El libro de Apocalipsis – Capitulo 7

El libro de Apocalipsis – Capitulo 7

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Los 144 mil sellados

Después de un evento celestial, se observa la presencia de cuatro ángeles ubicados en los cuatro ángulos de la tierra. Su misión es detener los cuatro vientos que soplan sobre la tierra, el mar y los árboles, evitando así cualquier daño o destrucción que estos vientos pudieran causar. Esta acción representa una pausa divina antes de que se lleven a cabo otros eventos significativos.

Posteriormente, aparece otro ángel que asciende desde donde sale el sol, portando el sello del Dios vivo. Este ángel clama con gran voz a los cuatro ángeles que tienen el poder de causar daño a la tierra y al mar, ordenándoles que no hagan ningún daño hasta que hayan sellado en las frentes a los siervos de Dios. Este sello simboliza protección divina y pertenencia a Dios, indicando que quienes lo reciben están bajo su cuidado y no sufrirán el castigo que está por venir.

El número de los sellados es exactamente 144.000, y se especifica que provienen de todas las tribus de los hijos de Israel. Se menciona que hay 12.000 sellados de cada una de las doce tribus, las cuales son: Judá, Rubén, Gad, Aser, Neftalí, Manasés, Simeón, Leví, Isacar, Zabulón, José y Benjamín. Este detalle muestra un orden y un propósito divino en la elección y protección de este grupo específico.

La multitud vestida de ropas blancas

Después de otro evento, se revela una gran multitud que nadie puede contar, formada por personas de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas. Esta multitud se encuentra delante del trono y en la presencia del Cordero, vestida con ropas blancas y portando palmas en las manos. Con gran voz, claman que la salvación pertenece a Dios y al Cordero, expresando su adoración y gratitud en un acto colectivo de alabanza.

La multitud está acompañada por ángeles que se encuentran alrededor del trono, junto con los ancianos y los cuatro seres vivientes. Estos ángeles se postran sobre sus rostros delante del trono y adoran a Dios, diciendo amén y proclamando bendición, gloria, sabiduría, acción de gracias, honra, poder y fortaleza a Dios por los siglos de los siglos. Esta escena refleja una adoración universal y eterna, donde toda la creación reconoce la soberanía divina.

Uno de los ancianos pregunta sobre la identidad de aquellos que están vestidos de ropas blancas. Se le responde que son los que han salido de la gran tribulación, han lavado sus ropas y las han blanqueado en la sangre del Cordero. Por esta razón, se encuentran delante del trono de Dios y le sirven día y noche en su templo. Esta explicación muestra que su pureza y presencia ante Dios se deben a la redención y el sacrificio del Cordero.

El Cordero, que está en medio del trono, pastoreará y guiará a la multitud hacia fuentes de aguas de vida. Dios enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no tendrán hambre ni sed. El sol no caerá más sobre ellos ni sufrirán calor alguno, porque el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos. Esta promesa simboliza un estado de completa paz, bienestar y protección divina, donde el sufrimiento y la necesidad desaparecen.

La multitud que ha salido de la gran tribulación será protegida y cuidada por Dios, quien les proporcionará todo lo que necesitan. Ellos le servirán y adorarán por siempre, libres de sufrimiento y dolor, en la presencia de Dios y del Cordero. Esta visión final transmite esperanza y consuelo, mostrando un futuro en el que la fidelidad y la fe son recompensadas con la eternidad en la presencia divina.

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