Devocional Diario con Derek Prince #16 // Completo en Cristo
La búsqueda de respuestas y el encuentro con Cristo
La vida, con sus problemas y preguntas sin respuesta, llevó a explorar diversas filosofías y creencias. Se recorrieron caminos como el cristianismo, la filosofía griega y el yoga, pero ninguno ofrecía una solución satisfactoria. La inquietud persistía, y la necesidad de encontrar respuestas reales se volvió cada vez más urgente. Fue entonces cuando ocurrió un cambio decisivo que transformó la manera de entender la vida y el propósito.
En 1941, en una habitación del cuartel del ejército, se vivió un encuentro personal con el Señor Jesucristo. Este momento marcó un punto de inflexión, porque se descubrió que Jesús sí tenía las respuestas a los problemas de la vida. No se trataba solo de una creencia o una doctrina, sino de una experiencia real y transformadora. A partir de ese instante, la búsqueda dejó de ser una exploración externa y se convirtió en una búsqueda profunda dentro de Cristo.
El tesoro de sabiduría y conocimiento en Jesucristo
La lectura de Colosenses 2:3 fue clave para comprender que en Jesucristo están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento. Esta revelación condujo a la decisión de buscar todas las respuestas en la Biblia, y especialmente en los secretos que Dios ha escondido en Cristo. La idea de que la verdad no estaba dispersa en múltiples filosofías, sino concentrada en una sola persona, dio claridad y dirección a la vida espiritual.
Este descubrimiento llevó a la conclusión de que el verdadero conocimiento no se encuentra en ideas humanas, sino en el conocimiento de Jesús. La Biblia se convirtió en el mapa para encontrar esas respuestas, y Cristo en la fuente de toda sabiduría. Así, la vida dejó de ser una búsqueda interminable y se convirtió en un caminar guiado por la verdad revelada en la Palabra.
Jesús como el Alfa y la Omega
Aunque en ocasiones se ha perdido el rumbo o se ha desviado el enfoque, se ha entendido finalmente que Jesús es el alfa y la omega, el principio y el fin, el primero y el último. Esta comprensión se fundamenta en pasajes como Apocalipsis 22:13 y Hebreos 12:2, donde se afirma que Cristo es el autor y consumador de la fe. Esta verdad implica que todo lo que se necesita para vivir plenamente está en Él.
Al reconocer a Jesús como el centro de todo, se abandona la idea de buscar fuera de Él lo que solo Él puede ofrecer. La vida deja de depender de filosofías humanas o de prácticas espirituales que no conducen a una transformación real. Se entiende que Cristo no es solo un punto de partida, sino también el destino final, la meta y la plenitud de la existencia.
Completos en Cristo: no buscar fuera de Él
La conclusión final es que somos completos en Cristo, y no es necesario buscar respuestas fuera de Él. La metáfora de vivir del pan del Padre, en lugar de alimentarse de la cáscara, resume esta idea. Vivir en Cristo significa nutrirse de lo esencial, de lo que realmente sustenta y transforma. En cambio, buscar fuera de Él equivale a conformarse con algo superficial y temporal.
Esta comprensión libera de la inquietud de buscar en múltiples direcciones, y da paz al saber que en Jesús se encuentra la plenitud. Se trata de una seguridad espiritual que nace de la fe y del conocimiento profundo de que Cristo es suficiente para todo.
Jesús es la respuesta
La proclamación central es que Jesús es la respuesta a todos los problemas y preguntas de la vida. Él es el alfa y la omega, el principio y el fin, el primero y el último, y el autor y consumador de la fe. Esta declaración se basa en la comprensión de que estamos completos en Él, porque hemos sido hechos perfectos en Cristo.
Por ello, no es necesario buscar fuera de Jesús lo que ya está disponible en Él. La vida espiritual se sostiene en la certeza de que en Cristo se encuentra el conocimiento, la sabiduría y la plenitud. Al final, la única respuesta verdadera y completa se encuentra en el Señor Jesucristo.

