

Miguel Díez es presidente de la ONG Remar en 68 países y fundador de la iglesia Cuerpo de Cristo.

