El nuevo orden mundial // Palabras Proféticas – Prog #4
El nuevo orden mundial y el ascenso del anticristo
El nuevo orden mundial busca establecer su totalitarismo sobre la humanidad mediante un reseteo genocida que eliminaría dos terceras partes de la población, con el objetivo de crear un mundo controlado por la élite capitalista y sacerdotal de la religión ecuménica. Los intentos de imponer este totalitarismo no avanzan con la rapidez deseada, pero ya están planificadas guerras aniquiladoras que generarán mortandad en diversas naciones. Estas guerras multiplicarán el terror y el pánico entre los ciudadanos, ya que el miedo es la principal arma de Satanás para dominar y esclavizar a las multitudes. El anticristo se levantará como símbolo de este terror, prometiendo paz, protección y prosperidad, lo que llevará a las masas a aceptar su autoridad, excepto aquellos que tengan a Cristo como escudo protector.
Las guerras aniquiladoras y el terror satánico
El dios Pan es uno de los principados satánicos que se manifestará a través del pánico y el terror, y los conflictos bélicos y los incendios paralizarán a los ciudadanos, preparando el terreno para que el anticristo se presente como falso pacificador en un mundo arrasado. Aquellos que no tengan a Cristo como protección participarán de la gran iluminación del reseteo mundial, cumpliendo las advertencias de Jeremías sobre el mal que se propagará de nación en nación. Surgirá una gran tempestad desde los confines de la tierra, con muchos muertos sin sepultar, y las guerras se multiplicarán por todo el mundo.
La expansión de conflictos y la influencia demoníaca
Las guerras en Afganistán y Siria continúan como crónicas de muerte, y nuevas guerras surgirán cumpliendo las profecías. Los demonios influirán en sátrapas y líderes ambiciosos, beneficiando especialmente a Estados Unidos, en un paralelismo con pirómanos que causan incendios y destrucción. Mientras los “bomberos de Cristo” intentan socorrer a las víctimas, los incendiarios no quedarán impunes. Los gobernantes soberbios e incrédulos serán inducidos por demonios a cometer matanzas, y las ansias de venganza y los conflictos se expandirán por el odio histórico entre naciones.
Profecías bíblicas y el juicio divino
Dios utiliza a los verdugos para castigar a los malvados, cumpliendo la profecía de Cristo en Mateo 24 sobre guerras, rumores de guerras, pestes, hambres y terremotos. Los que no se refugien en Cristo serán dominados por el instinto de supervivencia, llevando a la humanidad sin fe a adorar a la bestia del fin y recibir la marca del 666, según Apocalipsis 14. Quienes acepten la marca beberán del vino de la ira de Dios y serán atormentados delante de los santos ángeles y del Cordero.
El juicio comienza por la casa de Dios
Jeremías 25 señala que todos los reinos del mundo enfrentarán el juicio de Dios y que el castigo comienza por la casa del Señor, es decir, Israel. Aunque parte del pueblo sea pródigo, el juicio se inicia con los creyentes, cumpliendo la promesa de purificación y preparación de la iglesia como verdadero Israel, formado por judíos y gentiles redimidos por Jesús. La gran tribulación de Jacob y la gran tribulación de la iglesia probarán la fe, quemando la carnalidad y fortaleciendo a los redimidos. Si el juicio comienza por los creyentes, el destino de los impíos será aún más grave, como advierte 1 Pedro 4.
La condenación del pecado y la falsa teología
Dios no permite la inmundicia en sus hijos y castigará a quienes sigan amparando el pecado. Jesús enseñó que permanecer en el pecado convierte al ser humano en esclavo, y quienes no permanecen en la casa de Dios son echados fuera. La verdadera libertad se encuentra en aceptar y seguir las enseñanzas de Cristo, a diferencia de quienes profesan religiones o teologías de “salvo siempre salvo”, que conducen a la condenación. Esta falsa enseñanza arrastra multitudes hacia el castigo y la pérdida de su alma, subrayando la necesidad de acudir a Cristo y apartarse de la religión basada en ritos y justificaciones.
La llamada a la verdadera fe en Cristo
Es fundamental ser verdaderos hijos de Dios y discípulos de Cristo. Esto requiere arrepentimiento, salir de Babilonia, entendida como la religión de ritos vacíos, y aceptar el llamamiento de Cristo para formar parte de la familia eterna de Dios. Solo así se puede alcanzar la salvación y protegerse del juicio y la esclavitud espiritual que promete el anticristo.

Miguel Díez es presidente de la ONG Remar en 68 países y fundador de la iglesia Cuerpo de Cristo.

