Cómo Ser Una Persona Justa – Miguel Díez
La naturaleza humana y el pecado
El ser humano siente repugnancia por la traición, la injusticia y la codicia, emociones que revelan su conciencia moral innata. Sin embargo, la egolatría y la soberbia corroen el corazón, convirtiéndose en la raíz de todos los males. Cuando el orgullo guía las decisiones, los actos se desvían de la justicia y de la misericordia. La codicia y la búsqueda del poder llevan a la corrupción y al desprecio del prójimo. Reconocer estas debilidades es el primer paso para transformar la naturaleza humana. Solo enfrentando nuestro pecado podemos aspirar a vivir de acuerdo con los principios divinos.
La verdadera religión
La verdadera religión se manifiesta en la práctica de la misericordia y la santidad, más allá de los rituales y ceremonias. No basta con cumplir normas externas; la fe auténtica transforma la vida desde el interior. La religión que salva es aquella que nace del nuevo pacto en Cristo Jesús, guiando al ser humano hacia la verdad y la justicia. Esta práctica exige humildad, compasión y amor hacia los demás. Los actos de bondad y la coherencia moral reflejan la esencia de la verdadera fe. En contraste, una religión superficial carece de poder transformador y no cumple con el propósito divino.
La ira de Dios contra Israel
El pueblo de Israel se llenó de orgullo, soberbia y amor al dinero, ignorando los mandatos divinos y descuidando la justicia. Dios se aira y los llama príncipes de Sodoma y pueblo de Gomorra, señalando la corrupción que ha penetrado sus líderes y sacerdotes. Los sacerdotes homosexuales y pederastas representan cadenas diabólicas que deshonran la santidad requerida. Las fiestas y ritos solemnes se han vuelto vacíos, incapaces de honrar a Dios. Las oraciones de quienes justifican la guerra y tienen las manos manchadas de sangre son rechazadas. Esta situación muestra que la verdadera devoción no puede coexistir con la injusticia y la maldad.
La justicia de Dios
Dios desea que sus hijos sean justos, misericordiosos y humildes, viviendo en coherencia con la verdad. La justicia es la manifestación del amor en acción, y todos nuestros actos deben reflejar integridad. Dios usa la palabra como espada de dos filos para purificar el pecado y permitir que Cristo viva en los corazones de los hombres. Aquellos que conocen la verdad y actúan como incrédulos tienen mayor responsabilidad ante Dios. La justicia no es solo un deber, sino un camino hacia el bienestar personal y comunitario. Practicarla permite que los bienes se distribuyan según necesidad, fidelidad y capacidad, evitando la injusticia del mundo.
El amor y el sacrificio
El amor auténtico se expresa en el sacrificio por los demás, siguiendo el ejemplo de Cristo, quien dio su vida por la humanidad. Este sacrificio implica abandonar la propia comodidad para ayudar a los necesitados y proteger a los vulnerables. Amar y servir es inseparable de la justicia, porque la verdadera fe se refleja en acciones concretas. La justicia y la misericordia no son conceptos abstractos, sino principios que guían la vida diaria. Aquellos que hacen justicia demuestran su filiación con Dios y participan de su obra. El servicio desinteresado transforma tanto al que da como al que recibe, fortaleciendo la comunidad.
Oración por justicia
La oración es un acto de entrega y búsqueda de guía para vivir con justicia y rectitud. Pedimos a Cristo Jesús, el buen pastor, que conduzca nuestros pasos por el camino correcto. La oración reconoce la necesidad de su dirección para no desviarnos hacia la corrupción y el egoísmo. A través de la oración, solicitamos ser fieles y justos, aplicando principios de equidad en nuestras acciones diarias. La comunicación constante con Dios fortalece la vida moral y espiritual de quienes buscan su voluntad. Así, la oración se convierte en un medio para experimentar la justicia divina en cada aspecto de la vida.

Miguel Díez es presidente de la ONG Remar en 68 países y fundador de la iglesia Cuerpo de Cristo.

